El sufrimiento de las personas mayores enfermas

Labor Hospitalaria, n. 335 (1995)
Autoría

Todos sabemos que la vejez acusa una serie de disturbios, o al menos limitaciones tanto en lo que hace a su cuerpo como su parte psíquica. Así lo muestran las secuelas ffsico-psíquicas que conlleva: fragilidad de su memoria inmediata, sueño débil, pérdida de la agudeza visual, agilidad en sus movimientos y articulaciones, dolores poliarticulares ...

La mayoría de ellas no responde a un agente casual o etiológico definido ni a una causa extrlnseca ni ambiental. Son producto directo del envejecimiento del tejido noble y su reemplazo progresivo por elementos fibrosos o de sostén. Son fallas enzimáticas o metabólicas, lesiones viscerales primitivas o derivadas del déficit circulatorio, fenómenos degenerativos o autoinmunes.

Cualquiera de las teorías que tratan de explicar o justificar el envejecimiento son atendibles, pero criticables. Explican algunas cosas y dejan sin aclarar la mayoría (medicina preventiva en la tercera edad).

Partiendo de estos presupuestos los profesionales de la atención y cuidado de las personas mayores:

  • Sabemos que hay diferencia entre la enfermedad de las personas mayores y las consecuencias de la alta edad de éstas mismas personas, tanto en lo físico como en lo psíquico según ya se ha indicado.
  • Por ello el tratamiento del sufrimiento en la persona mayor lo analizaremos en estos dos grupos de personas.
  • Teniendo en cuenta que la esperanza de vida en España acaricia los ochenta años, el número de personas mayores de noventa y cinco y más años ... es bastante numeroso. Todas ellas están muy afectadas por la enfermedad de la vejez y como consecuencia objeto de nuestra reflexión como campo de gran interés.
  • El esfuerzo y avance geriátrico en España ha sido importante y estas personas tienen hoy un mayor grado de atención y de salud. Ciertamente existe entre ellos un número de enfermos superior al resto de la población, pero muchas veces se mezclan las causas, edad-enfermedad. Por todo ello analizaremos a estos dos grupos de personas mayores que sufren las consecuencias de ambos fenómenos.

El sufrimiento en todos los momentos de la vida tiene características muy comunes, pero que infieren más profundamente y de distintas formas en cada persona según las circunstancias personales y las distintas etapas de la vida en que te afecte. La enfermedad provoca siempre una ruptura en el desarrollo de la vida del ser humano. Cuando ésta llega en edades muy avanzadas, esta ruptura se hace más profunda y visible. La persona mayor queda acobardada, y siente en sí tan profundamente la carga de sus limitaciones y la impotencia físicopsíquica de poderlas superar, que se abandona a lo que venga ... Este deterioro a l que somete la edad, es progresivo. Al perder la independencia, el autovalerse, la persona mayor se desfonda, pierde esperanza y fuerza para seguir luchando, pues aunque los que le atienden le estimulen, sospecha por experiencia que aquello es el principio del fin, aunque muchas veces no sea así. De este modo se va a ver como persona dependiente, limitada. Y su vida se va desmoronando sintiendo la exclusión de la vida social, molestia y trabajo para los demás, y ... hasta estorbo. Todo lo cual mina sus ilusiones, pequeños proyectos y exigencias humanas de sentirse útil, valioso y amado por los demás. La persona mayor, entra así en un mundo y en una experiencia nueva para la cual muchas veces le falta la fu erza moral y física para poder superarlo. Todo esto no llega a verbal izarlo en las primeras fases de estos estadios y esto es positivo; pero sus largas horas de inactividad les perjudican, les van atrofiando sus facultades físicas y mentales y les hace sentir su cuerpo como algo extraño, y pesado ... Normalmente luchan y reaccionan instintivamente contra todos estos efectos, especialmente en las primeras fases del proceso. Si este esfuerzo va acompa- ñado por su propio estímulo y aprovechado por una pedagogía de optimación de los cuidadores de su salud integral y terapias rehabilitadoras adecuadas, el proceso de deterioro se contiene y retarda y la angustia y desmoralización será menor.

