Gestión de centros y fundaciones, un camino compartido

Revista IN, nº 276 (2020)
Autoría

Echar la mirada atrás es una oportunidad para tomar conciencia, agradecer y valorar el empeño de tantas personas, Hermanos y Colaboradores.

 

Acojo con gratitud este encargo de los responsables de la revista. Detenerse, ponerse de puntillas y echar la mirada atrás, es una oportunidad para tomar conciencia, agradecer y valorar el empeño de tantas personas, Hermanos y Colaboradores, que han hecho y hacen posible una bonita historia de Hospitalidad.

Comparto en este relato mi visión y reflexión sobre esta trayectoria. No es un documento histórico de fechas y datos. Éste sería un cometido para expertos. El propósito es compartir, a partir de lo que he podido observar y vivir, el desarrollo de la Provincia en estos últimos años en lo referente a la gestión de los centros y las fundaciones.

Tomo como punto de referencia el año de mi primera profesión (1984) e incorporación “profesional” en la Orden como Hermano. En aquellos años, se estaba dando un paso importante que, en mi opinión, marcaba un estilo y una manera de comprender la dirección de los centros. Se estaba trabajando y había iniciado la separación de las funciones de Hermano Superior de la Comunidad de las de Director del Centro. Hasta entonces, lo habitual era que concurrieran en un mismo Hermano. Al poco tiempo esta dinámica permitió y llevó a incorporar los primeros profesionales laicos al frente de las Gerencias. El número de colaboradores era ya significativo y algunas de las direcciones asistenciales, de recursos humanos y económico-administrativas, ya contaban en muchos centros con profesionales laicos. Sin embargo, las gerencias eran puestos que todavía se habían mantenido reservadas a los hermanos de la Orden. Eduard Claramonte, en el Hospital Materno-infantil de Esplugues y Francesc Pérez-Sarrado, en Sant Boi, fueron los primeros Directores-Gerentes laicos de la Provincia.

La intuición de separar las funciones del superior de las del gerente, hoy nos puede parecer algo muy obvio. Sin embargo, era algo habitual no solo en las órdenes religiosas, también en los negocios y empresas familiares, que la propiedad ejerciera directamente la función de la dirección. Nuestros Hermanos, con gran clarividencia, se dieron cuenta de que una persona podía tener grandes habilidades para estar al frente de una comunidad religiosa pero que ello de por si no implicaba tener las competencias para ejercer la función de gerente de un centro. Del mismo modo, había Hermanos preparados para ser buenos gerentes, pero quizá sin las características más idóneas que requiere ser el superior de una comunidad. También percibieron rápidamente que la función de “dirigir” o gestionar los centros sanitarios, se iba convirtiendo en nuestro entorno en una profesión específica que requería ser ejercida por personas que se iban formando en esta disciplina. 

La incorporación de gerentes laicos en la Provincia se fue extendiendo de una manera rápida y en poco tiempo la mayoría de centros tenían un profesional laico al frente o excepcionalmente un Hermano con formación y competencias adecuadas para esta función.

Para todas las organizaciones es importante las personas que se sitúan al frente. En realidad, sobre ellas recae la responsabilidad no solo de garantizar el correcto funcionamiento ordinario, sino también promover el desarrollo y proyección de futuro. Contar con personas expertas, bien preparadas profesionalmente y con un perfil humano adecuado, ha sido una de las fortalezas de la Provincia. Con sus aciertos y errores, como en todas las realidades humanas, fuimos viendo como de la mano de sus equipos de dirección y con el soporte de la Curia Provincial, cada Centro iba dando respuesta a sus compromisos asistenciales y ampliando su especificidad y servicios.

Quisiera señalar algunos aspectos generales que en mi opinión han sido claves en esta trayectoria de la Provincia. Se trata de elementos positivos que han influido y acompañado la gestión de los Centros en estos años. No se trata de hacer un relato de autocomplacencia o acrítico. Sin duda, junto a estos aspectos, hay limitaciones, errores, cosas que no han salido como se pretendía y por supuesto otras muchas mejorables. Sin embargo, creo que es interesante resaltar aquellas cualidades que han sido como “constantes de ayuda” o “muletas” en el camino transcurrido.

Con esta idea, sintetizo en “5 C” algunos elementos que creo han estado presentes en la gestión de los centros de la Provincia en estos años. Intento también ilustrar cada uno de ellos con algunos ejemplos concretos, consciente que podrían ser muchos más y que es imposible, y no se pretende en este espacio, recopilar todas las iniciativas.

