La Hospitalidad y su futuro en la Orden Hospitalaria

Revista IN, nº 265 (2019)
Autoría

La Palabra Hospitalidad

La Hospitalidad  expresa nuestra identidad

Se trata de nuestro Instituto religioso reconocido por la Iglesia con el nombre de “ORDEN HOSPITALARIA DE SAN JUAN DE DIOS”. “Este nombre expresa nuestra identidad, pues la razón de nuestra existencia en la Iglesia es vivir y manifestar el carisma de la Hospitalidad  al estilo de San Juan de Dios”. Este es el artículo 1 de las Constituciones, el acta fundacional.. Por tanto, la palabra Hospitalidad al centro de la vida y de la actividad de los consagrados; y llevada a cabo según el estilo de San Juan de Dios. Por ello, no nos debe extrañar que las reuniones, debates y muy particularmente un Capítulo General – máxima expresión de la vida de la Orden -  tengan en sus programas el que el tema Hospitalidad  esté vivo y actual y se adelante la reflexión para ver qué futuro nos aguarda, cuáles serán sus exigencias para las que hemos de estar preparados.

Si hiciéramos un recorrido histórico, veríamos cómo la palabra Hospitalidad ha sido vivida con características diversas, según la historia y lugares, teniendo como fondo el mismo contenido de la palabra – Hospitalidad - que es como el tronco de un  árbol que se manifiesta en sus muchas ramas.

Hospitalidad “al estilo de San Juan de Dios” (Constituciones art.1)

Se trata, por tanto, de conocer la vida del Fundador, cuál fue su inspiración y dónde alimentó su hacer Hospitalidad.

Sabemos de su llamada por Dios y de su fuente apostólica. Juan de Dios es un hombre inquieto que, en contacto con la vida, vive una experiencia de aventura que le deja insatisfecho: hace de todo –será pastor, soldado, albañil, librero-, pero su corazón no está lleno; y así, un día, al contacto con la Palabra de Dios, descubre que Dios le invita, le quiere cerca de Sí, sirviendo a los enfermos; y comenzó en Granada una historia llena de amor, llena de caridad y de Hospitalidad.  Hoy es para nosotros, para la Iglesia y para la sociedad un modelo a imitar.

Juan de Dios oyó la llamada y se puso a servir a los enfermos con gran tesón y generosidad. La razón de este empeño tan absoluto se debe a su gran fe, a su sensibilidad, a su capacidad de trabajo y de oración.

Juan de Dios fue un gran “buscador” de Dios: lo encontró en la palabra de Dios -en el sermón del Maestro de Ávila-, lo encontró en la experiencia con los enfermos. No hay en Juan de Dios una doctrina, una enseñanza sistemática al respecto, pero la figura de Jesús es constante, sus cartas son un “mosaico” de ideas que demuestran la centralidad de la figura de Jesús en su vida.

Su búsqueda no fue en vano, se transformó en una experiencia que le sirvió para poner en práctica reformas  humanizadoras, estilos nuevos en el modo de cuidar, de acoger y de integrar. El servicio apostólico de Juan de Dios es una consecuencia de su cristocentrismo.

Juan de Dios es también  agente de hospitalidad

Juan de Dios no un teórico, menos aún un filósofo de la hospitalidad: la vivió en su persona y la transmitió con su palabra y con su vida, con sus obras; no posee un tratado sobre la hospitalidad; su acción es itinerante, dinámica, va en busca del otro, del necesitado.

¿Y esto por qué?  Porque Juan de Dios se sintió acogido por Dios; tiene la experiencia de ser huésped de Dios, y esta idea motriz se convierte en un movimiento; es una respuesta de gratitud hacia Dios; la hospitalidad de Juan de Dios tiene una carga de compasión, siente el dolor humano y lo convierte en fuente de acción, y por eso su hospitalidad es universal, sin fronteras, concreta y eficaz; lo vemos en su hospital de Granada: es una estructura con una praxis nueva de amor que rompe barreras sociales, religiosas, burocráticas. En su hospital eran acogidos todos, era abierto, profético; en él quedaban encarnados su carisma de caridad y su espiritualidad.