LA PERSONA MAYOR QUE SUFRE

«El sufrimiento entró en la historia del hombre al mismo tiempo que el». Desde siempre, el ser humano intentó encontrarle sentido y siempre continuaremos empeñados en lo mismo. El sufrimiento alcanza al hombre en su cuerpo -dolor físico- pero también en sus dimensiones psíquicas. Todos tenemos experiencia de él.

El sufrimiento de la persona mayor; tanto enferma como por los deterioros de la edad, tiene unas percepciones específicas, como normalmente sucede en cada etapa y circunstancia de la vida. El dolor físico y específico de toda enfermedad y de cada una, suele ser exactamente el mismo o parecido en cada una. A éste se añade igualmente en toda persona, un dolor que afecta, como hemos indicado a sus dimensiones psíquicas y que en las personas mayores suelen venir marcadas por estos parámetros:

  • el dolor de ser una carga para la familia; «si ya tenían poco con cuidar de un viejo, dicen, ahora de un viejo enfermo»
  • Sentirse estorbo, inútil: «qué pinto yo ya aquí...»
  • Sentido profundo de desamor, olvido, ingratitud cuando la familia mantiene una relación lejana, fría o nula con ellos

El desarraigo o abandono de la familia origina en el mayor:

  • sentimientos y deseos de desaparecer, eliminarse. .. y anguslia profunda en todo su ser. «Tamo trabajo, esfuerzo ... por ellos y ahora verme así. »
  • pérdida del sentido de la vida y de las ganas de vivir
  • soportar la vida, porque no le queda más remedio...
  • ​toda persona necesita amar (a personas, ideales, cosas ... )
  • de lo contrario pierde el sentido y deseo de vivir
  • lo importante no es dar años a la vida, sino vida a los años
  • el sufrimiento que produce la «inactividad (física y psíquica» genera sentimientos de inutilidad, de no sentirse valioso, de pérdida de ilusión y de esperanza en la vida, todo lo cual hace que la persona:
  • sienta el peso y el dolor de tener que soportar y aguantar la vida
  • tenga momentos en que la rebeldía es más fuerte que la confianza; la desesperación ahoga sus esperanzas. Y momentos en los que el repliegue sobre sí misma apaga la capacidad de amar y darse
  • siente el gran peso de la soledad que en algunos habla así: «i Es demasiado largo esto Señor! ¡Demasiado! Para qué me tienes aquí: No puedo más ¡ayúdame ... ! «Siento una soledad que me invade, me aplasta ... una soledad fría ... No soy yo, ni oigo, ni siento, ni río, ni gozo cuanto sucede junto a mí... Sólo siento en mi corazón un gran vacío ... Ya no soy yo ... No se rezar ... No tengo fuerzas ni para llorar ... !

Dolor y sufrimiento por las limitaciones, incapacidades y pérdidas a las que los años o la enfermedad les somete.

Deseos de morir y terminar en paz. Ponerse en manos de Dios ...

  • a todo este proceso de deterioro llega la persona mayor. Y se acelera cuando por desinterés rompe con todo su en· torno, que normalmente se produce en este orden:
  • desinterés por los acontecimientos, problemas de la sociedad
  • las cosas de la vida normal de su entorno: vecinos, barrio...
  • ruptura de relación con amigos, fam iliares cercanos ...
  • despreocupación por las cosas de su casa-familia, vecinos compañeros y actividades que le programan, si está en centros residenciales ... o en centros de los barrios
  • centrarse en sus «dolores, en que está solo, que nadie le quiere, en sus deficiencias, limitaciones y enfermedades-dolencias, y poco a poco se va creando subjetiva e imaginariamente ...
  • llegando a hacerse insoportable a cuantos están a su alrededor y a cuantos le cuidan ...

