El virus de la pobreza

Revista IN nº 272-273 (2020)
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La crisis social provocada por la Covid-19 ha ido emergiendo con fuerza a medida que la situación sanitaria se ha ido controlando. De tal modo que no hay duda en que estamos ante una crisis global de consecuencias aún por calibrar. La imagen de un tsunami puede servir para ayudarnos a entender la situación actual: a medida que el agua regresa al mar vamos tomando conciencia de la magnitud de lo sucedido.

Las heridas sociales son múltiples y diversas y se suman a una situación social ya de por sí muy frágil. Todos los indicadores cuantitativos y cualitativos que radiografían la pobreza y la desigualdad en España han empeorado. A ello hay que añadir que las estructuras de protección social son más endebles de lo que creíamos.  

Los centros de San Juan de Dios que centran su actividad en el ámbito social han redoblado sus esfuerzos para seguir con la actividad asistencial ordinaria y a la vez ampliar servicios y programas. La lista es larga … atención a personas sin hogar con Covid, atención a personas privadas de libertad, atención a trabajadores temporeros, atención a personas mayores, atención a personas con trastorno mental, atención a familias vulnerables, mantenimiento del empleo de personas con discapacidad, trastorno mental y/o en situación de exclusión, etc.

Ello ha sido posible lograrlo por varios factores. Dada la brevedad del texto cito solamente tres que a mi juicio son claves. En primer lugar, la capacidad de anticipación y agilidad en la toma de decisiones en un asunto en el que el factor tiempo es claramente crítico. En segundo lugar, ha sido fundamental el auxilio mutuo entre centros de la Orden, especialmente de aquellos con mayor capacidad hacia otros centros con menos estructura para afrontar los retos que nos plantea la Covid-19. Y un tercer factor de éxito es la competencia técnica y la calidad humana de unos profesionales excepcionales que han practicado el valor de la hospitalidad de una manera ejemplar.  

Todo parece indicar que la crisis social se va alargar en el tiempo, por lo que la respuesta de nuestra institución deberá ser duradera. Debemos prepararnos para un largo periodo de más necesidades que van a requerir de más recursos, de más compromiso, de más redes de solidaridad entre centros y con otras instituciones y, en definitiva, de más misión fundacional.