Las Constituciones del hospital de Granada reflejan un proceso claro del espíritu de Juan de Dios. En el Título 7, párrafo 9, se señala el perfil de la persona junto al enfermo según el estilo de Juan de Dios: la piedad, la caridad, la mansedumbre, la compasión, la paciencia, la sensibilidad y la disponibilidad. Es también fundamental en la hospitalidad de Juan de Dios la atención personal al enfermo; cada enfermo es sujeto único, diferente, y debe ser atendido según sus necesidades; atención no solo a la persona, sino también a su hábitat, al edificio, indicando que se sahúme tres veces los lugares donde se alojan los enfermos; y que quien está al servicio de los enfermos debe disponer también de un tiempo para estar serenamente y con paz junto al enfermo.

Las Constituciones del año 1587, capítulo 15, recogen este espíritu de Juan de Dios e indican un estilo universal e integral. Quien cuida al enfermo cuidará tanto del cuerpo como del espíritu. Y en el capítulo 16 se hace hincapié en la delicadeza que ha de tener el médico en sus preguntas; y el capítulo 20 trata de la ayuda a una buena muerte.  

Las Constituciones de la Orden en el año 1611 ponen el acento en que el enfermo es el centro del hospital y que la finalidad del hospital es el enfermo (Cfr. nº 70). El cuidado del enfermo tiene una especial prioridad. En el plan de Juan de Dios, los necesitados han de ser atendidos prioritariamente, y entre ellos los más pobres (Cfr. Const. nº 71). Las medicinas y el alimento no pueden faltar en el ejercicio de la hospitalidad (Cfr. Const. de 1585, párrafo 72). Y el párrafo 74 exhorta al ejercicio de la hospitalidad  también fuera de casa, recordando que todo lo que se hace a los pobres lo recibe el Señor como hecho a Sí mismo. Encontramos aquí el espíritu reflejado en el capítulo 25 de Mateo; el pobre, el forastero, el necesitado, el enfermo... son Cristo en la tierra, su imagen.

Y así podremos llegar hasta las actuales Constituciones y hacer una lectura para ver la traza, la unión histórica de pensamiento, de misión y de espiritualidad. El lector encontrará en los nºs 41 al 52 la descripción de “Nuestra misión Hospitalaria” –fundamento, vitalidad, destinatarios, estilo y formas de apostolado, pastoral hospitalaria, empeño, colaboración, práctica...

Una Hospitalidad de signo profético

Una fuente de inspiración podemos encontrarla también en la “Carta de identidad de la Orden”, explicación “laica y moderna” del espíritu de nuestro Fundador y de las Constituciones y Estatutos de la Orden. Tomo en consideración el siguiente párrafo de la Carta (nº 3.1.8 hospitalidad profética): “Una de las notas más originales de la Hospitalidad de San Juan de Dios ha sido la profecía. Sin medios, extranjero inmigrante con fama de loco, entregándose totalmente a Jesucristo y a los que sufren, abrió caminos nuevos en la Iglesia y en la sociedad. Sus actitudes hospitalarias sorprendieron, desconcertaron, pero funcionaron como faros para indicar caminos nuevos de asistencia y humanidad hacia los pobres y los enfermos. De la nada creó un modelo alternativo de ser ciudadano, cristiano, hospitalario a favor de los más abandonados. Esta hospitalidad profética ha sido una levadura de renovación en la asistencia y en la Iglesia. El modelo juandediano ha funcionado también como conciencia crítica y guía sensibilizadora para actitudes nuevas y prácticas de ayuda hacia los pobres y marginados”.

Construyendo el futuro de la Hospitalidad

Este ha sido el título del Documento del Capitulo General de los Hermanos de San Juan de Dios. Y como hemos visto en las páginas anteriores, la palabra Hospitalidad  ha estado siempre presente  en la vida de la Orden, partiendo de los Documentos, en particular las Constituciones y los Estatutos. Lo mismo podríamos decir de las reuniones a todos los niveles e incluso a nivel de oración.

