Código Deontológico de la Enfermería Española

Labor Hospitalaria, n. 216 (1990)
Autoría

El actual Código Deontológico por el que se rigen los profesionales de la enfermería fue aprobado en 1989, por el Consejo General de los Colegios de Enfermería. Estas normas, que ordenan el ejercicio de la profesión de enfermería en España, con carácter obligatorio para todos los profesionales, fueron publicadas en su momento en la revista L H,  precedidas de una introducción del presidente del Consejo General de Enfermería, el señor Máximo A. González Jurado, y un prólogo del entonces director del Instituto Borja de Bioética, Francesc Abel S.J.  

COMENTARIO AL CÓDIGO DEONTOLÓGICO DE LA ENFERMERÍA ESPAÑOLA

La redacción de un Cógido Deontológico siempre es tarea ctifícil y resulta tanto más satisfactoria cuanto mayor sea la base participativa en la elaboración del mismo. A medida que la base participativa es más amplia y plural resulta más difícil que el Código descienda a precisiones concretas. Por esta razón el prólogo de este Código nos coloca ya ante una perspectiva que anuncia los valores del mismo y también sus puntos flojos.

En efecto se nos habla del deseo de que el Código Deontológico sea un instrumento eficaz para aplicar las reglas generales de la ética al trabajo profesional y simultáneamente se nos advierte que los redactores han preferido ser discretos a la hora de fijar instrucciones concretas, prefiriendo mostrar el sentido último, total y humano de la profesión. Si en los casos más difíciles esta discreción contradice el deseo de eficacia del Código, corresponde a los profesionales de enfermería decidirlo, si bien nos parece algo aventurado afirmar que «construir modelos concretos>> es competencia de la conciencia individual de cada profesional responsable.

Con todo, el carácter de cierta provisionalidad ha sido aceptado por los redactores del Código, que han conseguido bastante bien el propósito de continuidad con los valores perennes de la profesión y de actualización en nuestro contexto científico, histórico, cultural y social. Presentamos ahora algunas observaciones con la idea de un diálogo constructivo. Haremos una observación sobre la distribución del articulado; algunas observaciones sobre artículos concretos, y finalmente formularemos una pregunta.

LA DISTRIBUCIÓN DE ARTÍCULOS

El Código realiza una distribución de artículos en tres apartados: la enfermera/o y el ser humano (del art. 4 al22); la enfermera/o y la sociedad (del23 al 51); la enfermera/o y el ejercicio profesional (del 52 al 84). Nos parece que en esta distribución falta una mayor lógica que resulta evidente en los artículos 52 al 58, que posiblemente estarían mejor encuadrados en el primero de Jos apartados.

Creemos que se da un énfasis necesario pero desproporcionado en el conjunto del Código a los problemas relacionados con la información (arts. 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13 y 17) y a los relacionados con el medio ambiente (arts. 23 al 30). Simultáneamente se destina un solo artículo (art. 18) al papel de la enfermera/o en la atención al enfermo terminal, y en ningún momento se habla del derecho fundamental de proteger el ejercicio del derecho a la libertad religiosa de este paciente.

Parece que un mejor redactado en los artículos mencionados anteriormente hubiera permitido concentrar las ideas reduciendo el articulado, y al mismo tiempo la problemática de la muerte y la atención al moribundo, a los familiares y a las relaciones con los otros miembros del equipo de salud merecían una mayor consideración. Nos parece un acierto la introducción específica del respeto a los derechos de los disminuidos físicos, psíquicos e incapacitados (arts. 35, 36, 37); de los derechos de los niños (arts. 38 al 42); y de los ancianos (art. 43 al 46).

SOBRE ALGÚN ARTÍCULO CONCRETO

La discreción que en el prólogo del Código se nos dice ha presidido la redacción evitando dar instrucciones concretas, aparece abiertamente manifiesta en los artículos 16, 58, 63 y 78. En efecto, en el artículo 16 se alude al aborto en los siguientes términos: «La enfermera/o tendrá presente que la vida es un derecho fundamental del ser humano y por tanto deberá evitar realizar acciones conducentes a su menoscabo, o que conduzcan a su destrucción» (cursiva nuestra). Esta formulación no impone deber alguno en un sentido estricto y parece más coincidente con lo que también se nos dice en la segunda conclusión del prólogo: «construir modelos concretos es competencia de la conciencia individual de cada profesional responsable». Asimismo el artículo 78, que trata sobre la huelga, definida con el eufemismo de «suspensión organizada de los servicios profesionales», nos parece excesivamente etéreo y creemos que hubiera sido necesario un mayor compromiso por parte de los responsables de enfermería, indicando la «prioridad del derecho de los enfermos a ser cuidados sobre el derecho a la huelga y que el respeto por el sufrimiento humano es un principio absoluto que no puede ser violado, ni siquiera en las controversias de sindicatos, dignificación de la profesión, petición de aumentos de salarios, protestas ante la administración, etc.» (art. 50 del Cógido de Ética de Enfermería del Colegio Oficial de Ayudantes Técnicos Sanitarios y Diplomados en Enfermería de Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona). Los artículos 58 y 63 determinan que «La Enfermera/o no debe aceptar el cumplimiento de una responsabilidad que no sea de su competencia, en demérito del cumplimiento de sus propias funciones»; «Para lograr el mejor servicio de los pacientes, la Enfermera/o colaborará diligentemente con los otros miembros del equipo de salud. Respetará siempre las respectivas áreas de competencia, pero no permitirá que se le arrebate su propia autonornia profesional». Es posible que estos artículos aparentemente claros creen más problemas que solucio.nes. Parece que se da por sabido, conocido y corporativamente asumido lo que quizá todavía es objeto de debate dentro de la profesión: las funciones propias de enfermería frente a las funciones delegadas, el ámbito de competencia del médico y la enfermera/o en algunas cuestiones, como por ejemplo el deber de informar al paciente, al que el Código alude tantas veces, el significado de la autonomía profesional de la enfermería, la operatividad y fuerza de los colegios profesionales para proteger esta autonomía, que según cómo se defina no parece clara ni conveniente para los pacientes, y según cómo se comprenda puede ser la reivindicación de una profesión que ha alcanzado su madurez en algunos países.

ACABAREMOS CON UNA PREGUNTA

El nuevo Código aparece cuando los Colegios Profesionales de Enfermería de Catalufia tenían ya un Código vigente desde el 29 de octubre de 1986, y que no parece haberse tenido debidamente en cuenta. En muchos aspectos parece más concreto y orientativo, salvando los mismos valores que el Código vigente ahora en Espafia. ¿Valdría la pena un estudio comparativo para pensar cómo podría mejorarse la nueva redacción futura del recién aprobado Código?

Descargar artículo completo con el articulado del Código Deontológico

LH n. 216 (2/1990)