Una oportunidad de realizar valores a través del cuidado

Información y Notícias, n. 230 (2013)
Autoría
Concepción Santos Directora de Enfermería. Fundación Instituto San José

Cuenta García Márquez, en su biografía, que la vida no es lo que uno vivió, sino lo que recuerda y cómo la recuerda para contarla. Esto me trae a la memoria otra cita de un gran personaje histórico que reunía a sus amigos para hacerles preguntas transcendentes del tipo ¿Quién dice la gente que soy yo? ó ¿Qué cuentan de mí?... ¿Será esta una manera de buscar parte del valor auténtico de las cosas? Y es que la valoración es algo inherente a las personas. No podemos vivir sin valorar, construimos nuestro pequeño mundo de las ideas y experiencias a través de la valoración que hacemos de las mismas. Pues como nos decía Zubiri: “la realización de valores es el bien, no por en valor en sí mismo, sino por su realización“. ¿Es posible, entonces, que al recoger estas valoraciones, de los hechos y contarlas, aumentemos su valor? Pues, por si mi intuición fuera verdad...

Me contaron, y os cuento: pero, no es un cuento

Un día, estando en mi despacho, llamó a la puerta una persona muy apreciada en esta casa y me dijo:

“Te vengo a contar algo de tus auxiliares que te va a gustar. Ayer mientras realizaban el cambio de turno, dos de ellas se peleaban...”

- Yo le interrumpí y le dije:

¿Y esto me va a gustar?

"Espera y veras, lo curioso es el motivo de la pelea. La una le echaba en cara a la otra que el día anterior se había dejado una arruga en la sabana de la cama de la enferma, algo muy importante".

Yo, además, de sentirme muy orgullosa de esa forma de cuidar a la enferma como a una princesa, le di las gracias por contarlo. Esto me hizo conectar con la necesidad de poner en valor y en corresponsabilidad nuestro modelo de cuidados, desde la participación de todos, y el reconocimiento de los que hacen que este modelo esté vivo hoy, aquí, gracias a su esfuerzo y trabajo exquisito.

Y en palabras del profesor Diego Gracia,

“solo las personas verdaderamente autónomas son responsables, son deliberativas, y solo estas pueden ser de veras útiles en la construcción del mundo de los valores, y en la búsqueda de su realización”.

En un modelo donde la salud biológica y la salud biográfica, se dan cita cada día, pidiendo nuestro cuidado, desde hace siglos, y desde los pequeños detalles. Curiosamente, en el libro de formación para los Hermanos enfermeros, en 1833, cuentan que los que tenían que aplicar los ungüentos debían de realizarlo al lado de un brasero, para calentarse las manos, no fuese a ser que se importunase al enfermo.

Me contaron, y os cuento: pero, no es un cuento

“Los últimos minutos de la vida de mi marido, me encontraba sin nadie más en la habitación, cuando me comunicaron que estaba llegando el momento. Me sentí incapaz de afrontar sola esa experiencia vital. En ese instante se abrió la puerta y una enfermera, se sentó a mi lado, me cogió la mano y me acompaño hasta el final, nunca me he sentido mejor cuidada.”

Es en estos momentos cuando te das cuenta que en los acontecimientos nucleares de la vida, se abren las puertas de lo trascendente, lo espiritual, y lo profundo.

Os cuento, pero no es un cuento, y no me lo contaron, lo viví yo.

En el salón de actos lleno y en medio de unas jornadas científicas, alguien de los nuestros contaba, en esta ocasión como familiar de un enfermo, la forma en que se habían sentido cuidados. La Fundación era el mejor sitio para rehabilitarle y aloraba con orgullo pertenecer a esta Institución. Con el profundo agradecimiento por haberlo contado y que nos lo transmitía desde el corazón, me recordaba una reflexión de Adela Cortina:

“desde hace algún tiempo no se me alcanza otro método más fecundo para transmitir valores, que el proceso de degustación, pues los valores se aprenden emocionalmente, de ahí la importancia en las personas de la educación sentimental, de la que habla Julián Marías”.

Y es que en nuestra cultura vivimos un momento privilegiado donde, viendo que se tambalean demasiadas cosas, es posible que sea el momento de hacerse preguntas. Incluso tengan cabida deliberaciones sobre el análisis de valores diferentes, en mi opinión, de los que nos han llevado hasta aquí. Tal como reflexionaba Aristóteles, ¿no podemos haber caído en la perversión de hacer de la riqueza monetaria un fin en sí misma sin ponerla al servicio de los valores intrínsecos, es decir, a convertirla de medio en fin?

Por lo que es necesario y urgente contar lo valioso de nuestro día a día, para sentirnos orgullosos y responsables de preservar que las personas que se cruzan en nuestro camino puedan degustar el valor de la HOSPITALIDAD.

IN n. 230 (marzo-abril 2013)