CONTINUIDAD/ CONSENSO / CONFIANZA / COMPROMISO / COOPERACION

Se trata de elementos identificables en la gestión de centros y fundaciones de la Provincia, que inevitablemente se interrelacionan y potencian mutuamente. Del mismo modo, algunos suelen ser condición de posibilidad para los otros. Señalar también que no son los únicos, y seguro que podríamos señalar otros igualmente válidos y representativos, pero estimé que éstos podrían ser ilustradores de nuestra historia reciente.

CONTINUIDAD

La continuidad en la visión y proyección de la Provincia a través de los distintos Gobiernos Provinciales, Hermanos y Equipos de Dirección.

Se trata de un aspecto que quizá de entrada resulte poco visible, pero sin duda es de gran relevancia por su trascendencia. Cada Capítulo Provincial ha tenido la capacidad de retomar el periodo anterior y proyectar el próximo desarrollando una línea de continuidad, sin cambios bruscos de orientación. Los Hermanos Provinciales y sus Consejos se han ido relevando y cada uno le ha dado su propia impronta, pero sin que ello implicara un cambio de rumbo o la sensación de empezar de nuevo. Si damos un vistazo a los programas de gobierno en estos años, emanados de las líneas de los Capítulos Provinciales, se puede apreciar (yo diría admirar) como se ha ido manteniendo esta continuidad en lo nuclear de los planteamientos y propósitos. 

En la estructura de gobierno de la Curia Provincial, podemos observar la evolución del “Consejo Ampliado” inicial hasta llegar a la actual “Junta de Gobierno Provincial”. Una serie de cambios de composición y funciones que, de manera progresiva pero continuista, expresan el mismo criterio de compartir el gobierno con profesionales preparados y conocedores de la realidad de los Centros y la Provincia. Inicialmente el Consejo Provincial estableció un Consejo Ampliado con laicos que tenían un rol asesor de apoyo a los Hermanos del Consejo Provincial. Posteriormente, se pasó a un consejo específico para los centros y obras apostólicas, formado por personas con funciones en la Curia Provincial, para después evolucionar hasta la composición de la actual Junta de Gobierno Provincial, en la que son directivos de Centros, con alguna persona de Curia y algunos de los Hermanos del Gobierno Provincial, quienes se constituyen como órgano de gobierno para las estructuras asistenciales. Los modelos concretos son variables, pueden y deben seguir evolucionando y adaptándose, pero el objetivo es el mismo desde el inicio: avanzar con modelos organizativos que favorezcan la corresponsabilidad y apoyarse en el conocimiento y competencias de personas vinculadas a la Provincia.

En relación al tema de la continuidad, cabe también señalar que en la medida que las organizaciones crecen y se hacen más complejas ésta se hace más necesaria. Ello ha permitido que, en la mayoría de los Centros, los directivos y muchas de las personas que asumen responsabilidades, permanezcan vinculadas el tiempo suficiente para poder desarrollar sus funciones de manera alineada a los valores y estilo de la Orden. Estas personas asumen en sus competencias la transmisión de la cultura y los valores, por tanto, es importante que dispongan del tiempo que ello requiere para conocer, interiorizar y proyectar su transmisión. Un adecuado equilibrio entre continuidad y renovación, la convivencia de directivos con larga trayectoria con la incorporación de nuevas personas, creo que ha permitido una transmisión interesante del estilo y la cultura, así como poder llevar a cabo proyectos y transformaciones que requieren una trayectoria plurianual.

En otro ámbito, podemos observar el ejemplo concreto de la evolución de los “Albergues”, en Barcelona y posteriormente en Valencia, hacia el concepto de “Servicios Sociales”. Una evolución en continuidad con la misma misión y propósito, pero con una orientación y planteamiento diverso, que les ha permitido un desarrollo e integración en la red de la sociedad y que ha servido de referencia para los posteriores centros de “Servicios Sociales” que se han implementado en la Provincia.

CONSENSO

El grado de consenso interno en la Provincia es, en mi opinión, otro de los factores importantes para poder evolucionar y que ha caracterizado nuestra realidad.

Consenso no significa ausencia de discrepancias, ni ahorro de largas horas de debates y diálogos. El consenso es el fruto de un trabajo de elaboración paciente que se acompaña de la capacidad de adaptabilidad, de escuchar, también las visiones críticas, de reconocer los errores para reconducir y de evitar, lo máximo posible, tener que actuar por imposición en vez de por convicción. El consenso se trabaja, no se alcanza solo con el deseo ni se puede imponer. La propia dinámica interna de la Orden (Capítulos, Asambleas…), acompañada de una metodología adecuada, creo que ha favorecido el consenso y con humildad podemos decir que casi siempre se ha alcanzado de una manera considerable.