En la última parte (cómo ven y viven el sufrimiento ellos) deduciremos que el sufrimiento de las personas mayores se hace más traumático para ellos fundamentalmeme:

  • Por los pérdidas físicas y psíquicas a las que les somete la enfermedad
  • Por las marginaciones y abandonos sociales:
  • falta de atención, olvido, desprecio de la misma familia
  • falta de centros, especialistas y proyectos socioculturales y rehabilitadores por parte de las administraciones y centros privados, que prevean y atiendan a la persona integral en todas las etapas de la vida. No es suficiente con la atención puramente asistencial, pues como personas tenemos además otras dimensiones y exigencias que cubrir, como las humanas y psíquicas y que de no cubrirse dejan su vaclo íntimo. Esto afecta a toda persona y en todas las etapas de su vida
  • por la falta de preparación de las personas mayores para vivir en mejor calidad de vida esta etapa. Esto es causa de mucho del sufrimiento que a veces tiene que padecer.

VIVENCIAS

Al realizar esta reflexión nos planteamos si hacerla desde nuestra experiencia de profesionales de atención al enfermo o sería más interesante presentar como un mosaico de vivencias de las mismas personas mayores enfermas o sometidas a grandes limitaciones físico-biológicas como consecuencia de la edad. Consultados varios equipos de estos profesionales la mayoría vieron como algo más real esta última opción y por ella nos decidimos.

Esta postura conlleva, y por eso lo indicamos, que las respuestas a las experiencias personales del dolor-sufrimiento tengan un matiz bastante más personalizado e individualizado, por todo ello hemos procurado contrastar, en lo posible, el muestreo de las opiniones que hemos podido recabar, con el visto bueno de profesionales y cuidadores, en cuanto a las formas de expresión de algunos enfermos, la reiteración de los mismos conceptos, traduciendo lo que intentaban expresar y no podían ...

Los criterios de elección de las personas entrevistadas

Poder recoger un abanico, lo más amplio posible, de múltiples grupos de personas mayores sometidas al sufrimiento y dolor, según el ámbito culturaJ y social donde se formaron y vivieron la clase de enfermedad o limitaciones que padecen, el grado de relación familiar que tienen, con vivencias religiosas, sin ellas o alejados de las mismas ...

Otros parámetros tenidos en cuenta

  • La edad, abarcando desde los 68 a los 103 años.
  • Con diversos tipos de enfermedades y de limitaciones deteriorantes que les convierten en enfermos semidependientes o totalmeme dependiemes en su movilidad física, pero siempre con sus capacidades mentales hábiles.
  • Personas residenciadas, hospitalizadas o que viven en sus domicilios con su familia.
  • Hemos partido desde el concepto gerontológico de la persona mayor en su todo: es decir, el aspecto médico, social, urbanístico, habitacional, legal y todo aquello que redunde en su auténtico provecho y calidad de vida.
  • Nos hemos fijado en estos tres tipos o dimensiones de las enfermedades de los mayores: los padecimientos físicos del envejecimiento y su minusvalía reactiva y defensiva; las alteraciones psicomentales, en parte por lesión involutiva de su sistema nervioso, y por la enfermedad social (dificultades económicas, abandono por parte de los planes de salud, la de sus conciudadanos, y lo que resulta aún peor, de su propia familia.

Con todas estas personas hemos hablado sobre los siguientes núcleos de preguntas: las respuestas las hemos concretado recogiendo lo más fielmente las ideas que los mayores han expresado y respetando hasta los matices que pudieran parecer insignificantes pero que muestran lo subjetivo y personal de cada ser que sufre.

