El sufrimiento en los jóvenes

Labor Hospitalaria, n. 311 (2015)
Autoría

Benedicto XVI en el Vía Crucis en Madrid durante la Jornada Mundial de la Juventud 2011: «Queridos jóvenes, que el amor de Cristo por nosotros aumente vuestra alegría y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos. Vosotros, que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo ante el sufrimiento humano, donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de vosotros mismos: vuestra capacidad de amar y de compadecer.»

El sufrimiento de los adolescentes y de los jóvenes es una realidad, pero a veces no nos enteramos o no lo conocemos, porque ellos lo ocultan o porque nosotros andamos en nuestras cosas y no le prestamos atención.

El sufrimiento es el modo de vivir una adversidad, una frustración, una pena, un dolor… es aquello que queda en nosotros cuando nos encontramos en nuestra vida con situaciones adversas. Y está condicionado a muchas situaciones concretas que cada uno pueda vivir: soledad-cariño; fortaleza personal-desánimo; fe-falta de esperanza; etc…

Doy unos datos, de los muchos que existen a nivel mundial, sobre los sufrimientos de los adolescentes y jóvenes:

  • Cada año mueren más de 2,6 millones de jóvenes de 10 a 24 años por causas prevenibles.
  • Cada año dan a luz aproximadamente 16 millones de mujeres adolescentes de 15 a 19 años.
  • Los jóvenes de 15 a 24 años representaron el 40% de todos los casos nuevos de infección por VIH.
  • En el periodo de un año, aproximadamente el 20% de los adolescentes sufren un problema de salud mental, como depresión o ansiedad.
  • Un número mucho mayor de jóvenes sufren enfermedades que reducen su capacidad para crecer y desarrollarse plenamente. 
  • Y un número aún mayor adoptan comportamientos que ponen en peligro su salud presente y futura. 
  • Casi dos tercios de las muertes prematuras y un tercio de la carga total de morbilidad en adultos se asocian a enfermedades o comportamientos que comenzaron en su juventud, entre ellas el consumo de tabaco, la falta de actividad física, las relaciones sexuales y la exposición a la violencia.
  • Se estima que unos 150 millones de jóvenes consumen tabaco.
  • Cada día mueren aproximadamente 430 jóvenes de 10 a 24 años a causa de la violencia interpersonal.
  • Se estima que los traumatismos causados por el tránsito provocan la muerte de unos 700 jóvenes cada día.

Mª Dolores Mansilla Pozuelo en su artículo: “El sufrimiento de los jóvenes: una pantalla de las paradojas del mundo de los adultos” nos invita adentrarnos en su mundo interior: «¿Qué nos querrá decir esa chica con su camisa de manga larga en pleno verano para que no veamos sus brazos esqueléticos? ¿Qué nos querrá decir ese chico que se rompe ante la posibilidad de suspender un examen... de que se está examinando realmente? ¿Qué tendrá que ver con nosotros el consumo de alcohol con bebidas que son pólvora pura con el que se castigan creyendo que se alegran? ¿Qué supone el conectarse durante doce horas al día a un aparato para inventar una identidad y sentir que se hacen amigos? Por otra parte padres, profesores, tutores… nos preguntamos atónitos ¿qué les pasa? 

Su confusión y la nuestra va cayendo sobre sus hombros, va calando los entresijos de su existencia, va empapando sus recursos mentales y afectivos y termina por expresarse en algo, que con alarma, le ponemos el nombre de enfermedad, de patología, de trastorno, de alteración. Algo que ya hay que poner en manos de los técnicos, que le den un nombre, un pronóstico y un tratamiento.

Tenemos una responsabilidad de acompañar humana y espiritualmente a los jóvenes. Cada joven es irrepetible y se juega mucho, en su salud física, mental y espiritual… la suya y la de los que vendrán después de él y para los que él deberá ser su sustento, su testimonio y su esperanza.

El franciscano Mikel Hernansanz al pretender dar rostro a los sufrimientos de los jóvenes, les pone nombres que nos mostrarán con claridad este sufrir general, pero a la vez concreto de los jóvenes:

El sufrimiento doliente (dolor físico). En los hospitales ya te encuentras gente más joven con enfermedades que antes se daban con mas edad…

El sufrimiento tirano (enfermedad mental). Es un sufrimiento que le hace experimentar su impotencia ante algo que ha tomado su vida, es un sufrimiento de los más intenso.