Cuesta imaginar que el paso de trasferir el rol directivo de los Hermanos a profesionales, cuando todavía había un grupo importante de Hermanos, se hubiera podido hacer tal como se hizo sin consenso. Tampoco la disponibilidad para asumir responsabilidades provinciales, tanto por parte de Hermanos como de profesionales, no se habría dado con fluidez si no se hubiera contando con este grado de consenso. También la capacidad para poder atraer profesionales válidos para puestos directivos y de responsabilidad asistencial, requiere poder visualizar una situación de consenso interno en la organización. Nadie con otras posibilidades optaría para vincularse en una institución dividida, en tensión o donde viera peligrar su puesto en función de factores ajenos a su desarrollo profesional.

Intuyo, que además de valentía hizo falta consenso para tomar decisiones de calado como fue en su momento la venta del Hospital de Valencia y la reorientación de la presencia de la Orden, o bien para asumir el cierre temporal del Hospital de Zaragoza para transformarlo de una Clínica médico-quirúrgica a un Hospital especializado en cuidados paliativos y convalecencia. Son solo algunos ejemplos de situaciones complejas que sólo se pueden encarar y llevar a buen puerto si hay un nivel interno de consenso suficiente.

La importancia del consenso creo que ha favorecido también a la Provincia de cara a establecer colaboraciones y acuerdos con las administraciones públicas y con otras entidades con las que hemos establecido alianzas y convenios. Visualizar una organización sólida, sin excesivas brechas internas, es sin duda generador de confianza.

CONFIANZA

El trabajo compartido entre Hermanos y colaboradores en un marco de confianza mutua, es otro de los aspectos clave y más cuando se trata de directivos.

Todos hablamos fácilmente de la importancia y la necesidad de la confianza, pero ésta necesita experimentarse y vivirse, no sólo proclamarla.

Tejer una relación profesional de confianza entre los distintos roles, propiedad, gobernanza y dirección, es una tarea de arte y tiempo. Creo que, en la Provincia, se supieron vencer miedos, recelos y dudas ante la delegación progresiva de la gestión de los centros. Se comprendió desde el inicio que los carismas son dones del Espíritu, que no tienen “propiedad” en exclusiva, y por tanto son muchas las personas que tienen la capacidad de vivirlo y trasmitirlo. La opción de vida, ser religioso o laico, no es de por si ni garantía ni dificultad para vivir y transmitir la Hospitalidad. Creo que en la Orden y también en la Provincia, se fue pionero en iniciar esta colaboración con los laicos. El Hno. Pierluigi Marchesi, General de la Orden (1976-1988) junto al Hno. Gabino Gorostieta, como Consejero General y ex-Provincial, animaron y alentaron con sus orientaciones esta trayectoria de colaboración, también en temas de gobierno entre Hermanos y Colaboradores. Todos los gobiernos, generales y provinciales, han seguido ampliando y animando en esta línea. Por proximidad, podemos nombrar al Hno. Pascual Piles quien, tanto como Provincial como después como General, siempre alentó y cuidó este tema de interrelación Hermanos-Colaboradores y las aportaciones de esta alianza al gobierno Provincial.

Situarse en este contexto de confianza ha permitido en la Provincia que la mayoría de equipos asistenciales desarrollaran proyectos, innovaciones y ampliaciones. Los Hermanos, como responsables últimos de la Orden, creo que a lo largo de todos estos años han sabido dejar espacio de crecimiento profesional a los equipos de dirección, han sabido acompañar, en muchas ocasiones alentar y en otras fiarse –no siempre se veía todo tan claro – de lo que los expertos y directivos proponían y es así como la Provincia ha podido ir creciendo y desarrollándose.

Algunas transformaciones muy significativas las podemos ver, por ejemplo, en el centro de Sant Boi.  El punto de partida era un hospital psiquiátrico que progresivamente se abrió a una “Xarxa de Serveis Mentals” (red de servicios mentales) con todo un cambio profundo interno y externo al centro, no solo de espacios físicos sino también de concepto y modelo, para posteriormente llegar al actual “Parc Sanitari”. El paso de una Escuela Universitaria de Enfermería a un Campus Docente Universitario; la apuesta por la renovación total del Hospital de Palma de Mallorca y la recién apertura del centro de Inca en Mallorca; la recién construcción del nuevo Hospital de Pamplona; la apertura y ampliación a la salud mental en Lleida; la trayectoria del Hospital Materno-infantil de Esplugues hasta la proyección actual... la proliferación de nuevos programas e iniciativas en la mayoría de los Centros son algunos de los ejemplos que se han podido llevar a cabo gracias a esta confianza mutua entre los Hermanos, los equipos de Gobierno Provincial y los equipos Directivos de los Centros.