  • Como reacciono ante el sufrimiento proveniente de la enfermedad o limitaciones físicas
  • No me cogió por sorpresa, el proceso me llevaba a esto
  • Vi que mi solución era copiar mi mente y mi tiempo. Que tenía que seguir siendo útil a los demás como hasta entonces pero de distima manera. Y comencé inmediatamente a trabajar; lo mío era escribir, hablar... Grabo mis trabajos y unas señoritas me los pasan a máquina. Tengo muchísimo más tiempo que antes. No siempre tengo ganas para hacer lo que deseo. Me falla un ojo, el habla que es defectuosa ... «Pero no me agobió ... Debía estar ocupada y podría seguir trabajando ... ».
  • Me sentí impotente, lloré mucho a solas ... Pena profunda.
  • Impotencia, sensación de injusticia ...
  • Sentí profundamente el dolor j{sico y moral: «la falta de carino y amor de aquellos que yo creo me lo debfan».
  • Siempre he tenido gran serenidad, lo mismo anLe la muerte de mi marido, de mi madre ... Le pedí a Dios con toda humildad me ayudara. Vi y veo desengaños en la vida de aquellos a los que amaste y ayudaste más y hoy no vienen ni a verme ... pero les perdono.
  • Siempre lo acogí como la voluntad de Dios sobre mi vida. Y esto me ayudó y me sigue ayudando cada día.
  • Mi sufrimiento es pslquico, profundo, en relación con los míos y me rebelo cada día y siento profundo dolor.
  • Mal, con desesperación, angustia, depresión ... no aguamo más.
  • Con rabia, rebeldía ... , me ha hecho, yo creo, hasta perder la fe.
  • Me sentí impotente ... , lo vi como una injusticia; ¡Yo no he hecho tanto daño ni maJ en la vida ... !
  • Nunca perdí la esperanza; alguna ventana se abrira, dije ...
  • Con paciencia fu i asumiéndolo y lo sigo llevando.
  • Cuando me amputaron las piemas me desfondé en un primer momento.
  • Me sentía profundamente inútil, dependiente ... hubiera deseado que todo hubiera terminado ... incluso eliminarme. Después ha reaccionado bien, pues logré lo que creí era mi salvación: estar ocupado, activo.
  • Hasta que fui asumiéndolo lo pasé muy mal ... Rezaba, pedía ... pero me venía la angustia, la depresión ...

