La solidaridad en tiempos de COVID-19

Revista IN nº 272-273 (2020)
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A finales de enero China reveló más de un centenar de casos de coronavirus y nos sorprendió que en la segunda 15 de febrero se detectaran algunos contagios, que fueron en aumento en la región de Lombardía (Italia). Estaba muy lejos de nuestra realidad y estábamos convencidos que no nos afectaría. El 1 de marzo celebramos nuestra gran movilización solidaria en Barcelona con más de 13.000 participantes y 1000 voluntarios y en pocos días todo cambió. Hemos tenido el confinamiento más grande de la historia contemporánea, con los centros sanitarios desbordados, el ámbito social tensionado por la presión asistencial y los centros sociosanitarios sufriendo el trabajar con el colectivo más vulnerable, la gente mayor. 

La llegada del COVID- 19 ha conllevado redimensionar y reestructurar la solidaridad de la Provincia, desde el primer momento y ante la necesidad de EPIs, todos los centros buscaron la manera de conseguir material de protección para evitar contagios de profesionales.  Desde el Eje de Solidaridad Provincial partíamos de un plan de trabajo para este 2020, e incluso teníamos previsto un encuentro provincial con todos los centros, programado para principios del mes de abril, pero la realidad se impone. Y al igual que ha pasado en otros ámbitos, desde las comisiones de solidaridad se ha tenido la capacidad y la disponibilidad para cambiar de planes y priorizar las necesidades más urgentes.

Inicialmente desde Curia Provincial se constituyó una comisión COVID para dar respuesta a temas de solidaridad que,  junto con los profesionales de Obra Social, han ido haciendo acopio de donaciones de todo tipo, tanto económicas como en especies, atendiendo las demandas que los centros iban manifestando.

A destacar en estos meses, la solidaridad de muchas empresas, que con su generosidad están haciendo más llevadera esta pandemia a nuestros usuarios.

Ahora, que parece que la situación va remitiendo, van apareciendo numerosos problemas sociales a los que, como Orden Hospitalaria, queremos dar respuesta. Es el momento de seguir aportando y “arrimando el hombro” para conseguir que nadie quede atrás. Y para ello, hemos puesto en marcha toda la maquinaria solidaria, nos estamos reinventando y acogiendo la creatividad de los voluntarios, con vistas a satisfacer las posibles carencias que vayan surgiendo.

En pocos días planteamos una campaña para explicar que esta situación no solo generaba damnificados entre los enfermos, pues había unos afectados invisibles. Los colectivos vulnerables de nuestra sociedad sufrían en primera persona las consecuencias económicas y sociales del confinamiento.  ”Las Caras de la Vulnerabilidad” hablaba de la gente a las que el encierro ha significado soledad, o pobreza o empeoramiento de su estado de salud mental.

La campaña quiere poner a los más débiles de nuestra sociedad como protagonistas e intentarnos a recaudar recursos para impulsar nuevos proyectos. Pretende explicar que necesidades tenemos en nuestra familia hospitalaria. Aparecen nuevas necesidades como dar cobertura de comida, higiene, o el de la conectividad de pacientes y usuarios que no puede desplazarse ni recibir visitas, junto al más conocido problema de la seguridad.

Por otro lado, viendo a tantas personas que carecen de lo más mínimo para subsistir, no podemos mirar para otro lado, entre otras cosas, porque el estilo de los que formamos parte de la Familia de San Juan de Dios, es de “mojarnos e implicarnos ante los problemas”. Ante esta situación los voluntarios/as de San Juan de Dios han respondido rápida y sobradamente a la emergencia vivida.

Desde los primeros días de la pandemia se articuló toda una red de personas voluntarias que fue ampliándose cada día y que han cosido miles de mascarillas, tan necesarias y vitales las primeras semanas, otros se han organizado para dar respuesta a las personas más dependientes y poder suministrarles los medicamentos y alimentos que necesitaban y así evitar que salieran de sus casas, otros han escrito cientos de cartas, han grabado vídeos y han realizado video-llamadas para que las personas atendidas pudieran verles y así mantener ese hilo de esperanza renovando las energías para continuar sosteniendo la situación porque como decía San Juan de Dios: “bueno será que nos ayudemos unos a otros”. A él le daba vergüenza salir de casa cuando no podía pagar sus deudas, a nosotros nos duele el corazón, cuando nos encontramos con personas que materialmente nos dicen “tenemos hambre”. Y ante esto no podemos quedarnos impasibles, la realidad del otro nos empuja a cuidar y satisfacer su carestía. Aunque como también decía San Juan de Dios “Jesucristo lo prevé todo” y ello nos da confianza en que siempre hay una fuerza superior que posibilita la solidaridad y la generosidad. Y nosotros como transmisores de esa cadena, no queremos que se rompa, al contrario, con nuestro estilo de actuar y con las posibilidades que se nos han regalado queremos fortalecerla y ampliarla, ser una entidad comprometida que pueda llegar a cuanta más gente mejor.

Sabemos que cuando las UCIs se vacíen, volvamos a lo que se está llamando “nueva normalidad”, nos movamos sin restricciones y regresemos a nuestros trabajos, no solo tendremos nuevos protocolos de seguridad. Sabemos que, en nuestro entorno, miles de personas estarán en una situación de vulnerabilidad y nos llamaran a nuestras puertas. Y dar respuestas, es el compromiso de solidaridad y hospitalidad que como Institución tenemos con nuestra sociedad en el momento presente. Porque la solidaridad nos recuerda que somos interdependientes, que nos necesitamos los unos a los otros y representa los valores de esa ciudadanía del mundo que está llamada a forjar un futuro común en el planeta, en la casa de todos.