Valores juandedianos y toma de decisiones en bioética

Revista IN nº251 (2016)
Autoría
 f_jose_cambra

Desde nuestro valor de la Hospitalidad, incluimos la excelencia y la calidad de nuestra asistencia al paciente y su familia, que siempre debe ser integral.

La toma de decisiones supone un capítulo fundamental en la relación clínica; representa la cristalización de todo un proceso previo de información y deliberación entre los profesionales del ámbito de la salud y quienes acuden a ellos en busca de una valoración fundamentada.  Al final de este proceso se deberá llegar a una decisión considerada la más adecuada entre todas las posibles.

En principio, los pacientes adultos y los denominados “menores maduros”, en virtud del principio de autonomía, han de consentir y decidir por sí mismos.

Más dificultades se hallan cuando debe decidirse sobre personas que no tienen capacidad para ello, como ocurre en gran parte de las edades pediátricas, o  en el caso de personas adultas con autonomía disminuida temporal o permanentemente. La dificultad radica en tales casos en dirimir cuáles son los mejores intereses para estas personas, vulnerables por principio.

Desde el ámbito de la Orden Hospitalaria aparece, en su frontispicio, el valor de la Hospitalidad que nos lleva indefectiblemente a buscar en todo momento el bien del prójimo más necesitado y vulnerable. Convicción que sin  ningún tipo de artificio entronca con lo que en bioética se ha definido como el principio de “beneficencia”, firmemente arraigado en la profesión médica ya desde Hipócrates.

Buscar el bien de nuestros enfermos es la expresión paradigmática de la relación médico-paciente. No obstante este laudable afán en pos del bien del enfermo podría llevar, en algún caso, a provocarle un daño al no respetar las decisiones de éste.  Se trataría en este caso de un paternalismo, también habitual en la relación médico-paciente a lo largo de la historia, pero hoy cuestionado a la luz del principio de autonomía; principio ejercido por el paciente en primer lugar pero en caso de incapacidad del mismo, por sus padres o legítimos representantes.

Y es que los valores del enfermo y de su familia juegan un papel fundamental en la toma de decisiones.  Por ello es fundamental conocer bien el enfermo, sus valores, expectativas… Es necesario conectar nuestra beneficencia con el ejercicio de su autonomía siempre que ello sea posible. Aquí se enraízan dos valores fundamentales de nuestra Institución; a saber, el respeto debido a nuestros enfermos – donde va implícita la admisión de sus prioridades-, y la responsabilidad a la que estamos llamados los profesionales. Responsabilidad que nos hará valorar cuidadosamente las consecuencias de nuestras propuestas sobre las preferencias del enfermo, así como la actuación profesional en el ámbito de la terapéutica y la protección integral de aquél, evitando con ello enmascarar cualquier amago de “paternalismo”.

Todo ello adquiere importancia capital cuando la toma de decisiones se refiere a personas con autonomía disminuida, a personas vulnerables, bien sea por una cuestión fisiológica –niños en un contexto de inmadurez relacionada con la edad-, bien en pacientes adultos con disminución de autonomía debida a un proceso patológico, sea o no psiquiátrico. En estas situaciones deberá extremarse la protección a fin de evitar lesionar sus intereses, tomando prudentemente las decisiones más correctas en coordinación con  sus representantes. Siempre, pero aún más en estas ocasiones, la información dada a los mismos deberá favorecer la comprensión de todos los aspectos relacionados con el diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento a efectuar, evitando en lo posible todo tipo de tecnicismos. Por el contrario, debe procurarse ofrecer una información adecuada al nivel de asimilación de nuestros interlocutores. Al mismo tiempo la información ha de ser repetida con frecuencia y siempre que sea demandada. Todo ello validará la decisión tomada como las más adecuada posible.

Desde nuestro valor de la Hospitalidad, leída tanto en clave secular como religiosa, incluimos como condición “sine qua non” la excelencia y la calidad de nuestra asistencia al paciente y su familia, asistencia que siempre debe ser integral. Y en esta visión integral  e integradora, la toma de decisiones de acuerdo a un correcto proceso de discernimiento, se nos presenta como incuestionable. Es aquí donde el valor de la espiritualidad aparece en todo su esplendor. La atención y el cuidado de nuestros enfermos, debe incluir en todo el proceso asistencial el ámbito de los valores, y con ellos el significado que cada cual da a su vida, especialmente cuando la propia vida, o al menos la calidad en la que se puede desarrollar la misma, pueda ponerse en entredicho.

Hospital Sant Joan de Déu Barcelona