Vivencias, reacciones en tu sufrimiento

  • A veces momentos tristones ... pero no pienso en lo que tengo sino en trabajar, escribir ... para hacer llegar a los demás lo que deseo para mí y para todos los mayores.
  • La pena es no saber estar enfermo. Me duele ver compañeros desolados, sin esperanzas ... A los 38 años estaba en una silla de ruedas, casi como ahora que tengo 70. Había trabajado ya mucho, era muy activa, alegre, optimista. Cuando me diagnosticaron lo que tenía y como esto sería para siempre ... bueno, en plenitud de vida como estaba, aquello fue tremendo ... «Yo me quitaría la vida ... » así desfondada estuve unos días ... como sólo hacía que pensar y pensar ... me vino a la mente a lgo que había oído muchas veces: «que resucitaremos ... ». Puede ser que les parezca una tontería, pero yo me dije: bueno si esto es verdad, yo tendré una nueva vida que estará libre de todo esto. Y comencé a reaccionar muy rápidamente, a ver las cosas en positivo y me dije: me fa ltan fac ultades, pero me quedan otras, puedo ponerlas al servicio de los demás, como ellos las ponen al mío ... Y así he seguido viviendo hasta hoy y con a legría; lógico que me pesa, me siento limitada y a veces ... La pena, a mi parecer, es no saber o poder asimilar la enfermedad.
  • Paso noches muy malas, pienso mucho, doy vueltas ... y me digo, bueno mañana el día será mejor. .. E intento gozar de lo bueno que tiene cada día ... y vivo lo bueno que tienen los demás y me siento muy feliz dentro de mi estado después de trece operaciones de huesos ...
  • Mis limitaciones físicas, no me incapacitan para ejercitar mi mente, mis sentimientos y aspiraciones humanas, sociales y espirituales en cuanto puedo ... y esto me produce mucha satisfacción, me hacen sentirme útil a los demás incluso con el trabajo que creo para aquellos que me atienden. Así que mi vida es de agradecimiento al creador, a los padres, a la educación ... que me hicieron así. Sino ¿qué sería de mí?
  • Mis vivencias son de resignación, de aguantarme ... y a ver como puedo ir tirando de la vida ... Me ayuda a elevar mi estado el pensar que hay otros que están peor.
  • El verse incapacitada de cintura para abajo ... le causa un profundo pesimismo cada día que amanece« ... ve las cosas muy negras». Lucha mucho personalmente por estimularse cada día. Echa mano de todo: sus creencias, el recuerdo del amor de sus padres, su marido difunto y los que la querían, esto le ayuda ... Pero sólo desea morirse, se lo pide cada día a Dios con todo el corazón. No creo que esto sea pecado. ¿Le parece? (hay bastantes que reflejan estos sentimientos).
  • Tengo 103 años ¿y qué hago yo ya aquí? Pido que me lleve ... pero será cuando quiera (¿esto es pecado?). Lo acepta porque será la voluntad de Dios. Lloro mucho por las noches, me desahoga y consuela. Pido mucho por todos y por los que me cuidan ... Esta es mi actividad de ahora. Veo tele, oigo la radio, hablo con los que vienen, pero ya oigo poco y me tienen que aguantar mucho ... (Varios mayores de esas décadas altas coinciden y demuestran una gran conformidad, agradecimiento a todo y a todos y dan a su vida una dimensión profundamente humana y trascendental).
  • Siempre vi en el sufrimiento la voluntad de Dios y todo lo confío a Él. Esto me ha ayudado mucho en la vida, y creo que mi sufrimiento así asumido ha sido menor.
  • Mal, rebelándome contra todo, no aguanto el olvido de los míos ... cada uno formó su familia y me dejaron solo después de lo que yo hice. Yo no puedo vivir ya con ilusión ni alegría. El sentirse lejos de los suyos, que ni vienen a casa, ni te llaman ... Me siento fatal..., el sentido de vacío me hunde ... , siento lejos a los amigos ...
  • Varios. Sufren constantemente, al verse así; con lo bien que estaba. Sienten destrozada su vida; se sienten parásitos; un gran dolor yace en su corazón desde que perdieron al marido o la esposa, a veces todos los hijos y ellos se han quedado solos aquí..., sienten destrozada y terminada su vida. ¡Si ellos supieran como lo estoy pasando!
  • De rabia e impotencia ... , tanto trabajar, ahorrar para el día de mañana, los hijos ... y ahora solo, enfermos ... ¿Cómo quiere que lo viva?
  • Ya me ve en esta sillita, sin vista, pero Dios me ha dado tanta fe que sólo levanto los ojos para darle gracias por cuantos me cuidan, me visitan, los voluntarios, los compañeros y vecinos ... ¡Otros están peor!
  • Su sufrimiento es el sentir un profundo peso de estar sola; perdió al marido y sus tres hijos. Se ve sola, no ve sus cosas. Tiene sentimiento de angustia ... Tiene muchas y buenas amistades, lo pasa bien con ellas, pero el sentido de soledad no le deja jamás.
  • Era muy activo; me costó asumirlo mucho en intensidad, no en tiempo. ¡Es mucha la incapacidad y envejecimiento ... ! Pensé que podía seguir haciendo por los demás tanto como antes, pero de distinta manera y en distintas actividades ... lo fui asumiendo y aceptándolo gradual y generosamente concienciado de que lo mío no debía hacérselo pasar a los demás. Así voy pasando mis días, me siento útil y hasta lleno en mi interior.
  • Siempre estuve trabajando mucho, con cariño, sin pensar en el dinero, gozaba en mi trabajo ... , al verme incapacitado en lo físico me dije: esto no puedo aguantarlo, yo me tengo que buscar ,. algo que hacer, y esto será mi salvación. Aprendí sinfín de cosas, que nunca había visto, a través de los talleres ocupacionales ... , me inserté en ellos ... Me relaciono allí con muchos ... , me siento gozoso y útil en mi carrito, sin una pierna ... , pero siendo un artista en marquetería. La actividad me salva cada día del sufrimiento psíquico, la depresión ... Actitudes positivas y negativas que se crean en usted en el sufrimiento-enfermedad
  • Puedo decir que no ha habido variación ninguna de mi vida de antes a la de ahora. Sí distintas formas de vivirlas: deseos de trabajar por ser útil en la sociedad, antes de una manera ahora de otra ...
  • A mí la fe me impulsa constantemente para eliminar las actitudes negativas que nacen cada día en mi corazón en este estado de enfermedad.
  • Pienso que todos tenemos que purgar algo ... , esto me sirve ...
  • No me ayuda tanto el pensar que otros están peor que yo ...
  • Esto mío me ayuda a darme a los demás, y me dirá ¿pero tú paralizada como estás que puedes dar? Pues creo que mucho. Y esto lo he descubierto durante mi enfermedad. Todos tenemos valores que dar a los demás. El sufrimiento te ayuda, a dar. Yo tengo muchos clientes a los que dar: a los sanos, a los compañeros enfermos, deteriorados, a los que me ven, a los que trabajan por nosotros ... Les puedo dar esperanza, al verme contenta, alegre, asumiendo mis limitaciones sin trauma ninguno; noto que la gente se acerca a mí y se siente satisfecha, gozosa al verme así y con la sonrisa en mi rostro y en mí palabra ... A veces me cuesta ... Esto me lo ha enseñado la vida y me lo ha potenciado la fe. Alguno a veces me dice, porque deduce que yo lo hago con miras trascendentales; ¡mira que si luego no existe nada! Y me río y digo: No importa porque a mí nadie me quitará el haber vivido con ilusión. Y esto me ha permitido vivir la vida, en tantos años de enfermedad, con alegría, ilusión y esperanza.
  • El tener tanta gente a la que querer, pues tengo muchos que me quieren.
  • Pienso en qué será mi futuro final.
  • Pero confío en Dios y a Él me encomiendo. Rezo.
  • Llorar, rezar. .. , rebelarme, recurrir a l recuerdo.
  • De resignación; de confianza: Dios mío es duro, pero me lo mandas ... , así me convendrá ... , ¡ ¡descuéntamelo!! - De depresión íntima y viral.
  • Sólo pienso en morirme para que todo termine.
  • Enrabietado y amargado en la vida.
  • Deseos de poder ayudar y elevar la esperanza de cuantos están conmigo ... , interés por lo que sucede, sufre y goza la humanidad. Alejar de mí la desesperanza interesándome en las cosas y preocupaciones de los demás.

