Valores y discapacidad intelectual

Revista IN nº220 (2011)
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Debemos dejar paso a un modelo que incorpore valores que mejoren el reconocimiento de los derechos de las personas con discapacidad intelectual y de sus niveles de satisfacción personal.

Estamos viviendo un momento muy importante en las organizaciones del ámbito social  en lo relacionado con el modelo de atención a las personas con discapacidad y a sus familias. Modelo que deja atrás la atención basada en una perspectiva biomédica-rehabilitadora e incorpora la subjetividad personal de todas y cada una de las personas usuarias de los servicios como eje central de la mejora de la calidad  de vida.

Profesionales y sociedad tenemos que defender este cambio, sin miedo, desarrollando nuevas culturas que incorporen debates éticos en la toma de decisiones; durante muchos años nos ha correspondido determinar qué es lo bueno para alguien que nunca ha decidido que es lo mejor para él. Decidir cómo gestionar el derecho a la libertad, a la salud, al desarrollo de la sexualidad, a la propiedad, a la intimidad….supone tener valores propios que determinan que es lo bueno para la vida personal. Son muchas las personas que atendemos que no han desarrollado su capacidad de autodeterminación (para expresar sus propias motivaciones, valores y necesidades de una forma asertiva) y las personas que nos responsabilizamos de acompañarles no siempre compartimos el mismo código moral, ni los mismos objetivos, ni valoramos del mismo modo las cuestiones, ni las responsabilidades son las mismas. Esta complejidad nos exige reconocimiento y compromiso de las diferentes partes de deliberar para encontrar la solución más adecuada a un conflicto que es vivido de manera distinta por las diferentes partes implicadas en el mismo. Por ello las deliberaciones basadas en la búsqueda de la calidad de vida, tiene que ser un requisito imprescindible en la metodología de trabajo de la organización. Las aportaciones tienen que ofrecer seriedad, solidez y rigor. De ahí la gran importancia de la formación de los profesionales en este nuevo modelo de atención, para poder opinar se tiene que tener conocimiento en la materia, no vale la superficialidad en el abordaje de los temas. Un profesional formado es un signo de calidad y  contribuirá a  construir una organización con un signo propio de identidad y con un alto grado de competencia.

Debemos tender a estilos propios que fomenten el compromiso de la escucha de la voz de la persona, compromiso de no dominarla, ni convencerla, ni de interpretar lo que dice, tan sólo permitir y posibilitar a otra persona que relate sus experiencias e intérprete lo más valioso que tiene: su propia vida.

Como agentes de cambio que somos, debemos provocar nuevas propuestas que dejen atrás actitudes y posiciones de poder que, en definitiva, lo único que hacen es invalidar y discapacitar a la persona, persona que quiere tener una vida digna y valiosa, que tiene la necesidad de vinculo, de confianza con el que le apoya y le guía en su proyecto de vida.

Tenemos el deber de mejorar su capacidad de participación y delegarle con la ayuda necesaria, la toma de decisiones. En definitiva y por derecho, debemos contribuir a favorecer el desarrollo de la autonomía de estas personas. Adaptémonos a su ritmo y sepamos ver que de esta relación que se establece siempre existirán aportes muy valiosos para ambos y todo desde un prisma de la igualdad.

Debemos dejar paso a este modelo que incorpora valores de modo que además de mejorar en los indicadores y objetivos de calidad, mejore también el reconocimiento de sus derechos y en sus niveles de satisfacción personal.

Tengamos pues presente que mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad y sus familias  significa tener confianza en ellos, ser solidarios con sus limitaciones, respetar su identidad, aplicar el sentido de justicia sin discriminarlos por su discapacidad, incluirlos en la sociedad como ciudadanos de pleno derecho potenciando la participación social y por supuesto favorecer a que sean agentes activos de su propia vida.

Las organizaciones que tienen en cuenta estos valores, son organizaciones abiertas al progreso y al futuro y por supuesto son organizaciones vivas  basadas en la persona.

Sant Joan de Déu Terres de Lleida - Almacelles