La vida consagrada en el mundo sociosanitario

Labor Hospitalaria, n. 312 (2015)
Autoría

“Hay que saber escuchar y saber dar respuesta a los interrogantes que nuestros mayores se hacen en esta etapa de su vida. En la escucha y el tiempo que dedicamos a cada mayor están esas respuestas. Porque escuchar no es oír, es prestar atención”. Esta fue una de las primeras reflexiones que compartí con nuestros centros pocos días después de ser elegido presidente de Lares Federación. Mi intención no era otra que reseñar el camino que debe guiar cada una de las actuaciones de religiosos y laicos en la atención que prestan a los mayores que viven con nosotros.  

Porque esta es la idea inspiradora que ha ido fraguando el modelo de atención en los centros de Lares, que no es otro que dar primacía a la acogida espiritual, psicológica y humana de cada persona. El objetivo es que cada mayor se sienta plenamente realizado en el momento que le ha tocado vivir, en su contexto personal y comunitario.

Pero este modelo no es nuevo. No hace más que recoger la tradición centenaria, milenaria en ocasiones, que las congregaciones religiosas han imprimido a la atención que han brindado a los más vulnerables y, a los mayores que nos ocupan, en especial.

Y es que el nombre de Lares es, en sí mismo, una declaración de principios. Lares mantiene en español su significado original del latín y el vocablo nos habla de “casa propia u hogar”. Y esa es la sagrada aspiración que comparten las 970 instituciones que, amparadas bajo la denominación de Lares estamos presentes en toda España- : la de convertirse en auténticos hogares para las personas mayores más vulnerables. Y la vulnerabilidad, en combinación natural con la edad, tiene muchas caras : la física, la psíquica, la emocional, la social y, por supuesto, la espiritual.

Y atender cada una de estas cinco facetas del ser humano, en una concepción holística del mismo, donde cada persona es única, singular e irrepetible y como tal debe ser cuidada, tratada y considerada, es la ingente tarea que desde hace siglos llevan a cabo  los miembros de congregaciones religiosas, cuya bandera no ha sido otra que cuidar y atender a los enfermos, los débiles y los vulnerables volcando en ellos inspiración, dedicación y medios.

El concepto de sociosanitario  –ahora en la vanguardia – emana  del entorno religioso, de la vocación de servicio de las congregaciones que desde tiempos pretéritos se han dedicado a la atención de los más débiles. Una atención que acometía primero las necesidades básicas, desde el punto de vista puramente asistencial,  pero que en constante progresión iba dando cobertura todas las facetas de cada persona, de cada ser humano en su singularidad.

La sociedad y la familia han cambiado

La sociedad ha cambiado y las residencias de mayores han pasado de ser una solución  “in extremis” para casos de vulnerabilidad, enfermedad y abandono, a ser un recurso social y asistencial que da respuesta a las nuevas necesidades de las familias.

Y es que el papel de los mayores en el entramado de esta sociedad nuestra de principios de siglo ha cambiado radicalmente. El lugar privilegiado que el anciano ocupaba a diferentes niveles se ha difuminado. Son al menos cuatro las claves que han intervenido en este fenómeno:  

  • El avance de las técnicas de producción: el mayor ya no es el “maestro”
  • El aumento de la esperanza de vida y la reducción de la natalidad que han invertido la pirámide de población en las sociedades desarrolladas. 
  • La conciencia mercantilista global imperante, donde sólo tiene valor lo que produce y tiene un uso inmediato.
  • La evolución de las familias del modelo patriarcal al modelo nuclear

Y con la sociedad, ha cambiado la estructura misma de las familias pasando de los grupos patriarcales a la familia nuclear, que vive en pequeños pisos en zonas urbanas en el que la mujer  -que tradicionalmente desarrollaba el papel sagrado de los cuidados – se ha incorporado al mundo del trabajo. La longevidad de sus mayores lleva aparejada limitaciones, deterioros y patologías que hace más difícil su cuidado en el hogar.

Así las cosas, las residencias, los centros de día y los servicios de apoyo en los domicilios, se consolidan como recursos imprescindibles, cuando secularmente han sido  recursos extraordinarios. Y es aquí donde la experiencia de Lares, que reúne en sus filas residencias centenarias en las que participan congregaciones con diferentes carismas puede, a partir de su experiencia,  aportar  a las páginas de Labor Hospitalaria algunas de las claves de cómo tiene que ser una residencia y cómo esos rasgos se han ido plasmando en un modelo de atención propio, donde la persona está en el centro.

La experiencia de Lares: Qué debe contemplar un centro para mayores

Todos y cada uno de los centros Lares tienen en común como rasgo inherente su gestión solidaria - sin ánimo de lucro - para atender hasta los límites de lo posible – y en muchas ocasiones de lo imposible -, a los mayores más necesitados y donde todo beneficio se reinvierte en beneficio de los mayores que allí viven.

