La espiritualidad en la sociedad y la asistencia sanitaria contemporánea

Labor Hospitalaria n.322 (2018)
Autoría
Mercè Puig-Pey
Anna_Ramió
Autoría

David Lorenzo,
Profesor titular. Campus Docent Sant Joan de Déu. Barcelona

Este artículo  aborda el papel de la espiritualidad en la sociedad y la asistencia sanitaria contemporánea. Puede decirse que, en general, la antropología y la filosofía del siglo XX han negado o han soslayado la dimensión espiritual de la persona. De igual manera, en el ámbito sanitario y en la concepción tradicional de la salud y de la enfermedad (de corte biologicista), la vertiente espiritual de las personas no ha sido objeto de atención. En las últimas décadas, esa tendencia ha cambiado y, en la actualidad, tanto la cultura como la asistencia sanitaria dan cabida a la espiritualidad como una cualidad esencial del ser humano. Para atender correctamente esa dimensión, las Provincias de San Rafael-Aragón y de Castilla iniciaron, hace unos años, un posgrado dirigido a profesionales de la salud, el Posgrado en “Humanización y atención espiritual en sociedades plurales”.

Palabras clave: Espiritualidad, cultura, sociedad, asistencia sanitaria, educación.

La recuperación de la espiritualidad en la cultura y en la asistencia

En el pasado siglo, con el avance de la tecnología y el desarrollo de la ciencia experimental, en el marco del fortalecimiento del Estado moderno, se impuso un acercamiento a la salud (a la medicina, al paciente, etc.) de tipo biologicista, centrado en el aspecto puramente fisiológico de ésta (y de la enfermedad). Posteriormente, se fueron detectando necesidades del paciente que no quedaban cubiertas desde dicha perspectiva y, por ello, se vio la necesidad de ampliar la mirada. Sólo así —se pensaba— sería posible comprender cabalmente el fenómeno ‘enfermedad’ y, sobre todo, a la persona que lo padece, el enfermo. De ahí surgió la necesidad de considerar los aspectos psicológicos y sociales de la enfermedad (Wilson y Mabhala, 2009: 15-17).

Desde esa perspectiva, describir y comprender la causa y las características de una enfermedad no podía reducirse a la consideración de la alteración fisiológica y ni siquiera a la mera consideración de la enfermedad en sí misma: era necesaria una mirada más global y la atención a la persona de forma holística. Y eso incluía tener en cuenta su psicología y su entorno social. Desde entonces, a partir de los años 60 del siglo pasado, conceptos como ‘determinantes sociales de salud’, ‘estilo de vida’, ‘red social’ o ‘bienestar’ (no sólo ausencia de un malestar) empezaron a tener su espacio en el mapa o el panorama de la salud y la asistencia. Hablar de ‘enfermedad’ era hablar de todos esos conceptos. Hubo escuelas que abogaron entonces por considerar requisitos de una verdadera salud (o elementos influyentes en ella) factores como las políticas en la distribución de recursos, la paz social, etc. (Wilson y Mabhala, 2009: 15-17). De diversas formas y con distintas manifestaciones, estos cambios encarnaban el modelo llamado ‘bio-psico-social’. Desde esta perspectiva, la salud se consideraba un hecho multidimensional y plurideterminado porque la persona también lo es: una unidad pluridimensional. Así lo mostraba la definición de ‘salud’ que ofreció la OMS en 1946: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (OMS, 1946: 1). 

Paralelamente, otra dimensión fue entrando en el panorama de la asistencia, si bien de una manera más parcial y quizá más lenta o segmentada: la dimensión espiritual. Decimos de una manera “más lenta o segmentada” porque dicha dimensión, si bien presente o considerada en algunos ámbitos (en la profesión enfermera, por ejemplo), estuvo apartada u oculta en mucho otros. Durante la segunda mitad del siglo XX, por una parte, la dimensión espiritual fue una dimensión reconocida, por ejemplo, por la Disciplina enfermera; pero, por otra, predominó una antropología y un pensamiento, en general, reacios al espíritu o a la consideración de cualquier dimensión espiritual en el ser humano: materialismo (Marx), existencialismo (Sartre, Camus, etc.), posmodernidad (Vattimo), etc.