COMPROMISO

El compromiso, se ha traducido en la constante inquietud para crear y adaptar recursos y proyectos que permitieran responder a nuevas necesidades.

Este es sin duda un aspecto de gran relevancia. Pienso que la Provincia ha sabido arriesgar para poder llevar adelante el compromiso con las personas de nuestra sociedad que requerían de nuevos servicios o prestaciones. Es el resultado de mantener a las personas en el centro de interés. Éste ha sido el verdadero motor de los Centros en su evolución y desarrollo.

La vitalidad de la Provincia en estos años, no es un crecimiento fruto de un plan prediseñado ni standard, sino que arranca mayoritariamente de la realidad e iniciativas de cada centro, lo cual ha configurado la gran diversificación y especialización que caracterizan nuestras obras. También, creo que lo podemos afirmar con humildad y gratitud, el buen nivel de satisfacción de la mayoría de personas que son atendidas en los centros de la Orden.

Este compromiso con realidades concretas comportó la transformación de la atención a la salud mental, de los servicios a personas con discapacidad intelectual, de las personas sin hogar, la creación de la Fundación para la Investigación para favorecer una mejor y adecuada atención asistencial, la especialización y creación de programas específicos en neuro-rehabilitación y daño cerebral irreversible, la proliferación de unidades y programas diversos en el ámbito de los cuidados paliativos tanto en adultos como pediátricos, la especialización y orientación del Hospital Materno-infantil de Esplugues, la puesta en marcha de la fundación socio-sanitaria y de atención a la dependencia, la creación de los centros especiales de trabajo y de la fundación tutelar… son algunos ejemplos de las muchas iniciativas que responden a este compromiso con las personas y a la capacidad de la Provincia y de sus Centros para dar una respuesta con la mayor calidad y profesionalidad posible, a las necesidades y preocupaciones de las personas con las que se han comprometido.

La dimensión del compromiso ha generado también en la Provincia una dinámica de desarrollo en el diseño y evolución de los departamentos denominados de atención a las personas: atención espiritual y religiosa, servicios de atención social, mediadores culturales, acompañamiento y soporte a las personas enfermos y familiares, el inestimable apoyo y compromiso de los voluntariados de los centros, etc. Múltiples iniciativas y programas que han emergido en los centros como respuesta a la voz, a veces grito, de las personas con mayor necesidad o fragilidad.

Gestionar la dimensión del compromiso de los colaboradores, voluntarios y donantes, ha sido también esta constante mantenida por parte de los responsables de los Centros y la Provincia. Escuchar a quienes están en primera línea y colaborar en transformar sus inquietudes en realidades, a veces con recursos muy ajustados, pero con una gran creatividad y compromiso, llevando adelante grandes retos y mejoras en los Centros.  También en este apartado podemos señalar la trayectoria en la evolución de la Obra Social de la Provincia, antigua Obra Benéfica, que ha pasado a ser una expresión provincial de la gestión del compromiso, de la sensibilización y la difusión de la dimensión solidaria de la Orden.

COOPERACIÓN

La apertura a colaborar con las administraciones y otros grupos ha sido otra de las características de la dinámica de la Provincia.

El posicionamiento del gobierno de la Provincia ha sido en todos estos años el de trabajar para colaborar, siempre que sea posible, con las administraciones públicas. Se ha mantenido el convencimiento de que es la manera de poder llegar a la mayor parte de personas, de poder ser más universales y también de poder contribuir a la evolución y construcción de la sociedad desde la identidad y las aportaciones profesionales de la Orden. En este sentido la continuidad, el compromiso institucional, la lealtad, etc., han permitido crear y llevar a cabo conjuntamente diversos proyectos, unos a solicitud explícita de las administraciones públicas y otros a propuesta de la Orden. 