Como afronta y sobrelleva el sufrimiento

  • Uno pasa por distintas formas de ánimo. Aunque siempre hay algunas que predominan.
  • No me llegan las horas para las tareas que me marco. La ocupación me ayuda muchísimo en mi enfermedad.
  • A las seis y media de la tarde me acuestan por necesidad. La noche es larguísima y leía, escribía algo. La vista me lo impide ahora, pero me busco otras cosas que hacer: oír la radio, pensar cómo hacer lo de mañana, rezo, hablo con la Virgen, le cuento lo mío y lo del mundo.
  • Si siento soledad, tengo tiempo para sentir de todo. ¿Qué cómo es mi soledad? Es como algo profundo en mi ser, un hueco que está sin llenar...
  • Nunca pensé que mi enfermedad fuera un castigo. La felicidad y los momentos de bien que en la enfermedad yo he pasado, no se si los hubiera tenido en una vida normal: los míos, los amigos, el cariño, la gente de bien, el personal sanitario, la valoración que de mí oigo todo ha sido una gran riqueza que yo he ido descubriendo y me ha valido muchísimo y me ha impulsado a devolverles el cariño que recibía pidiendo en mis ratos libres por todos ellos.
  • Lo he llevado siempre con naturalidad. Me ha ayudado la fe ...
  • Creo que a Dios no tenemos que pasarle factu ra de nada, sino agradecerle constantemente. Esto lo siento cada día en la presencia de los que se acercan a mí. Yo le presento mi vida cada día.
  • Estoy impedida y en mi interior siento un gran gozo y alegría: «El tener tanta gente a la que querer.
  • Según el estado de ánimo. Momentos de rebelión ... , al final lo voy asumiendo ... , al día siguiente ...
  • Llorando, y hablando con Dios en ratos de mayor dolor, soledad ...
  • Con capacidad y serenidad, lo acepto bastante bien. Nunca fui violenta; sí comprensiva ... P
  • Pienso que pronto tendré «Otra vida mejor en el cielo ... ».
  • Con resignación positiva ... no tiene más remedio.
  • Malamente, me revelo muchas veces en mi interior.
  • Mal, no lo soporto y cualquier día me quitaré la vida ...
  • El dolor es muy difícil de afronta!~· me refiero al dolor profundo.
  • Al principio mal; ya lo he aceptado como un cambio de estilo de vida; antes hacía unas cosas, ahora otras. ¿Cuáles son más válidas?