Por ejemplo, en 1946, el psiquiatra Viktor Frankl, creador de la logoterapia existencial, escribió sobre la necesidad de trascendencia y sentido para la salud mental del individuo en su valiosa obra autobiográfica El hombre en busca de sentido. En 1954, Alice Price, en la introducción a su libro de texto The Art, Science and SpiritofNursing, afirmaba que las enfermeras deben servir a la humanidad no sólo cuidando el cuerpo enfermo o dañado de las personas sino “atendiendo asimismo las necesidades de la mente y el espíritu” (en O’Brien, 2018: 2-3). En la misma línea, Virginia Henderson, en su famoso libro Basic principles of nursing care, publicado en 1960, señalaba como una de las 14 necesidades esenciales del ser humano (de la persona atendida) la de actuar según la propia fe y los propios valores (necesidad 11).

Puede decirse, pues, que, en el marco cultural europeo de la segunda mitad del siglo XX, la dimensión espiritual era reconocida o considerada en unos ámbitos (el asistencial, por ejemplo) pero no en otros (el antropológico, el filosófico)[1]. No obstante, conviene señalar —ya ciñéndonos al ámbito asistencial— que dicho reconocimiento no implicaba un interés extendido o mayoritario ni, por tanto, un desarrollo profundo en el ámbito de la teoría (fundamentación, análisis) y de la práctica (intervención clínica). En los años 50 del siglo XX, el ámbito del espíritu en la asistencia sanitaria era reconocido pero no era objeto de profundización ni de interés destacado.

Ese interés más intenso apareció en las décadas siguientes, a partir de los años 80. Ese cambió se debió, en parte, a que la cultura en general empezó a hacerse más permeable a temas espirituales, empezó a considerar, de una manera muy paulatina y no siempre patente, la dimensión espiritual del hombre como una dimensión digna de atención o, al menos, aceptable en la reflexión intelectual sobre él. Prueba de ello —una prueba de ello— es el concepto de ‘inteligencia espiritual’.

El término ‘inteligencia espiritual’ fue acuñado a finales de los 90 por Dahar Zohar (profesor de la Universidad de Oxford) e Ian Marshall (psiquiatra de la Universidad de Londres) (Torralba, 2016: 46). El origen o el marco que permite entender la aparición de este concepto es la ‘teoría de las inteligencias múltiples’, elaborada por el psicólogo Howard Gardner en 1983 en su obra del mismo título (La teoría de las inteligencias múltiples). Según Gardner, la inteligencia es una capacidad que sirve para resolver problemas a través de unas potencialidades neuronales que pueden ser o no activadas dependiendo de muchos factores (Torralba, 2016: 28). Dichas potencialidades son diversas y, por ello, el término ‘inteligencia’ no es unívoco: hay varios tipos de inteligencia.

Gardner distinguió las siguientes inteligencias (Torralba, 2016: 30): lingüística, musical, lógico-matemática, corporal-kinestésica, espacial-visual, intrapersonal (referida al propio individuo), interpersonal (llamada también ‘social’) y naturista (relacionada con la observación y comprensión del entorno natural). Como complemento a éstas, el psicólogo habló también de la posibilidad de admitir o reconocer una inteligencia ‘moral’ o ‘espiritual’, aunque se inclinaba por considerarla más bien una fusión o amalgama de las inteligencias interpersonal e intrapersonal, añadiéndose a esa unión un componente valorativo (Torralba, 2016: 68).

En ese marco de investigación y análisis psicológico, Zohar y Marshall descubrieron que, cuando la persona realiza alguna práctica espiritual o habla del sentido de su vida, las ondas electromagnéticas en su cerebro presentan oscilaciones de hasta 40 megahercios a través de las neuronas. Tales oscilaciones recorren todo el cerebro pero, en la zona concreta del lóbulo temporal, presentan mayor oscilación y, a la vez, estabilidad. Según Zohar, la inteligencia espiritual activa las ondas cerebrales permitiendo que cada zona especializada del cerebro converja en un todo funcional (Torralba, 2016: 46). Según Torralba, sin la inteligencia espiritual, la lista de inteligencias quedaría incompleta (Torralba, 2016: 11).