Siendo esta la base sobre la que se sustenta la atención y la gestión, cada centro debe tener en cuanta y adoptar los siguientes criterios en su devenir:

  • Deben acoger a personas con graves carencias sociales, familiares y económicas, respetando así la sagrada función que las congregaciones llevaron a cabo en asilos, conventos y casas de acogida.
  • Practicar la atención  con una “ética de máximos” donde  las decisiones y actuaciones de todas las personas implicadas en la atención estén basadas en el respeto a la autonomía, la no maleficencia, la búsqueda del beneficio y de la justicia del mayor.
  • Los centros deben estar insertados en su entorno, interactuar con la comunidad en la que viven, siempre activos contra el ostracismo.  Porque comunidad y residencia deben mantener vivo un contacto que les permita enriquecerse y nutrirse mutuamente, donde el voluntariado debería estar siempre presente como agente integrador.
  • Un lugar donde se respete la psicología del anciano, evitando infantilizarlo o someterlo a esfuerzos excesivos.
  • Donde la organización institucional no impida la creatividad de mayores ni tampoco de sus cuidadores. Un lugar permeable a tendencias y nuevas técnicas de atención para mantener siempre su rasgo humanizador.
  • Con respeto absoluto por la ideas religiosas y su práctica. Pero también por las ideas políticas y filosóficas.
  • Un lugar donde se enfoque el hecho de la muerte con respeto a la verdad, sin tácticas hipócritas y donde el acompañamiento en ese tránsito sea un hecho diferenciador reconocido.
  • Una residencia debe trabajar desde su planteamiento institucional - pero también desde su programación diaria - en el fomento de la autonomía personal, desde la perspectiva de mantener a los mayores activos y útiles de forma que ejerciten al máximo sus capacidades individuales, sus vínculos familiares y sus capacidades sociales.

El modelo de atención Lares

Y si estos son, en la experimentada opinión de Lares, los componentes con los que se debe “construir” un centro sociosanitario,  el paso siguiente es concretar un modelo de de atención que “contamine” a todas las áreas de la actividad: desde gestión a la atención médica, la programación, la presencia de voluntarios y familiares o la participación en el entorno, donde  “el valor de cada persona” sea el motor.

Así, desde los centros Lares de toda España impulsamos un modelo de atención desde los retos del humanismo cristiano,  donde lo que importa es "el valor de cada persona" donde la atención integral de las personas se basa en poner en valor su dimensión psicológica, espiritual, trascendental y humana.

Estamos trabajando para definir este modelo de atención que concilie nuestra identidad y el carisma de cada una de las congregaciones presentes en Lares con las tendencias más avanzadas en la atención a los mayores, principalmente dependientes.

Así hay un claro consenso en cuáles son los tres ejes que identifican el modelo de atención en los centros Lares y que constituyen nuestro valor diferencial y que son:

  • La persona - su singularidad e integralidad – como centro de la atención y los cuidados
  • Las personas cuidadoras. El “factor humano”, imprescindible y diferenciado como agentes del valor  añadido en los cuidados.
  • El entorno. Donde los centros Lares son promotores de sana y pacífica convivencia

Este trabajo de búsqueda institucional es un proceso tan vigente y actual que nos llevó a dedicarle nuestro último Congreso Lares que se celebró en Salamanca en mayo del 2014 y en el que bajo el lema “El Valor de cada persona. La inspiración de un modelo” más de 500 profesionales – religiosos y laicos- reflexionaron, opinaron e intercambiaron ideas sobre qué hacer y cómo llevarlo a la práctica diaria.

El objetivo último de esta gran reunión era rescatar el valor de las personas vulnerables, la riqueza que aportan a la sociedad que es capaz de atenderlos, respetando su valor como individuos.

El Modelo en la práctica

Y ha llegado el momento de que el modelo de atención de Lares abandone el entorno teórico en el que se ha concretado  y descienda hacia el terreno de la práctica, donde deberá superar la prueba suprema del día a día. Es este el momento en que debemos exigir al Modelo respuestas ineludibles a las siguientes necesidades de los mayores:

  • Necesidades fisiológicas: Comer, dormir, mantener unos niveles de higiene adecuados influirán positivamente en el bienestar del mayor.
  • Necesidad de seguridad: la estabilidad, el orden cotidiano, tener la certeza de que serán atendidos siempre, con dignidad y a salvo de vicisitudes económicas.
  • Necesidad de amor y pertenencia: mantener vivos los lazos familiares, las amistades y vivir en un clima que favorezca nuevas relaciones de amistad.
  • Necesidad de consideración y estima: siendo respetados, pudiendo expresar aquello que necesitan y cómo lo necesitan. Ayudando a que cada mayor viva su presente sin renunciar a su pasado
  • Fomentando la autorrealización de forma que cada persona pueda mantener su crecimiento personal según sus capacidades en cada momento, porque la tarea de crecer como persona no acaba sino con la muerte.
  • Necesidad de un Dios entrañable: los mayores creyentes necesitan poner su confianza en Dios. 

El final de la vida en Lares  

Preparación para el encuentro con el Ser Superlativo que es la muerte. Ayudar a morir bien

Cómo estamos al lado del paciente para garantizar su calidad de vida

Cómo estamos al lado del paciente para garantizar su calidad de muerte

Valores referenciales

  • Relación de ayuda
  • Muerte digna
  • Respeto a los derechos de todo ser humano