Crear alianzas no siempre es fácil y muchas veces ha supuesto un recorrido largo y costoso. Asimismo, la valoración posterior que solemos hacer, es que valió la pena. Podemos recordar a modo de ejemplo todo el proceso de integración de la pediatría del Hospital Clínic Universitario de Barcelona al Hospital Sant Joan de Déu de Esplugues. Un paso laborioso que seguramente fue esencial para llegar donde nos encontramos actualmente. Los dos procesos de fusión laboriosa por los que ha pasado el originario hospital de Manresa para llegar a la actual Fundación Althaia. Asumir el grupo SEMIPE de atención mental infanto-juvenil en Lleida que seguramente fue el inicio del camino hasta el actual centro y servicios de salud mental en esta provincia.

Detrás del concepto de la cooperación, ha estado siempre el convencimiento de que sumando se puede llegar a más personas y de mejor manera. Cooperar es estar dispuesto a dialogar, a veces a ceder en algo, ser flexible, tener adaptabilidad, pero antes las dudas y dificultades creo que ha prevalecido siempre el valorar el impacto que la decisión o el proyecto podía tener en la mejora de la atención o en el poder ofrecer algún servicio a situaciones de gran necesidad o complejidad. La puesta en marcha del Centro Acompanya’m de Esplugues para adolescentes con problematica importante en su salud mental, los programas sociales de Barcelona, Manresa, Lleida, Valencia, Murcia, Mallorca... la atención de la salud mental en las cárceles y personas sin hogar que realiza el Parc Sanitari de Sant Boi, el servicio de atención bucodental para personas con discapacidad en Zaragoza,...son todo expresiones de cooperación para poder responder de la mejor manera posible a realidades de mayor vulnerabilidad.

Podemos mencionar también, como ejemplo de cooperación, todas las Fundaciones en las que la Provincia colabora como entidad en el Patronato. En algunos casos con un presencia significativa como en el caso de la Fundación San José de Madrid,  la Fundación Jesús Abandonado de Murcia, el Instituto Borja de Bioética, la Fundación Tobías de Zaragoza, la Fundación Althaia de Manresa, la Fundación Bayt Al-Thaqafa, y en otras como presencia de apoyo en el patronato, como es la Fundación Socio-Sanitaria de Mollet, la Fundación Ared, Marianao, CECAS…  Presencias y colaboraciones, con formas e intensidades diversas, que son expresiones de cooperación fraguadas en estos años, para cooperar en la atención a las personas y difundir la cultura de la hospitalidad, en un trabajo compartido con otras instituciones.

Es imposible recoger en pocas hojas toda la vida de estos años, pero antes de finalizar el artículo, quisiera señalar muy sintéticamente algunas apreciaciones sin las cuales quizá todo este recorrido no hubiera sido posible o al menos de esta interesante manera: 

  • La clarividencia e intuición de los Hermanos que iniciaron en los años postconciliares, y más recientemente en los finales de los ochenta, esta cultura y estilo que nos han sabido transmitir desde el primer momento que nos hemos incorporado a la Orden.
  • La profesionalidad de muchos de nuestros directivos que, con generosidad y compromiso, han dedicado sabiduría, tiempo y a veces sufrimientos, a este trabajo compartido, no siempre fácil, pero apasionante, de abrir y recorrer caminos de hospitalidad.
  • Las comunidades de Hermanos que con discreción se han sabido adaptar a múltiples cambios y siguen siendo actualmente esta inestimable presencia de apoyo, acompañamiento y oración. Escucha y cercanía a tantas personas y realidades complicadas e intercesores de tantos que confían en nuestra oración. Comunidades, actualmente pequeñas y con muchas con personas mayores, que han sido y son una luz de esperanza, de presencia de Dios, en medio de tantas realidades complejas y a veces dolorosas que se viven en nuestros Centros.
  • El alto nivel de compromiso de la gran mayoría de colaboradores, profesionales y voluntarios, que han traducido y traducen en el día a día esta cultura de hospitalidad. A veces con estrecheces, otras con alegrías, por siempre con lealtad y profesionalidad.
  • Los donantes y amigos de la Orden, que con generosidad y de múltiples maneras han apostado y siguen apostando por colaborar solidariamente con la Orden.
  • La confianza que ha sabido ganarse la Orden en nuestra sociedad, tanto entre la ciudadanía, como en las administraciones públicas, grupos profesionales y otras entidades.

Llegados a este punto solo me viene la palabra GRACIAS por lo que nos han transmitido, por lo que hemos podido vivir y proyectar, por lo compartido y sobre todo por lo que podemos ofrecer, a través de los Centros y Fundaciones, a las personas que más lo necesiten. Sin duda este “buen hacer”, es el mejor homenaje que podemos hacer a nuestro fundador, Juan de Dios.