Cada vez estoy notando en Europa que hay una sensibilidad favorable a crear un eje de trabajo común, una realidad que podíamos llamar proyección social o solidaridad

¿Cómo ha sido su trayectoria hasta llegar al mundo de la cooperación internacional?

Durante seis años fui director de Juan Ciudad ONGD, pero antes ya había desempeñado otros servicios de animación y gobierno de la Orden. He trabajado en formación de Hermanos y en pastoral vocacional, también como superior de alguna comunidad y he realizado servicios en el mundo de la discapacidad, especialmente en Sant Boi, con personas de afectación severa, en el mundo rural y en centros para personas sin hogar.

También tuve ocasión de estar en los inicios de una Unidad de Cuidados Paliativos en Barcelona, y posteriormente he estado centrado en temas de cooperación internacional cuando fui Consejero Provincial de la Província de Aragón, coordinando misiones, cooperación internacional y voluntariado; y posteriormente como director de Juan Ciudad ONGD y ahora en Roma.

La Curia General te encomendó la tarea de poner en marcha la Oficina de Misiones y Cooperación  desde Roma. ¿Cuál es tu cometido en esta nueva oficina?

Comenzamos de manera formal en 2007, tras el Capítulo General de 2006, donde salió como una línea de trabajo, y tras celebrarse los Capítulos Provinciales en España yo comencé a hacerme cargo de este nuevo reto y compromiso de la Orden.

El objetivo era empezar a trabajar de una manera organizada, desde una estructura más acorde con los tiempos actuales y seguir dotando de profesionalidad el ámbito de la cooperación internacional.

¿Cómo ha evolucionado en estos ocho años de andadura?

Cuando comienzas algo nuevo tiene a su favor que todo lo que hagas es positivo, ya que antes no había otra cosa. Pero también tengo que ser sincero y decir que a mí me ayudó mucho mi experiencia en Juan Ciudad ONGD.

En España desde hacía bastante tiempo que ya existia una tradición de trabajar en el área de la cooperación internacional, con una idea de estructura, trabajo y coordinación que me ayudó mucho.

Cuando hablamos de la Oficina de Curia General se puede pensar que es una estructura, pero realmente solo es una persona, aunque se cuenta con la colaboración del Consejero General para África y un Consejero General de Europa. Por eso pretendemos que la St. John of God Fundraising Alliance pueda funcionar como un equipo asesor, especialmente a la hora de trazar líneas de trabajo y planes de futuro.

Por otra parte, el hecho de estar en la Curia General te permite tener un acceso bastante cercano con el equipo de gobierno, el Definitorio General, y esto lo veo también como un medio para desarrollar los temas de trabajo en la Oficina de Misiones ya que, a través de ello, te permite transmitir las líneas de trabajo y, sobre todo, trazar estrategias de futuro y las líneas de acción, junto con los responsables geográficos.

¿Qué pasos se han dado?

Se han ido dando pasos en el sentido de que la Curia General formalizó desde la Oficina de Misiones un proyecto anual en el que se convoca a toda la Orden, lo que ayuda además a crear una sensibilización en todo lo que supone ser un todo como Orden.

A veces nos perdemos en mi estructura, mi centro, mi Provincia... y sirve para tomar conciencia de que la realidad de la Orden es más amplia, contribuyendo a este proyecto universal que formamos a nivel de toda la Orden.

Otra de las iniciativas que hemos llevado a cabo ha sido en el tema de animación de las comunidades y también de los centros, al unificar a toda la institución en torno a una semana al año en el que la solidaridad y las misiones son el tema central, y están presentes a través de unos encuentros de oración a los que se invita a los colaboradores. En los últimos años esto lo estamos haciendo conjuntamente con las Hermanas Hospitalarias. 
 
Otro aspecto importante es que todos esos proyectos que convocamos anualmente tienen un seguimiento técnico durante su ejecución por alguna de las organizaciones de la Orden. Muchos de ellos han sido seguidos por JCONGD, a quien encomendamos desde la Curia General que técnicamente los siga, los evalúe, y que ayude a los centros a justificarlos.

Y desde UMICOI habitualmente soy quien visita estos proyectos y mantengo el contacto, estudiando y valorando las propuestas de nuevas actuaciones futuras.

En estos años has viajado mucho. ¿Cuáles son los retos que afronta cada continente?

Para mi Asia ha sido un descubrimiento, porque el tiempo que estuve como Consejero Provincial de Aragón y en Juan Ciudad ONGD mantuve contacto con algunos centros muy concretos de América Latina y África.

Por eso, Asia fue un descubrimiento al llegar a la Curia General y empezar a conocer primero Timor, luego Filipinas, Vietnam e India. Todo esto realmente me dio pistas de trabajo y universalidad que hasta entonces no tenía.