H. Gardner se refiere a la inteligencia espiritual como ‘inteligencia transcendente’ o ‘existencial’ y la define como “la capacidad para situarse a sí mismo con respecto al cosmos, como la capacidad de situarse a sí mismo con respecto a los rasgos existenciales de la condición humana como el significado de la vida, el significado de la muerte y el destino final del mundo físico y psicológico en profundas experiencias como el amor a otra persona o la inmersión en un trabajo de arte” (Torralba, 2016: 45).

Posterior o paralelamente a esos descubrimientos o debates, otras teorías y autores fueron investigando y haciendo propuestas sobre la dimensión espiritual del hombre desde muy diversos ámbitos: psicología, psiquiatría, sociología, etc. (Torralba, 2016: 45-50). Esas propuestas son tan sólo ejemplos —también, en parte, causas— del cambio cultural ocurrido en la cultura occidental en los últimos 20 ó 30 años: hoy es aceptada la idea, desde diversas disciplinas y posiciones ideológicas, de que hay “en el ser humano una serie de operaciones, un campo de necesidades y poderes que difícilmente se pueden explicar a partir del cuadro de inteligencias múltiples que ofreció, en su momento, Howard Gardner” (Torralba, 2016: 12-13). “Se debe reconocer que lo espiritual vuelve, de nuevo, a entrar en el mundo de lo intelectual y a considerarse como un dato específicamente humano que requiere atención” (Torralba, 2016: 67).

En la misma línea, dentro del ámbito asistencial, BarbaraBarnum, en su obra Nursingtheory: Analysis, application, evaluation, afirmaba en 1994 que el modelo biopsicosocial estaba siendo ampliado por la consideración de la dimensión espiritual del ser humano y que “los académicos de la Enfermería estaban mostrando un renovado interés por la dimensión espiritual del cuidado” (en O’Brien, 2018: 3-4).

El interés por la dimensión espiritual de las personas en el ámbito de la asistencia sanitaria, durante las últimas tres décadas, ha tenido grandes implicaciones teóricas y prácticas, especialmente en la Disciplina enfermera. A modo de breve muestra, mencionamos a continuación algunos ejemplos de ello.

Una cantidad ingente de investigaciones y publicaciones se han ido desarrollando. Las investigaciones en el ámbito enfermero o del cuidar sobre la espiritualidad son en la actualidad muy diversas y abarcan un amplio espectro de temas y cuestiones: espiritualidad y religión en el cuidar, la evaluación de necesidades espirituales en la práctica enfermera, diagnóstico enfermero en espiritualidad o el cuidado espiritual en áreas específicas (salud mental, final de vida, atención primaria) (Westera, 2018: 3-4).

Se ha mencionado el diagnóstico enfermero. Éste, en nuestra opinión, supone un ámbito que ejemplifica muy bien y de una manera práctica la progresiva importancia y consideración que la dimensión espiritual ha recibido en la atención sanitaria en las últimas décadas. M. E. O’Brien, autora experta en espiritualidad en la Disciplina enfermera, en un estudio que realizó en el año 1982 titulado “Theneed for spiritual integrity”, señalaba siete diagnósticos enfermeros englobados en el concepto “alteraciones de la integridad espiritual”: sufrimiento espiritual, alienación espiritual, ansiedad (zozobra) espiritual, culpa espiritual, ira espiritual, pérdida espiritual y desesperación (en O’Brien, 2018: 56-57).La clasificación taxonómica NANDA (2017) reconoce el diagnóstico de sufrimiento espiritual (00066). También recoge el “Riesgo de sufrimiento espiritual” (00067).

Esa tendencia en la cultura asistencial también se manifestó en el ámbito institucional de diversas maneras (a través de directrices, recomendaciones, etc.) tanto en un nivel local (países concretos) como en el nivel internacional. Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud, en un informe de 1990 sobre cómo abordar el tratamiento del dolor en pacientes con cáncer, recomendaba tener en cuenta las necesidades espirituales de ese tipo de pacientes (OMS, 1990: 51).

