Responsabilidad moral de los profesionales sanitarios

Labor Hospitalaria, n. 266 (2002)
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Se trata de esbozar una posible aproximación a la responsabilidad moral y profesional de aquellas personas que se dedican al cuidado y asistencia a otras, tanto desde lo social como desde lo sanitario, aunque nos centraremos en éste último quehacer. Para ello, se empieza hablando de la profesión sanitaria como vocación, de la antropología moral que enmarca y engloba todo el actuar sanitario (coordinadas espacio- temporales, dimensiones físico-relacional-significativa, talante personal, la libertad y la responsabilidad en cuanto dimensiones personales, etc.), para pasar a tratar la responsabilidad del profesional sanitario desde tres vertientes: como valor humano, como virtud moral y como principio ético. De este modo se apunta a la responsabilidad moral como camino y meta hacia la excelencia personal y profesional.

Antes de hablar de los valores, las virtudes y los principios éticos que encarna la responsabilidad profesional, es oportuno empezar hablando de lo que significa esto último: una profesión.

El concepto de profesión tiene unas connotaciones, al menos en su origen, claramente religiosas. Ese significado lingüístico permanece todavía en expresiones como: «hacer profesión de fe», «profesar en religión», etc. Profesar equivale, pues, de alguna manera, a confesar, lo que exige un acto de entrega personal. En este sentido, afirma Diego Gracia, que «toda profesión consiste en una entrega confesada o ratificada públicamente»

La profesión es una entrega realizada a una misión por entero y de por vida: el sacerdote se consagra al servicio de Dios, una madre se puede consagrar al cuidado de la familia, un juez a administrar justicia, un médico a atender a los enfermos, etc. Éste es el origen de las profesiones.

El profesional es, por tanto, un consagrado a una causa social y/o humana. Por eso, los profesionales han gozado siempre de una situación privilegiada, hasta el punto de ser considerados impunes jmidicamente. Así es como la sociedad compensaba a aquellos que se habían consagrado a las fu nciones sociales más esenciales o de mayor importancia: médicos, jueces, rey es y sacerdotes. En este orden de cosas se unifican los  principales poderes fácticos de todo pueblo o nación: medicina, derecho, gobierno y religión.

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Labor Hospitalaria, n. 266 (4/2002)