Valores y modelos de gestión de personas

Revista IN, nº243 (2015)
Autoría
Jesús_Iglesias

El verdadero objetivo es asegurar que la misión, principios y valores se reflejen en el día a día de todos nuestros centros.

Los modelos de gestión de personas no deben ser en sí mismos una finalidad sino que deben constituirse en la herramienta más potente que tienen las organizaciones para desarrollar y llevar a cabo su misión.

La misión que la Orden Hospitalaria tiene encomendada es la asistencia a la persona enferma y necesitada según el estilo de San Juan de Dios. Queremos, o mejor, queremos y debemos proporcionar una atención integral, humanizadora y centrada en la persona y la conseguiremos a través de los valores de la Hospitalidad, calidad, respeto, responsabilidad y espiritualidad. Esto nos define como organización, define nuestra identidad y estos valores deben incidir directamente en los modelos o formas de gestión.

Creo que estaremos de acuerdo en decir que, aunque la tecnología e infraestructuras deben acompañar, el valor diferencial con el que cuentan las organizaciones son las personas. Me siento especialmente orgulloso cuando alguna de las personas que atendemos comenta que en nuestros centros se respira algo especial, “no sé qué es, pero es algo diferente y especial”. A eso me gusta llamarlo estilo de San Juan de Dios y creo que hay que dar valor a ese valor y actuar para mantenerlo y potenciarlo a través de un modelo de gestión ética de las personas, es decir, haciendo las cosas bien, con sentido y siguiendo los principios que justifican la razón de ser de nuestra Institución.

De esta forma, si nuestra organización sitúa a la persona como su centro de interés fundamental y se asienta en pilares tan sólidos, entre otros, como la defensa de la dignidad personal,  el derecho de la persona a ser informada, el respeto a la libertad de conciencia, la participación y la exigencia de que se respeten las normas económicas justas será lógico que todos estos principios incuestionablemente deban guiar el modelo de gestión de personas de San Juan de Dios, modelo que nos permitirá encontrar una forma especial de hacer las cosas, una forma especial de seleccionar, contratar y acoger, una forma específica de liderar, formar, hacer partícipe y compensar e incluso una forma diferente de afrontar en su momento la desvinculación de cada uno de nuestros profesionales.

No puede tratarse de modelos exclusivamente teóricos, debemos ir más allá de las palabras, hay que asegurar que la misión, principios y valores se reflejen en el día a día de todos nuestros centros, ese es el verdadero objetivo, un objetivo que solamente podrá  cumplirse contando con personas verdaderamente comprometidas. Es aquí donde reside el éxito de todo el esfuerzo, es en el traslado de los valores a las acciones cotidianas donde entra en juego otro valor fundamental y básico en la gestión de las personas, el valor de la coherencia. Como decía Quino en una de sus viñetas: “A mí me gustan las personas que dicen lo que piensan. Pero por encima de todo, me gustan las personas que hacen lo que dicen”. Me parece un gran principio para cualquier modelo de gestión de las personas.

Este modelo es muy ambicioso y exigente, requiere líderes integradores que trabajen con confianza, honradez y coherencia. Necesita de personas que se conviertan en referentes, de personas capaces de construir valores basados en la cultura de la Hospitalidad y que sean capaces de contagiarlos a toda la organización, personas realistas que sean conscientes de que se trata de la búsqueda de un ideal, conscientes de que cada paso dado alarga un metro más el camino, personas que conviertan los problemas en oportunidades de mejora y no en frustraciones. A pesar de todas las dificultades quisiera que el modelo de gestión de San Juan de Dios cuidara a estas personas y que, sobre todo, no las desmotivara.

Todos, queramos o no, participamos de este y en este modelo de gestión. Empezando por los comités de dirección, por los mandos intermedios y los departamentos de recursos humanos que son los que pueden proporcionar las herramientas adecuadas y terminando en cada una de las personas, en cada uno de nosotros. Todos nos acordamos de nuestro primer día, de quién nos acogió y de la forma en qué nos acogió, todos podemos afrontar el día a día de una forma determinada en nuestra relación con pacientes, familias, compañeras y compañeros, todos podemos construir y contagiar valores en nuestro día a día.