Hospitalidad viva y actual, llena de mística

En el Documento del Capítulo General 2019 a esta Hospitalidad y su contenido se le ha añadido la expresión “construyendo el futuro”. Es una connotación seguramente bien pensada y “acertada”, hasta “urgida” por los tiempos rápidos y profundos que vivimos. Pero cuando decimos “futuro” creo que no se esté pensando en algo a largo plazo, que lo dejamos marcado en el calendario y nos olvidamos. Se trata de un futuro  ya presente, puesto en acto, no improvisado, sino que ya ha comenzado a vivirse de alguna manera,  y se empieza a notar en algunas expresiones, en gestos y no solo en palabras. Una Hospitalidad viva y actual, que está presente en las necesidades de la sociedad y que, incluso, se adelanta con gestos, es profética. Es lo que quiere significar la palabra “construir”, poner en acción, trabajar, consolidar, echar cimientos…

Si ahora me hicieran una entrevista y me preguntaran qué pondría yo de cara a una construcción de futuro en el campo hospitalario, respondería que el futuro de la Hospitalidad necesita Mística, Espíritu evangélico, llenar la Hospitalidad primero de Cristo y de Evangelio, Buena noticia; después reflexionar la Hospitalidad a la luz de quienes han sido mediación para nosotros: Juan de Dios, nuestros santos y beatos, una cronología laudatoria de Hermanos  en el arco de la historia de la Orden y, finalmente, compartir esta Hospitalidad, inyectarla, entusiasmarla, hacerla atractiva. Esto sería volver a las fuentes. Esto haría que nuestros religiosos viviesen la Hospitalidad evangélica y no solo sociológica, parecida a una ONG o a una empresa con resultados empresariales.

Convertir la “empresa” en misión de Hospitalidad

Todo un reto. La Institución se juega aquí todo lo que es y todo su futuro; dependerá fundamentalmente de la vida espiritual y evangélica  de los consagrados. De ahí que insistamos  en la necesidad de animar un “colectivo de religiosos”, abiertos a la acción  y querer de Dios en estos momentos  históricos. Necesitamos Religiosos con “mística”, tocados por Dios, capaces de convertir, desde su sencillez,  la empresa hospitalaria en una misión de Hospitalidad, y capaces de “atraer” a los Colaboradores al modo de hacer Hospitalidad según el modelo de San Juan de Dios.

Tengo la impresión de que hemos “laicizado” el modo de hacer hospitalidad, al convertir la Hospitalidad en trabajo, y no en Misión.. En estos momentos  creo que nos falta animación carismática, tanto en la vida de las comunidades, como en la gestión de las centros sanitarios o socio-sanitarios. Un hospital católico que no responda a su finalidad, la evangelización, aunque cuadren los dineros, debería cerrarse o traspasarse a otro ente, si el centro sanitario fuera necesario socialmente. Si no inyectamos en nuestra Hospitalidad la Mística, con el tiempo nuestras obras  serán “atrapadas” por la técnica, la sociología y la empresa. Se hace urgente un “liderazgo carismático”.

Evangelizar curando

La Institución religiosa  está llamada  preferentemente a vivir y transmitir los valores del carisma y dejar la gestión de las realidades temporales a los laicos. La traducción práctica  es la siguiente: la presencia y estilo de los religiosos debe cambiar de gestores a evangelizadores; pasar del poder, eficacia y progreso que son valores del gestor, pasar a la ternura, a la misericordia, a la acogida, al gozo y al amor que son valores específicos del evangelizador; es decir, que a las estructuras  sanitarias católicas no les falte el “aceite perfumado”, esto es,  los valores evangélicos.

¿Qué hacer?

  • VER lo que sucede. Ver la realidad
  • DISCERNIR. Por qué sucede lo que sucede
  • ACTUAR. Poner la medicina
  • HACER UN SEGUIMIENTO animador, estar cerca, acompañar.
  • UTILIZAR ESTRATEGIAS NUEVAS: elección de animadores, prepararlos para animar; saber “vender” el material espiritual, hacerlo atractivo, vivencial, ofrecerlo con espíritu, con entusiasmo…

Llamados a ser valientes, intrépidos, confiados. Si la “empresa” es de Dios, él saldrá fiador. Juan de Dios obró así, aun con deudas materiales, pero su obra, obra de Dios, fue adelante.

Esta es la pequeña semilla, insignificante, inyectada en SER Hospitalidad para hacer Hospitalidad, cargada de Mística. Así veo yo el futuro de la Hospitalidad en la Orden. Es decir, así, la Hospitalidad de la Orden, tiene futuro, porque está viva, llena de técnica y llena de espíritu.