El sufrimiento auto-destructor (trastornos alimenticios, por el modelo de belleza, de éxito, de auto-exigencia). Es una sufrimiento asociado al sentimiento de culpa. Produce grandes daños físicos y psíquicos para los jóvenes.

El sufrimiento irrefrenable (adicciones: alcohol, drogas, el juego, internet, e incluso en algunos casos el trabajo). No se puede poner freno a este sufrimiento.

El sufrimiento impuesto (paro). Se habla de una generación perdida que subsiste por los subsidios y por el apoyo familiar. El mayor sufrimiento de estos jóvenes es no poder desarrollar un proyecto de vida autónomo. El trabajo es fundamental y necesario para el desarrollo general de la persona…

El sufrimiento traumático (accidentes de tráfico). Es un sufrimiento que se prolonga en el tiempo, por las lesiones y traumas y que acerca especialmente a las familias de los afectados.

El sufrimiento insoportable (suicidio juvenil). Hoy está a la par que los accidentes de coche … o por delante. Mucha frustración que se hace insoportable. No pueden con la vida…

El sufrimiento desenraizado (jóvenes inmigrantes). Vienen queriendo mejorar. Su sufrimiento es haber dejado atrás todas sus raíces familiares, culturales, afectivas, su proyecto de vida. Su mayor sufrimiento es la soledad y la falta de oportunidades. Cada un de ellos es una historia de vida y de sufrimiento.

El sufrimiento ocultado: (identidad sexual, complejos). Tienen miedo al fracaso, a la vida, a las relaciones, al conflicto, a la soledad….

El sufrimiento en los jóvenes tiene unas consecuencias: puede romper las expectativas de su vida, el futuro soñado, las relaciones, la confianza en sí mismos, la apertura al amor, formar parte del grupo, poder hacer lo que es normal y cotidiano; puede llevar a perder la alegría y el humor, la fe…

Y ante esto… ¿qué?

No hay soluciones mágicas. Pero hay que ir a lo más profundo del problema, a la raíz de todas estas situaciones que acaban haciendo sufrir a los jóvenes.

Las palabras del Papa Francisco a los jóvenes y a toda la sociedad, en la Jornada Mundial en Río de Janeiro 2013, cuando visitó un centro hospitalario y las favelas, son una buena guía en nuestra relación con los jóvenes que sufren:

«En cada hermano y hermana en dificultad abrazamos la carne de Cristo que sufre»

«Es preciso afrontar los problemas que están a la base de su uso, promoviendo una mayor justicia, educando a los jóvenes en los valores que construyen la vida común, acompañando a los necesitados y dando esperanza en el futuro.»

«Es importante saber acoger. Digo esto porque, cuando somos generosos en acoger a una persona y compartimos algo con ella —algo de comer, un lugar en nuestra casa, nuestro tiempo— no nos hacemos más pobres, sino que nos enriquecemos.»

«Nadie puede permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el mundo. Que cada uno, según sus posibilidades y responsabilidades, ofrezca su contribución para poner fin a tantas injusticias sociales.»

«Tenéis una especial sensibilidad ante la injusticia, pero a menudo os sentís defraudados por los casos de corrupción, por las personas que, en lugar de buscar el bien común, persiguen su propio interés. No perdáis la confianza, no dejéis que la esperanza se apague.»

«La Cruz de Cristo nos enseña a ser como el Cireneo, que ayuda a Jesús a llevar aquel madero pesado, como María y las otras mujeres que no tienen miedo de acompañar a Jesús hasta el final, con amor, con ternura. »

«En la cruz, Jesús está junto a tantos jóvenes que han perdido su confianza en las instituciones políticas porque ven el egoísmo y la corrupción, o han perdido la fe en la Iglesia o incluso en Dios, por la incoherencia de los cristianos o de los ministros del Evangelio.»

Transmitir la alegría por la vida, por cada momento que se nos ofrece a los jóvenes. La alegría, dice el Papa Francisco, es el signo de que nuestro corazón está persiguiendo el bien, el signo de la presencia de Cristo. Y de ello debemos ser testimonio para los jóvenes.

Hemos de ayudar a los jóvenes en el proceso de aceptar sus sufrimientos en un proceso de aceptación, sin caer en la pasividad. Y al mimo tiempo animarles a que se acerquen y acompañen a otros jóvenes que están sufriendo. Darles ese protagonismo y ellos no sólo ayudarán sino que se sentirán ayudados.

Mostrémosles nuestra cercanía y acogida, ofrezcámosle nuestra oración y estemos abiertos a todo lo que ellos también nos puedan enseñar.