Valores y salud mental infantil y juvenil

Revista IN nº234 (2013)
Autoría
Coordinadora de Consultas SJD Lleida - Pirineu/Aran

Los valores dependen sobretodo de los factores sociales y toda sociedad posee un sistema de valores que impone a sus miembros. Así, podemos entender la salud mental más que como un concepto, como una práctica, un modo de vivir y de trabajar, un modo de relación de las personas.

Permítanme empezar con una cita textual,

“Juan Ciudad tiene 8 años. (Prácticamente su vida empieza, para nosotros en este momento: 1503. (…) Juan Ciudad ha debido vivir los primeros ocho años de su vida como todos los niños los viven; como todos los niños educados en la religión cristiana. (…) Y un día, llega: en un anochecer, cansado de atajos y polvo. Nadie sabe cómo se llama; nadie lo nombra. Es un estudiante, tal vez un clérigo en ciernes, un peregrino, acaso un sacerdote ya. (…) Juan en su rincón, con el rostro inscrito en la palma de las manos, escucha el viajero, y le sigue con la mirada despierta. Por su menudo ser está pasando un remolino de ángeles.

La noche hace ensueño y largos caminos. No sabemos nada más. Nadie sabe más de este momento lleno de misterio. Lo cierto es que al amanecer, entre encendido y triste, sin saberlo los padres, el niño sale de la casa con el caminante, calle arriba, hacia el rio. (…) Empieza la primera aventura.” (Cruset. 1977, pag. 29-31 San Juan de Dios. Una aventura iluminada.)

San Juan de Dios también fue niño.

Es esta primera infancia la etapa más sensible y vulnerable en el desarrollo de la persona. Es durante los primeros años de la vida cuando se sientan las bases para el desarrollo intelectual, emocional y moral. Por tanto la calidad de los cuidados que reciban nuestros niños y adolescentes es esencial para que el desarrollo sea óptimo y dispongamos una buena base para sustentarlo.

La forma de entender la salud y por ende la salud mental depende de la concepción  que tengamos de la naturaleza humana y  de los valores. Valores que según Rokeach  tienen su origen en la sociedad a la que pertenecen y en la perspectiva del sujeto que los comparte. Por tanto los valores dependen sobretodo de los factores sociales y toda sociedad posee un sistema de valores que impone a sus miembros. Así, podemos entender la salud mental más que como un concepto, como una práctica, un modo de vivir y de trabajar, un modo de relación de las personas.

Estamos en un momento en que los adultos hemos perdido los marcos de referencia, la capacidad de definir que les queremos ofrecer como modelo. Ya que nuestros paradigmas no parecen funcionar en el actual contexto sociocultural y tecnológico.

La formación moral, la sensibilidad ética, el desarrollo cultural no forma parte del currículum de algunos agentes de socialización. Tampoco el sentido crítico y la reflexión. Nuestros niños y adolescentes se han de manejar diariamente con mensajes mediocres y con la carencia del criterio de unos valores sólidos y personalizados. Lo que les hace especialmente vulnerables a la manipulación. Les hemos impuesto modelos de felicidad asociados al valor absoluto del tener y la creación de unas necesidades totalmente ajenas a las que son más profundamente humanas.

Volvamos a San Juan de Dios, ¿es que a caso lo tuvo mejor?, y aun así construyo una obra que ha establecido unos sólidos valores capaces de perdurar en el tiempo y adaptarse a la liquidez actual. Los valores comportan un imperativo a la acción. Todos los valores implican un tener que ser, los valores éticos implican además un tener que hacer. Hospitalidad, respeto, espiritualidad, y calidad constituyen la esencia de la atención que prestamos, construimos modelos de vida, de comportamientos morales válidos y solventes con los que los niños y adolescentes puedan identificarse a lo largo del proceso de desarrollo de su personalidad y a los que puedan libremente recurrir cuando lo necesiten como punto de referencia en la construcción de su identidad y de su proyecto de vida personal y comunitario.