Sus esperanzas y desesperanzas ante el sufrimiento

  • Poder seguir viviendo en paz. Ejercitar mi generosidad con los que se acercan a mí o viven lejos, esperar en Dios y profundizar la vida de oración.
  • Es un estado más bien pasivo. A veces veo alguna luz ...
  • Ninguna; vegeto, aguanto más por no hacer sufrir a los míos ...
  • ¿Cree usted que puede existir esperanza alguna, como estoy ... ?
  • Sí, la de dar sentido a mi propia existencia ahora, cada día.
  • Desesperanza? Tengo miedo al paso del puente, ¿Dios, Madre ... , cómo será ... ?
  • Conciencia de sentirme en el atardecer de la vida, en la recta final.
  • Vivo confiado en las manos de Dios. Espero el encuentro definitivo con una honda alegría.
  • Pienso: ¿Qué será de mi futuro final, según estoy?
  • No quiero pensar: confío en Dios y a Él me encomiendo.
  • Abierto a las sorpresas que cada día Dios me ofrece y a las que me tiene acostumbrado. Esta serenidad, creo, es el resumen de las virtudes de los mayores.
  • Siento constantemente la mano de Dios sobre mí. Yo no me lo explico.
  • Gran preocupación porque sus hijos, familiares se alejen de Dios (es reiterativa en muchas contestaciones).
  • Poder andar un poquito para valerme al menos en lo más personal y no molestar a los demás.
  • Tener que depender de todos: de su atención, de su estado de ánimo, de sus ocupaciones ...
  • Desesperanza contra los que la cuidan, y contra los santos ...
  • Plena confianza en la Virgen y Dios.
  • Nunca me he desesperado, mi carácter ha sido siempre de buenas fo rmas y esto me ha ayudado mucho en las contrariedades.
  • La única esperanza es deseos profundos de morirme.
  • Me aterra verme sola o en una silla de ruedas. La mayor desesperanza es que siendo Jo que yo fui para los míos, sólo cuente ahora con una amiga.
  • Vivo sin ilusión y sin esperanzas ... , sólo deseo terminar.
  • Vivo sin esperanzas; mi vida no se rehace ya; todo lo que amé desapareció; sólo quiero morir ...
  • Mi vida terminó, ¡ojalá me muera ahora mismo!
  • Nunca tuve desesperanzas fuertes; busco consuelo y apoyo cuando me siento mal, y suelo encontrarlo de una u otra manera.
  • Poder hacer de su vida una oferta de utilidad para quien sea ..
  • Que siempre pueda realizar alguna actividad en favor de otros ...
  • Me estimula pensar que voy camino de otra vida, que esto es pasajero.
  • Mi desesperanza: no poder hacer lo que antes hacía ...
  • En los momentos malos me sirve mucho el pensamiento: «Ser alegres en la esperanza».

CONCLUSIONES

De todo este estudio y contacto personal con tantas personas mayores podríamos deducir conclusiones como:

  • El sufrimiento tiene una base o bjetiva y otra parte es subjetiva y personal, como siempre oímos.
  • Que incrementa, por tanto, su intensidad o la disminuye cada sujeto que lo padece. Así influyen positiva o negativamente: las formas de ser de cada persona, temperamento, carácter, cultura, formación, creencias, autodominio, entorno (personas, cosas, lugar ... ). Por tanto en parte podemos tener la llave de parte de nuestros sufrimientos en nuestras manos.
  • Podemos educarnos y formarnos para el sufrimiento.