Valores y trabajo social

Revista IN, nº 247 (2016)
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Desde nuestro Hospital, y en general desde nuestra disciplina atendemos situaciones de alta vulnerabilidad: familias con condiciones de vida desfavorable, infancia en riesgo/ maltrato, cronicidad y etapa final de vida.

El Trabajo Social como disciplina y profesión se fundamenta en unos valores y principios éticos que definen y orientan la práctica profesional. Biestek (1950) ya estableció los siguientes principios para el Trabajo Social: individualización, expresión implícita de sentimientos, implicación emocional controlada, aceptación, actitud no enjuiciadora, autodeterminación de la persona y confidencialidad. Estos principios y valores se han ido revisando y redefiniendo con la sistematización de la práctica profesional y la generación de conocimiento y teoría sobre la propia disciplina.

Cabe señalar que entre el Trabajo Social y la Orden Hospitalaria San Juan de Dios se produce una confluencia de valores éticos, especialmente aquellos que se basan en los derechos humanos fundamentales de las personas como son el respeto, la individualización, la autodeterminación, la responsabilidad y la confidencialidad con estas.

La práctica del Trabajo Social es en sí misma una expresión de valores además de una aplicación de conocimientos y habilidades. Ello hace presente una realidad fundamental, y es que los seres humanos somos sujetos o agentes éticos, responsables, dotados de libertad y responsabilidad. A través de la relación de ayuda, el trabajador social entra en contacto con la historia y el mundo afectivo de las personas, sus expectativas, sus deseos y sus sufrimientos. La relación de ayuda toca la dimensión de los valores, es decir, lo que las personas consideran importante para su propia existencia.

El valor central de la Hospitalidad es el eje entorno al cual también el trabajo social encuentra su sentido. La Hospitalidad es la capacidad de atender al otro, al extraño. Desde nuestro Hospital, y en general desde nuestra disciplina atendemos situaciones de alta vulnerabilidad (familias con condiciones de vida desfavorable, infancia en riesgo/ maltrato, cronicidad y etapa final de vida).

Los profesionales que atendemos situaciones de precariedad y/o vulnerabilidad, podemos tener “un lugar de poder” en relación al otro. Ser conscientes de ello es un deber ético. De ahí que la competencia y el criterio profesional sean elementos básicos para no incurrir en una mala praxis. Como dice Begoña Román: “justa es una decisión que cuenta con la participación del otro en condiciones de disponibilidad de poseer toda la información y en condición de simetría”.

La infancia en situación de riesgo, de maltrato merece por su alta vulnerabilidad un cuidado especial. Debemos atender a padres que no han sabido o no han podido atender adecuadamente las necesidades básicas que todo niño/adolescente, necesita para su óptimo desarrollo (situación de negligencia) y situaciones de maltrato físico, psíquico o sexual activo. Esta atención requiere de una alta competencia profesional.

Sin obviar nuestro principal objetivo que es la protección del más vulnerable ,el niño, el valor de la Hospitalidad a través de la expresión de la actitud del respeto hacia esos padres junto con una actitud no enjuiciadora se hace imprescindible si queremos atender con calidad. Ello no significara, no cabe decir, que atender esta situación nos llevara a la responsabilidad de tomar las medidas de protección que se consideren oportunas en cada situación.

Otro grupo de atención es el de los niños que sufren una enfermedad crónica y/o compleja que les limita en su vida diaria teniendo que acompañar a sus padres en el proceso de adaptación a la enfermedad y en cuestiones prácticas - organizativas. En algunas ocasiones, estos niños entran en la etapa final de su vida. Acompañar a la familia (padres, hermanos, abuelos…) requiere por parte del equipo que le atiende de un actitud cercana, compasiva, empática, honesta y comprometida.

A lo largo de mi experiencia profesional he aprendido que tan importante es colaborar en la mejora de la calidad de vida de los niños /adolescentes como ayudar a morir en paz. Son ocasiones donde la espiritualidad para guiar a la persona en su búsqueda de significado y/o trascendencia suele emerger.

Los profesionales, debemos más saber estar que saber “hacer”, aprendemos que la presencia es en si misma terapéutica y debemos reconciliarnos con la finitud de la vida humana. Nadie puede acompañar a otro más allá de donde uno mismo ha llegado. El trabajo social se compromete con la realidad del otro, de personas y colectivos en situación de enfermedad, vulnerabilidad o riesgo social exigiendo una capacidad crítica con las desigualdades. Atentos a los cambios y transformaciones que se dan de forma rápida en nuestra sociedad pero sin perder los valores y principios que deben acompañar siempre el ejercicio profesional.

Hospital Sant Joan de Déu Barcelona