Ha fallecido el Dr. Joaquín Plaza

Dr. Joaquín Plaza
24/02/2016

El Dr. Plaza ha fallecido el 24 de febrero de 2016 en Barcelona a la edad de 95 años. Agregado a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios por la Carta de Hermandad en julio de 1987, el Dr. Plaza empezó a colaborar con la Orden en el antiguo Hospital San Juan de Dios de Les Corts y fue uno de los principales impulsores en el proyecto, puesta en marcha y desarrollo del Hospital Sant Joan de Déu. Fue nombrado Director Asistencial del mismo y con la ayuda de un grupo de médicos (Dr. Clarós, Dr. Campos, Dr. Claret), del antiguo asilo se pasó a un hospital pediátrico general. Digamos que el Dr. Plaza fue el gran precursor de la pediatría moderna en Barcelona. Fundó la Escuela Profesional de Pediatría en el Hospital Sant Joan de Déu y como profesor titular impartió clases en los cursos de pregrado de Pediatría en la Universidad de Barcelona.
 
También colaboró estrechamente en la redacción de la revista Labor Hospitalaria editada por los Hermanos de San Juan de Dios en la que abordaba temas de organización y humanización en consonancia con el carisma de la Orden. Coincidió con el Hno. Pierluigi Marchesi durante el gobierno general de éste y en algunas de sus ideas. Creemos que fue un claro ejemplo de la alianza entre profesionales y Hermanos de la que tanto hablaba el Hno. Marchesi en cuanto a transmitir el carisma juandediano.
 
En 1987 recibió la Carta de Hermandad de la Orden precisamente de manos del Hno. Marchesi en el Hospital Maternoinfantil, en el año en que se publica el documento “La Hospitalidad de los Hermanos de San Juan de Dios hacia el año 2000”, en la que se aboga precisamente por esa alianza con los laicos para seguir con la labor emprendida por San Juan de Dios. Recogemos las palabras de agradecimiento del Dr. Plaza en aquel acto del 31 de octubre de 1987: 

Queridos Hermanos:
 
Hace ahora más de 31 años me acerqué por primera vez al Hospital San Juan de Dios de la Diagonal. Me habían indicado el deseo de la comunidad de reiniciar una actividad de pediatría general.
Me recibió el padre Matías, entonces prior, y pude ver a través de él la gran humanidad, las grandes aspiraciones, la gran entrega de un puñado de hombres hacia unos objetivos que eran los míos: la infancia desvalida.
Comencé mi andadura en aquella casa con sensación de la enorme dificultad que yo tendría en intentar alcanzar la obra, la entrega, la altitud de miras y la abnegación de una comunidad que yo entrevía alejada de mis flaquezas, de mis debilidades.
Poco a poco me fui adentrando en el espíritu de Juan Ciudad. Cada vez más me vi atraído por un estilo de hacer y por un estilo de estar en la vida que ha llegado a llenar todo mi ser.
Tuve ocasión de conocer las flaquezas y debilidades en los hombres que constituían la comunidad de Hermanos y así me sentí más próximo a ellos.
Conocí a quienes, en una labor de limosneros abnegada y silente, canalizaban los recursos de una sociedad que traducía así su admiración a la obra de los Hermanos y hacían continuamente camino para la comunicación de la sociedad con la Orden Hospitalaria. . Otros, por el contrario, se adentraron en el campo de la alta tecnología economicista con el objeto de hacer más eficaz la utilización de los recursos.
Algunos llenos de humanidad con ribetes filosóficos. Otros duros como ascetas.
Unos profundamente sencillos, con claridad de visión que asombraba. Otros con acerada firmeza.
Algunos aferrados a la inmediatez de los recursos frente a otros que aparecían llenos de lucubraciones teorizantes.
Muchos con serena y clara bondad ante los que contrastaban otros con intransigencia rayana en la dureza.
Los hubo simples y bondadosos. Pero también otros con concepciones complejas y fuerza arrolladora.
Alguno con entrega total y profunda y alguno también que desfalleció en el camino y abandonó el esfuerzo.
Todo un mundo abigarrado y complejo, lleno de diversidad y de vida que me ayudó a comprender la inmensa fuerza que llegó a emanar de aquel hombre, san Juan de Dios, que ha llegado a pervivir a través de los siglos y de nuestras imperfecciones.
Por ello hoy me siento feliz al comprobar cómo vosotros, los que habéis sido mis maestros en el espíritu juandediano, queréis considerarme como uno más entre vosotros mismos.
Mi agradecimiento se extiende a todos los que, a lo largo de estos años, he podido conocer. A unos profundamente, a otros nada más que de manera superficial o esporádica, aunque ello no quiere decir que no estén también en mi corazón.
Un cariñoso recuerdo y fervientes votos para su recuperación a quienes, como Biendicho, se encuentran hoy en el trance de la enfermedad.
 
A todos, ¡MUCHAS GRACIAS!
Barcelona, 31 de octubre de 1987