Estamos cansados, pero no hemos perdido la ilusión"

La pandemia por SARS-COV2 ha sacudido la vida de todo el mundo y el impacto vivido ha sido impresionante a todos los niveles. 

Como residente de segundo año de Medicina Interna, desde Urgencias y planta de hospitalización, y también habiendo trabajado en un centro sociosanitario, he visto al hospital, y a todo el personal que trabajamos en él, cambiar cada día para adaptarnos a los pacientes y a sus necesidades. 

Todos los residentes tuvimos que dejar de lado nuestra formación, la mayoría para pasar a formar parte de los equipos de primera línea. Eres consciente de tus carencias, pero intentas estar a la altura de la situación. Acudes donde te necesiten, trabajando con equipos multidisciplinares para hacer frente a la amenaza de un virus que era desconocido para todos. Te actualizas lo más rápido posible, estudias en las horas libres y pides consejo a aquellos que saben más que tú y que son tu referente, los adjuntos.

He sentido que me hacía mayor muy rápido, a nivel personal y profesional. También he sentido miedo e incertidumbre. Se nos ha hecho muy difícil no hacer nuestra parte de las heridas de los pacientes a los que hemos visitado, y compartir un poco el dolor de sus familias. Ves también compañeros enfermar, infectados por un virus que actúa de forma muy impredecible. En el peor de los casos, tú mismo tienes un familiar afectado. 

Tanto yo como otros residentes que vivimos a kilómetros de nuestras familias, a las que más que nunca hemos echado de menos, he vivido como mis compañeros se han convertido no sólo en mi equipo, sino en uno de mis mayores apoyos. 

Los adjuntos, preocupados por nosotros, siempre tenían palabras para reconfortarnos y nos animaban a hacer descansos durante la jornada laboral. Enfermería y auxiliares no solo cuidaban de los pacientes con el amor que les caracteriza, sino también del equipo médico. Y por supuesto, lo que para mí ha sido mi mayor apoyo: mis compañeros residentes. Tanto mayores como pequeños, de diferentes especialidades, pero todos a una. Compañeras y compañeros que conforme pasaban los días notaban el cansancio haciendo mella, pero siempre mantenían una sonrisa cálida en la mirada, que a veces comunicaba más que las propias palabras.  Miradas que eran casi tan reconfortantes como los abrazos que no hemos podido darnos durante estos meses. En todo este tiempo en el que el mundo ha parado, nosotros hemos seguido adelante. 

Han sido meses muy duros y sabemos que esto aún no ha acabado. Quedan las secuelas, los ingresos actuales y muchos pacientes recuperándose en Unidades de Cuidados Intensivos o en la planta. Miramos hacia delante con todo el optimismo que podemos después de lo que hemos vivido. Las marcas de los equipos de protección individual ya casi se han curado, las otras tardarán más en sanar. Estamos cansados, pero no hemos perdido la ilusión con la que a los dieciocho años comenzamos la carrera, y hace unos meses o años, la residencia. Seguiremos trabajando todos juntos. Como dice una de mis canciones preferidas: “Desde entonces, siempre hacia arriba, ni un paso atrás”. 

Fundació Althaia - Manresa (Barcelona)