En USA, a finales de los 90, la Joint Commision (comisión encargada de acreditar a organizaciones sanitarias) reconoció la importancia de tener en cuenta la dimensión espiritual de la persona enferma y recogió, entre sus estándares de control de calidad, la evaluación de las necesidades espirituales (O’Brien, 2018: 47). El aumento en la producción y en publicaciones científicas sobre la espiritualidad supuso una inercia que continúa en la actualidad.

Por todo ello, afirma O’Brien que, si se avanza en la pretensión de ofrecer un cuidado verdaderamente holístico, la importancia de la espiritualidad en la teoría y práctica enfermera es hoy insoslayable (O’Brien, 2018: 6, 8). La autora afirma esta conclusión refiriéndose a la profesión enfermera, pero pensamos que podría aplicarse a todas las Ciencias de la salud en general.

 

La necesidad de formación sobre espiritualidad

La atención espiritual y religiosa contribuye de forma decisiva a la realización de la misión evangelizadora y pastoral de la obra de San Juan de Dios. Por ello, nuestros centros ofrecen una asistencia que considera las diversas dimensiones de la persona humana: biológica, psíquica, social y espiritual. Solamente una atención que trate todas estas dimensiones, al menos como criterio de trabajo y como objetivo a lograr, podrá considerarse asistencia integral (OHSJD, 2012).

Para poder realizar en nuestros centros este acompañamiento integral se hace cada vez más necesario profundizar, no sólo desde la profesión enfermera sino desde los diferentes ámbitos asistenciales, en la comprensión del fenómeno espiritual y religioso. Entendemos que la formación es clave y que la aportación teórica de diversas disciplinas nos puede ayudar a comprender la riqueza y la complejidad de esta dimensión, teniendo en cuenta sobre todo los retos que viene planteando la secularización de nuestras sociedades y su pluralismo religioso. Es, pues, importante generar plataformas de diálogo entre las distintas profesiones asistenciales que nos acerquen a los nuevos lenguajes espirituales y formas religiosas de las personas que atendemos y que trascienden la histórica tradición católica de nuestro país. Vemos como las capellanías hospitalarias van dando paso a un nuevo perfil profesional, que atiende la dimensión espiritual y religiosa en coordinación con los diversos equipos asistenciales, y, desde un marco teórico propio colabora en el proceso de salud de la persona a la que se atiende. En el desarrollo de este proceso de cambio es básico profundizar en nuevas categorías y estrategias, así como desarrollar nuevas herramientas asistenciales que nos permitan acercarnos y atender a la persona doliente al estilo de San Juan de Dios.

Nuestra Institución, como lo ha hecho históricamente, desea seguir acompañando a las personas en su situación particular de sufrimiento y vulnerabilidad de un modo integral. Para hacerlo de la manera más respetuosa y adecuada posible, en el contexto sociocultural actual, nuestra mirada y nuestra acción deben ser respetuosas e integradoras y deben tener en cuenta todas las dimensiones del ser humano que fundamentan y configuran el modelo asistencial de la Orden Hospitalaria.

Una de las acciones formativas que la institución viene impulsando en esta línea es el Postgrado en Humanización y atención espiritual en sociedades plurales. La formación está apoyada por las provincias de Aragón y Castilla y el próximo octubre ofrece su V edición. Es una formación universitaria dirigida a los profesionales de los servicios de atención espiritual y religiosa pero también a todos los profesionales del ámbito sanitario y social con el fin de ayudarles a profundizar en la dimensión espiritual y religiosa de las personas que atienden y a reflexionar sobre los retos prácticos que ello comporta para nuestros centros y para nuestra apuesta transdisciplinar.

 

Contenido del Postgrado Humanización y atención espiritual en sociedades plurales

El Plan formativo está vertebrado en dos ejes teóricos, un tercer eje teórico-práctico y un último y cuarto eje cuyo objetivo es la elaboración de un proyecto de investigación o ensayo.

En el primer eje, el conocimiento impartido se centra en la condición humana haciendo hincapié en su dimensión espiritual desde una mirada antropológica, filosófica y sociológica. Desde estas disciplinas seculares se tantean las respuestas a las preguntas, nunca cerradas, sobre la persona, su lugar en el mundo, su fragilidad y vulnerabilidad, el sentido de su sufrimiento y su muerte. También se ofrece una visión evolutiva de los contextos históricos y socioculturales en los que se ha incardinado y desarrollado el cuidado integral tanto en el ámbito de la enfermedad como en el de la exclusión social.

