Espiritualidad del profesional de la salud cristiano

Labor Hospitalaria n.322 (2018)
Autoría

Arturo Fuentes Varela,
PROSAC. Orense.

En el campo de la espiritualidad cristiana los profesionales de la salud de todas las épocas han sido unos privilegiados. El hecho de que Jesús de Nazaret haya manifestado la presencia del Reino a través de sanación, compasión y ternura por los enfermos, identificado por los Padres como el Cristo Médico, ha sido un modelo claro para seguirle.

Discernir y orar lo que se nos ha regalado de cristiano en la vocación y el ejercicio de nuestra profesión de sanitarios está en la base del cultivo de nuestra espiritualidad. Descubrir dones, desarrollarlos madurando en ellos, sintiéndonos como orantes en permanente acción de gracias por lo recibido, capacitándonos para el servicio misericordioso con los enfermos y sus familias, en equipo, como pueblo de Dios, como Iglesia, en ello se va a jugar el sentido de nuestra vida ante el Padre (cfr. GE 170). En eso va a consistir la espiritualidad de los profesionales sanitarios cristianos; es decir, su repuesta a la llamada a ser santos.

 

“Estar centrado, firme en torno a Dios que ama y que sostiene” (GE 112)

En el mundo de la salud y la enfermedad se han logrado significativos éxitos en los últimos 50-75 años, más que a lo largo de los veinticinco siglos previos de existencia de la medicina hipocrática. Esto puede ser tentador y conducirnos a sentirnos señores de la naturaleza, dominadores absolutos, creadores de nuevas formas alternativas de existir,… además de sentirnos por encima de los propios enfermos a quienes hicimos el servicio de sanación con éxito, descuidando el trato igualitario y el debido respeto a la dignidad de las personas. Y esto no sería de recibo en un camino espiritual como seguidores de Jesús.

Estar centrados en torno a Dios, en referencia a Él como único absoluto y Señor  naturaleza y de la salud, nos permite mantener nuestra identidad de criaturas, a quienes se les encomendó el gobierno de la Creación (Gn 1,28), y se les regaló los dones diversos del Espíritu Santo, para ejercerlos como servicio a favor de todas las personas. Y ello no merma nuestras ansias y posibilidades de escrutar el mundo, investigándolo, conociéndolo, manejándolo al servicio de la salud y la curación de las enfermedades.

Ese estar centrados en Dios Creador y Señor de la historia; con la humildad en vernos criaturas y gestores, no dueños, de la creación; con la misión de ser investigadores al servicio de un mejor resultado en el trato con los hermanos enfermos; actualizados en los conocimientos, honrados y pacientes (nosotros, no los enfermos); vamos dando un timbre característico a lo que va tomando forma en nosotros, los profesionales sanitarios cristianos, como peculiaridad de nuestra identidad espiritual : “servir al enfermo como lo hacía él (Jesús), “ungidos por la fuerza del Espíritu” (JA Pagola)

 

La alegría y el sentido del humor” (GE.122)

Estar centrados en Dios con una identidad de servidores nos llena de alegría, porque nuestra labor no es de titanes, semidioses, sino de cuidadores poniendo en práctica lo que en cada momento de la historia de la humanidad unos y otros vamos adquiriendo como sabiduría al servicio de la salud y de la enfermedad. El esfuerzo en el estudio constante; el carácter laborioso, siempre teniendo como centro al enfermo, que para eso nos capacita precisamente el estar centrados en Dios, nos transmite gozo, al saber que, si bien a Dios nadie lo ha visto (cfr. 1 Jn 4,12), permanece, no obstante en nosotros, si amamos a los hermanos. Y eso es fuente de alegría para quien quiere desempeñar su vida, su vocación, su oficio, su encomienda como camino de santidad.

De cara a los enfermos se manifiesta en acogida calurosa, en trato tierno, en informaciones esperanzadas, en fidelidad a lo largo de su camino.

La parresía que es “audacia y empuje evangelizador” (GE 129)

A veces, parece que si pensamos tal como nos invita Francisco y vamos discurriendo, estamos en “otro mundo”. Y es cierto que podemos construir otro mundo de la sanidad y del cuidado de los enfermos, más humano, si con nuestro espíritu de profesionales de la salud seguidores de Jesús tenemos la audacia, la valentía, el empuje, el compromiso de hacer que las estructuras sanitarias giren en torno al enfermo como centro de atención y el temple de los profesionales se manifieste como hospitalidad, cercanía, estudio, honradez, respeto, fidelidad, etc.

Si creemos en el modelo, si lo experimentamos a corta distancia, ¿por qué no proponerlo con parresía a nivel de gestión estructural del sistema? El Papa nos invita a que esta audacia sea un constitutivo significativo de nuestra espiritualidad.

 

El camino comunitario”, nota destacable en el camino espiritual cristiano (GE 140)

Quien transite un poco por el camino espiritual cristiano descubre enseguida que este es un camino comunitario, eclesial, como pueblo. Todos somos necesarios al servicio de los enfermos y necesitados. A todos se nos manifiestan claves de cuidado. La deliberación interdisciplinaria da luces para un mejor cuidado y al mismo tiempo nos deja un sentido de la eficiencia que ayuda a vivirnos alegres como cuidadores.

 

La apertura habitual a la trascendencia (GE 147)

Y por último, como nota global, señala que “la santidad está hecha de una apertura habitual a la trascendencia, que se expresa en la oración y adoración” (GE 147)

No somos los dueños de la salud. No lo podemos todo. Lo poco que sabemos lo manejamos dentro del marco de la estadística científica; nuestra verdad no es un absoluto, sino una proporción.

Nos admiramos con frecuencia de los logros conseguidos, cuya clave de interpretación todavía se mantiene en la caja oscura. Rezamos para que el Señor de la salud dé éxito a la labor de nuestras manos para servicio del enfermo y necesitado. Rezamos para que nos mantenga como profesionales de la salud centrados en Él, contemplativos, laboriosos, hospitalarios, humildes, compasivos, servidores y alegres, viviéndonos como Iglesia y con audacia evangelizadora.