“La espiritualidad siempre nos lleva un poco más allá de nosotros mismos"

Mercè Puig-Pey

Para empezar, hablemos de la realidad espiritual del ser humano. ¿Todos y cada uno de nosotros como seres humanos contenemos una dimensión espiritual?

La espiritualidad es algo inherente, constitutivo del ser humano. Somos herederos de una tradición, la judeocristiana, que contiene en sus mitos de origen, ya presente, el aliento del Espíritu que da Vida. Nos habla de ello el Génesis, libro escrito en el siglo V a.C. en el destierro de Babilonia y, por lo tanto, en contacto con las grandes corrientes de la tradición oriental. Nos dice su autor que, Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo e insufló en sus narices aliento de vida, y resulto el hombre un ser viviente (2,7). Cada tradición cultural y religiosa concibe el ser humano a su manera y de acorde a su mentalidad. Lo que ninguna cultura pone en duda es esa dimensión espiritual que define nuestra humanidad y que de algún modo nos abre al misterio de nuestra existencia y libertad.

¿Cómo se entiende esta vertiente espiritual de la persona en la Orden Hospitalaria, de hecho, se incluye como un valor calificativo de nuestra acción?

Ya Juan de Dios atendía, en su modelo asistencial, a la mujer, al hombre en su totalidad. Al cuidar no podemos fragmentar a la persona que cuidamos. La enfermedad, el desamparo, atañen a la totalidad del ser humano. Hemos identificado enfermedades, situaciones de riesgo social, pero ello no implica que suframos parceladamente, fragmentadamente. Es, pues, a la totalidad de lo que somos lo que nuestro modo de hacer asistencial desea cuidar.

Podemos considerar, pues, la espiritualidad desde la antropología, y entenderla como una dimensión constitutiva del ser humano y por lo tanto una parte importante en el desarrollo de nuestro modelo de atención integral, junto a lo físico, lo psicológico y lo social. Por otro lado, y tal cual impulsa también la Orden Hospitalaria, considerar la Espiritualidad como un valor, o sea, algo valioso por sí mismo y que queremos tener en cuenta y desarrollar en nuestros centros. Cuando Fr. Pierluigi Marchesi, ya en los años 80, habla de humanizar el hospital, no sólo se refiere a la modernización de los edificios y al cuidado y a la atención, profesionalmente, excelente del paciente que sufre sino también a velar por el desarrollo de todas las capacidades humanas de los profesionales, incluida la espiritual, para que se pongan todas ellas en juego en el actuar asistencial. Para Fr. Marchesi, la espiritualidad nos remite en última instancia a la experiencia de Amor y de comunión con el otro y con Dios, única capaz de humanizarnos y humanizar. Nos humanizamos amando, amándonos unos a otros, como nos recuerda Jesús, especialmente en el evangelio de Juan. Y es que la espiritualidad siempre nos trasciende. Siempre nos lleva un poco más allá de nosotros mismos. Es un buen camino para liberarnos del ego que nos encierra y corrompe nuestras relaciones, nuestras instituciones y nuestras sociedades.

¿Espiritual quiere decir religioso?

No son sinónimos aunque si van de la mano. La espiritualidad, ese aliento de vida que nos trasciende como personas y como grupos, busca sus propios caminos de expresión. A lo largo de la historia esta expresión se ha organizado a través de lo que hemos llamado religiones. Lo religioso, pues, implica el desarrollo de lo espiritual que se expresa de un modo organizado e institucionalizado, con creencias consensuadas y rituales particulares de cada confesión. Nos guste o no, tendemos a la institucionalización ya que nos facilita la vida en comunidad. La espiritualidad también se expresa a través del arte, de la música, de la literatura, de las relaciones, del silencio. Hay corrientes apofáticas muy importantes dentro de las mismas religiones que ofrecen mucho al mundo, aunque el silencio y la mesura no están de moda hoy día. Es importante conocer que las confesiones religiosas ayudan a sensibilizar y a desarrollar la espiritualidad aunque, a veces, corren el peligro de rutinizar y endurecer los grupos no dejando espacio a la creatividad y libertad personal, que es propia de lo espiritual. Baste recordar que a Jesús lo mataron por blasfemo, por ir contra una imagen de Dios determinada y legalizada a través de una religión y su Ley. A veces lo olvidamos. El soplo del Espíritu siempre viene con ese plus de audacia, difícil de encajar, y, que en el caso del cristianismo cuelga de una cruz.

¿Cómo desarrollan su labor los Servicios de Atención Espiritual y Religiosa de nuestros centros?

Tenemos equipos en cada centro que actúan por demanda directa atendiendo todas aquellas personas y familias que necesitan de nuestra atención específica. Indirectamente colaboramos y damos apoyo a los profesionales y voluntarios, trabajando con ellos codo con codo cuando es menester y ofreciéndoles formaciones, espacios de reflexión, debate, jornadas especializadas y retiros espirituales. Es mucha la tradición desarrollada a lo largo de estos cinco siglos por la Orden Hospitalaria en este ámbito y nos esforzamos, como equipo, en asumir todo su bagaje espiritual. A nivel de estructura, nos estamos reorganizando en los centros, tal cual proponen los últimos documentos desarrollados por la Orden Hospitalaria. Nuestro objetivo es que los Servicios de Atención Espiritual formen parte estable en los organigramas de cada centro, con dependencias consensuadas y clarificadas, y coordinaciones formales, no de pasillos y buena voluntad. Cada Servicio está elaborando planes funcionales que nos permiten marcar objetivos cuatrienales y decidir, en consenso con las direcciones pertinentes de las que dependemos, en qué unidades y servicios vamos a actuar y con qué acciones llevaremos a cabo nuestra labor. También cuidamos los espacios litúrgicos y festivos ligados a la tradición hospitalaria. Ante nosotros se abre, cada vez con mayor intensidad, el reto de escribir y comunicar nuestro modo de hacer así como el modelo que estamos desarrollando en sintonía con los fundamentos teológicos y carismáticos de la Orden Hospitalaria, abiertos a la universalidad y respetuosos con las confesiones religiosas presentes en cada comunidad con el fin de ofrecer la alegre noticia sanadora del Evangelio al máximo de personas que lo necesiten.