Transitando hacia la Hospitalidad que nos une

Revista IN, nº 276 (2020)
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Con motivo de la última publicación de la revista Información y Noticias, aprovecho la oportunidad como cierra también de la historia de la Provincia de Aragón. El hecho de ser el cierre de una etapa que considero muy fructífera de la Orden en su desarrollo hacia el interior de los Hermanos y las Comunidades, así como en la proyección del compromiso de la misión evangelizadora abriéndose a la colaboración con los laicos, hace que me permita sugerir que, más allá de estériles nostalgias, debemos pensar con esperanza y confianza en que es el Señor quien conduce nuestras vidas y la barca en la que navegamos.

Desde la perspectiva de la materialidad de esta unificación podemos entender que es un momento de repliegue por la escasez de fuerzas en las Comunidades y en los Hermanos por la edad media que tenemos. Pero caben otras miradas a la hora de contemplar este paso que nos disponemos a efectuar. Hay una mirada confiada de que este momento al igual que los diferentes pasos que nos han traído hasta aquí han sido momentos del Señor aun cuando no siempre sepamos leerlos como acontecimientos de fe. Nos falta muchas veces una lectura cristiana de la realidad.

Los momentos de debilidad suelen ofrecer una mayor y mejor perspectiva evangélica, al tiempo que nos invitan a poner las cosas en manos del Señor con más facilidad que cuando nos creemos poderosos y engreídos, pensando que las cosas se hacen por nuestro esfuerzo y que necesitamos poco apelar al Señor de la vida y de la Hospitalidad.

Cabe otra la mirada providente de este momento para deliberar y discernir que nos está pidiendo el Señor y San Juan de Dios a día hoy. ¿Cómo y de qué modo debemos estar los Hermanos en la sencillez y coherencia de construirnos y ubicarnos, personalmente y comunitariamente, como espacios de Hospitalidad? ¿Cómo acompañar la misión desde la pasión por Dios y por el bien de los hombres y en especial de los más necesitados y vulnerables? Es necesario un recorrido importante hacia el interior de nuestras vidas consagradas para presentarnos como evangelizadores en el mundo del sufrimiento y de la soledad actuales.

Muchas veces me he preguntado, personalmente y lo he manifestado, si el ser pocos y mayores no será una gracia del Señor para unir fuerzas en favor del bien. Para construir, como nos dijo en nuestro último Capítulo General el Papa Francisco, redes de solidaridad con otras entidades de la Iglesia y de la sociedad civil que buscan el bien común con ahínco y coherencia.

El transformar la sociedad hacia el Evangelio desde la insignificancia y la autoridad moral sin el uso del poder es una nueva característica que posiblemente tenemos que reaprender y convertir. Somos “Nicodemos” en el camino de la vida y, posiblemente, seamos llamados a “nacer de nuevo” desde una perspectiva audaz y sencilla pero potente, pues quien nos guía y de quien nos fiamos no es de nosotros mismos ni de los poderes que se nos otorguen sino desde el servicio y la disposición a “lavar los pies” con la entrega que nos da el Evangelio. De ahí debe surgir la gran autoridad de la coherencia y transparencia con nuestras vidas, de la VIDA que propone Jesús de Nazaret, que es la única que nos lleva a la realización y al gozo personal como consagrados y a la plenitud tras la muerte.

El lema escogido para la nueva realidad es La Hospitalidad que nos une. Y aquí tenemos una gran oportunidad de nuevo para leer la realidad desde la visión tan generosa y evangélica como la que nos propone de nuevo el Papa Francisco en el encíclica Fratelli Tutti: creando una cultura de la Hospitalidad universalizable con el diálogo y el encuentro entre ciudadanos, ofreciendo a todas las personas una dignidad que, de por sí, ya la tienen por el hecho de ser ciudadanos de este mundo y, por tanto, va mucho más allá de razas, culturas y religiones.

Que este final de etapa provoque en nosotros una nueva ilusión, esperanza y confianza en que Dios y San Juan de Dios nos sigan acompañando en nuestra debilidad para sacar fortaleza interior ante las dificultades y convencimiento personal por la lectura creyente de la vida y de las circunstancias que nos rodean.

No es una despedida pues es un “final con continuación” en una nueva realidad: la Provincia de San Juan de Dios de España que nace para potenciar lo bueno y corregir lo que se deba convertir del proceso hacia una más y mejor HOSPITALIDAD.