En el continente asiático los desafíos consisten en interiorizar más un trabajo de red compartido y caminar hacia un sentido de región. Por ejemplo, India ha vivido siempre muy pendiente de algunas Provincias de Europa, como probablemente pasaba antiguamente en América Latina hacia España, pero sin mucho contacto con el resto del entorno de la región.

Así que podríamos decir que están en los inicios de un proceso de formación y gestión de proyectos y trabajo en red dentro su región.

En África, por ejemplo, están más acostumbrados a la elaboración de proyectos desde unos parámetros de cooperación internacional y de seguimiento, pero también creo que deben seguir avanzando en ese sentido de trabajo regional. De hecho, cada vez veo más sensibilidad para crear incluso una oficina que coordine el área de proyectos a ese nivel. Y esto me parece muy positivo.

Y en América Latina yo creo que hay un fruto ya a este respecto, más avanzado, con Provincias que tienen responsables provinciales de cooperación internacional, donde se valoran los proyectos antes de presentarlos a los respectivos Consejos Provinciales, etc.

Incluso a nivel de región se ha conseguido crear en común, con el apoyo de Juan Ciudad ONGD y desde la tutela de la Oficina de Misiones, un Manual de Lineamientos para la Gestión y la Recaudación de Fondos, que creo que es un paso muy adecuado y constituye una herramienta muy interesante para seguir creciendo.

Además, la Orden ha creado en Latinoamérica y Caribe un equipo regional de cooperación y solidaridad. Y yo creo que estos son los pasos que marcan una coherencia en el desarrollo de la cooperación internacional y la recaudación de fondos.

¿Qué papel juega Europa en todo esto?

A mí me parece que las ONGD de la Orden no se deberían centrar sólo en una realidad concreta. Creo que Asia necesita estar un poco más presente en las actividades y las acciones de nuestras organizaciones. Y cuando digo esto me refiero no sólo a proyectos, sino también a voluntariado.

Cada vez estoy notando en Europa que hay una sensibilidad favorable a crear un eje de trabajo común, una realidad que podíamos llamar proyección social o solidaridad, pero que agrupa todo lo que es cooperación internacional, hermanamientos, la recaudación de fondos y el voluntariado.
Porque realmente es un tema transversal que ayuda a desarrollar ese apoyo y acompañamiento en el crecimiento de las otras realidades que, por distintas circunstancias, se encuentran en situación de desigualdad con respecto a otros lugares.

¿Por qué ha sido tan importante el Congreso Internacional de la Limosna de abril en Roma?

Es un tema que ya se venía tratando hacía tiempo, y tras el Capítulo General de la Orden de 2012 cobró nueva fuerza. Se hizo una exhortación a todas las Provincias a retomar el tema de la limosna.

¿Por qué? Porque el tema de la limosna no es algo accesorio en la vida de la Orden. Es algo que colorea nuestra tradición, algo genuino de nuestra Institución, y no sólo porque lo hacía San Juan de Dios, sino porque la historia se ha impregnado de ello.

La mayoría de los centros han vivido gracias a la limosna hasta hace pocos años, que han llegado los conciertos institucionales, que son un logro de la Sociedad del bienestar, y por eso quizá se empezó a dejar a parte la limosna.

Sin embargo, yo creo que la limosna sigue siendo válida. Quizá algunos pueden decir que no la necesitan, pero otros sí la necesitan. Entonces, si yo tengo posibilidades de conseguir algo para ayudar a esos que sí lo necesitan, yo estoy ejerciendo la hospitalidad.

¿Cómo podríamos definir la limosna?

La limosna es por tanto un medio más de ejercer la Hospitalidad y algo que nos ha identificado siempre. El mismo San Juan de Dios cuando pedía limosna, decía que era un bien que nos hacíamos a nosotros mismos porque en la medida que nosotros ayudamos a otros somos también más personas, más humanos, somos más de Dios.
 
Y en el Congreso celebrado en abril hemos conseguido retomar este planteamiento. Éramos 53 personas, con Hermanos y colaboradores de prácticamente toda la Orden en el mundo. Y yo creo que ha sido una oportunidad de dar a conocer lo que se realiza en las Provincias a nivel de recaudación de fondos, de conocer las aspiraciones que tenemos de crecer, y sobre todo de planificar un futuro.

Es cierto que hay mucha diferencia de realidades incluso dentro de una misma región, pero también es cierto que hay una voluntad de construir y seguir adelante.

¿Se han alcanzado compromisos?

Ojalá podamos conseguir algunas de las conclusiones que han ido saliendo en este Congreso, como trabajar más en red. A nivel de España por ejemplo, donde hay una tradición de trabajar de obras benéficas de mucho tiempo, pero además hay otras estructuras como son fundaciones -la propia Juan Ciudad ONGD-, hay un campo para crear una red de trabajo más compartido.