El segundo eje muestra y reflexiona sobre las respuestas a esas preguntas fundamentales que las religiones denominadas universales han ofrecido y siguen ofreciendo a las personas a lo largo de los siglos. Judaísmo, hinduismo, budismo, cristianismo (con sus ramas principales), islam, animismo, agnosticismo, ateísmo. Religiones y tradiciones que se han ido conformando a lo largo de los siglos con el objetivo de dar razón, calidez y herramientas cotidianas que hagan posible elevar la vida del ser humano a la plenitud de sus potencias. En este eje se presta especial atención a la tradición bíblica y evangélica, considerando la identidad cristiana propia de la Orden Hospitalaria. También se hace hincapié en la antropología y teología sacramental y el desarrollo de la Pastoral de la salud.

Tras este marco teórico general el enfoque del tercer eje se orienta hacia los aspectos más prácticos de la atención espiritual y religiosa en los distintos sectores y ámbitos profesionales propios de la institución. Diversidad de docentes imparten este eje, entre ellos algunos profesionales asistenciales de ámbitos como Medicina, Enfermería, Trabajo Social, Psiquiatría, Psicología, atención espiritual, etc. Todos ellos exponen en el aula su conocimiento práctico al tiempo que abren escenarios diversos donde compartir y debatir los retos que plantea hoy día el cuidado de la dimensión espiritualidad en el pleno desarrollo de la atención integral. Habilidades comunicativas, criterios para el abordaje de dilemas éticos y morales, diversidad de modelos de atención espiritual de base filosófica y teológica, diálogo entre psicología y espiritualidad, acompañamiento al final de la vida, atención al duelo, exclusión e integración social, etc. son las materias base que permiten a los estudiantes una reflexión interesante e intensa. También se hace hincapié en el desarrollo de estrategias y herramientas que ayuden a abordar la espiritualidad en el quehacer profesional. Este eje contempla una jornada de fin de semana cuyo objetivo es profundizar vivencialmente en las materias impartidas a partir de talleres prácticos.

A lo largo de todo el curso los estudiantes desarrollan su trabajo final de postgrado bajo supervisión tutorial. Los proyectos, de gran riqueza y variedad, se exponen públicamente y son evaluados por un tribunal.

 

Conclusiones

El siglo XX ha sido testigo de un cambio cultural y asistencial con respecto a la espiritualidad. De manera progresiva, la cultura y la atención sanitaria se han ido abriendo y han ido aceptando la dimensión espiritual de las personas. La visión materialista del ser humano ha dado paso a una antropología que incluye la faceta espiritual como una faceta más de la persona. A la vez, la visión de la salud/enfermedad biologicista ha ido evolucionando hacia el modelo bio-psico-social-espiritual.

En el marco de esos cambios profundos, el Postgrado en Humanización y atención espiritual en sociedades plurales es una propuesta formativa que, desde hace unos años, pretende ofrecer una formación sólida a profesionales asistenciales para poder afrontar la atención a la dimensión espiritual de la persona de manera profunda y solvente.

Referencias

NANDA (North American Nursing Diagnosis Association) (2017).

O’BRIEN, M. E. (2018), Spirituality in Nursing. Standing onHolyGround, Jones and BarlettLearning, Burlington, 6ª ed.

OHSJD (2012), La Pastoral según el estilo de San Juan de Dios.

OMS (Organización Mundial de la Salud) (1946), Constitución de la Organización Mundial de la Salud, firmada el 22 de julio de 1946, N. York (1990), Cancerpainrelief and palliativecare: reportof a WHO expertcommittee, Geneva. 

TORRALBA, F. (2016), Inteligencia espiritual, Plataforma Editorial, Barcelona, 8ª ed. (1ª ed., 2010).

WESTERA, D. A. (2018), Spirituality in NursingPractice: TheBasics and Beyond, Springer, N. York.

WILSON, F. y MABHALA, M. (eds.) (2009), Key concepts in PublicHealth, SagePublications, London.

[1] Por otra parte, el reconocimiento de la dimensión espiritual del ser humano solía tener lugar en marcos ligados a la religión.