Los límites del principio de autonomía. Consideraciones filosóficas y bioéticas.

Labor Hospitalaria n.251 (1999)
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La autonomía, junto con el principio de beneficencia, de no-maleficencia y de justicia, constituye un principio fundamental en la bioética clínica desde sus inicios. Sin embargo, la afirmación de la autonomía del paciente, considerado como agente moral, no debe comprenderse de forma excluyente y menos aún de forma absolutista, sino que la autonomía humana -y también la del paciente- debe contemplarse desde su radical vulnerabilidad y dinamicidad. La autonomía del ser humano no es ilimitada, sino concreta y dinámica, esto es, experimenta distintos grados y registros de desarrollo[1].

Frente a los excesos del autonomismo que, en muchos casos, es una reacción al paternalismo despótico, es necesario reubicar de nuevo el principio de autonomía, para evitar un uso inadecuado de este principio que vulnere no sólo el principio de beneficencia sino el mismo principio de autonomía y de no-maleficencia. La defensa del principio de autonomía presupone el conocimiento de sus límites y de su alcance.

La finalidad de este trabajo es describir, pues, los límites de este principio de autonomía, desde una perspectiva filosófica y bioética, no con el afán de reducir la autonomía del paciente, cuyo reconocimiento constituye un progreso extraordinario en la praxis médica y en la asistencia sanitaria, sino con el afán de determinar cuál es su grado real de autonomía y en qué marco se desarrolla dicha autonomía. Frente a una autonomía ideal y absoluta, es necesario reivindicar la autonomía real del sujeto que siempre y en cualquier caso es vulnerable, aunque existen grados distintos de vulnerabilidad.

Después de unas necesarias precisiones conceptuales, el trabajo recoge dos intenciones fundamentales. Por un lado, pretende desarrollar una mirada crítica a las insuficiencias del Informe Belmont de 1978 y del principialismo canónico y, por otro lado, pretende ser propositivo, es decir, acuñar de nuevo el principio de autonomía a la luz del realismo que aporta la praxis médica. Según nuestra postura, el principio de autonomía como los demás principios debe utilizarse como punto de referencia en el análisis de problemas bioéticos, pero no debe considerarse el punto arquimédico para resolver todos y cada uno de los problemas que se plantean en la realidad.

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[1] El texto definitivo que se publica debe mucho a las precisiones conceptuales del Dr. F. Abel, el Dr. J. Escudé, el Dr. M. Cuyás, el Dr. A. Nello, la Dra. Pilar Nuñez y el Dr. X. Cardona.