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Las personas somos muy vulnerables, ya que estamos expuestas a sufrir un problema de salud mental en cualquier momento de nuestras vidas

El mundo de la salud mental aún hoy está cargado de prejuicios estigmatizantes que hacen aún más difícil la vida de las personas que sufren un trastorno mental, obstaculizando su integración en la sociedad. El desconocimiento lleva a la discriminación, incluso a la criminalización del colectivo. Así pues la estigmatización agrava el sufrimiento de la persona enferma. Si la eliminamos, hacemos desaparecer parte del sufrimiento creando así una mejor predisposición al reconocimiento de la situación y al tratamiento.

Los pacientes con problemas de salud mental han sido siempre una categoría particular en nuestras obras, dada la experiencia biográfica de nuestro Fundador. Sobre ellos hemos adquirido un bagaje de experiencias y competencias que, con frecuencia, ha sido precursor de ideas y soluciones que se aplican hoy día en la sanidad pública. 

La asistencia a estos pacientes incorpora su participación en la toma de decisiones que afectan a su vida, en la medida que sus condiciones lo permitan. O bien se implica a familiares, tutores o comités de ética quienes, por sus relaciones o roles, se supone que velan por el bien del paciente.

Las estructuras psiquiátricas o sociales de la Orden se caracterizan por un tratamiento de los enfermos mentales marcado por un profundo humanismo. No se trata solo de garantizar un espacio vital adecuado, un ambiente higiénicamente satisfactorio, una buena calidad de la comida, una justa libertad de movimiento o la posibilidad de mantener relaciones afectivas con la familia, sino que se amplía a la “realización” de la persona.

[Monogràfico sobre Salud Mental]

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