También a nivel de la Orden a través de la Alliance u otras estructuras, podamos crear plataformas donde poder compartir todo eso que hacemos. De hecho, es posible que en América Latina se cree una plataforma de coordinación para todas esas asociaciones que van creciendo, como la Fundación Teletón de Perú, la Asociación de Amigos de San Juan de Dios de Caracas, hay otra fundación en Bolivia, en México... quiero decir, que todo eso posibilita un crecimiento a ese nivel. Y tras este Congreso quizá todo eso ha salido un poco más potenciado y desarrollado, que es al final lo que queríamos lograr.

Y por otro lado también estaba el deseo de la Curia General de ponernos a disposición. Por ello, abiertamente hemos preguntado a los participantes, y especialmente a los grupos de trabajo, en qué podemos ayudar, que esperan de nosotros y qué piensan que podemos ofrecer para seguir avanzando en este tema.

¿Qué ha supuesto la crisis del Ébola para la Orden?

La epidemia del Ébola ha sido como un huracán, ha sido una gran tragedia que hemos sentido mucho. Tú lo sabes porque te ha tocado mucho en primera persona junto a los otros miembros del equipo de Juan Ciudad ONGD.

Fluyen muchos sentimientos. Primero, yo creo que hay que ser justo, es decir, que nos dolió mucho. Nos sentimos con un dolor no sólo moral o de sufrimiento, sino de impotencia. Es algo que nos sobrecogió tanto, que no podíamos prever, que en cierta manera nos inhabilita más y nos hace sentirnos sobrepasados.

Además, siempre que hay pérdidas de personas cuesta muchísimo, y aconteció que desapareció una comunidad entera y después tantos trabajadores y colaboradores de la Orden en Liberia y Sierra Leona.... 
 
Junto a todo esto nosotros desde Curia General valoramos mucho la respuesta que ha habido a nivel de toda la Orden de sensibilización, de hacernos llegar no solo recursos económicos, sino disponibilidad o cercanía. Y también por todo lo que Juan Ciudad ONGD ha sido capaz de llevar a cabo y desarrollar.
 
La campaña "Paremos el Ébola en África del Oeste" nació en común. La Curia General confió la coordinación de la crisis a Juan Ciudad ONGD, y siempre que tenemos ocasión nosotros agradecemos el enorme esfuerzo que se realizó a todos los niveles.

En este sentido hemos visto cómo ha ido evolucionando esta situación, y actualmente están funcionando de nuevo los hospitales en Liberia y Sierra Leona. Desde hace seis meses, Liberia está libre de Ébola, Sierra Leona y Guinea aún no.

Pero es una situación que nosotros consideramos que no ha terminado, ha pasado de la emergencia a la crisis. Ha pasado la virulencia, ha pasado la emergencia, pero ahora la crisis nos pone en contraste con un montón de cosas que hay que hacer.

Es como un cambio de estación en el que hemos pasado del invierno al otoño, pero queremos aún ver llegar a la primavera.
 
Tengo que ahondar en el agradecimiento a toda la Orden porque realmente nos han llegado ofrecimientos de colaboración y ayudas desde todas las partes del mundo, y no sólo a nivel interno, también de organizaciones eclesiales como la Conferencia Episcopal Italiana o Cáritas de Italia, permitiéndonos trabajar en red con otras instituciones de la Iglesia, y esto es muy evangélico.

Y en España es Juan Ciudad ONGD la que sabe cómo se ha trabajado con otras entidades como Cruz Roja, Médicos Sin Fronteras, o incluso el diálogo con los respectivos ministerios españoles de Sanidad, Exteriores, etc.

¿Qué les dirías a todas las personas que apoyan y colaboran con la Orden Hospitalaria?

Yo les diría que no sólo nos permiten ejercer la Hospitalidad sino que se dan a ellos mismos la oportunidad de ejercer a la Hospitalidad, porque es algo de todos.

Cuando nosotros recibimos todas estas ayudas no solo nos sentimos capaces de poder hacer, sino que nos sentimos solidarios de poder compartir con los otros. Es algo que no es mérito nuestro, sino que es mérito de todos los que lo hacen posible.

Me gustaría recordar aquello que decía San Juan de Dios "haciendo el bien a otros nos lo hacemos a nosotros mismos". Así que gracias. Sin ese apoyo nosotros no podríamos hacer, ya que nos faltaría algo, no sólo lo económico, si no el poder compartir con otros esa dimensión nuestra de ser transmisores de Hospitalidad.
 
 
Adriana Castro
Fundación Juan Ciudad