Experiencia con enfermos mentales en Pastoral de la Salud

Labor Hospitalaria, n. 312 (2015)
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¿Qué es ser Hospitalaria?  Nuestras Constituciones dicen que “este nombre es expresión de nuestro Carisma que nuestra razón de ser en la Iglesia es el ejercicio de la caridad vivida en estado de consagración y según el modelo de Cristo Jesús, reproduciendo sus sentimientos y continuando en la Iglesia su misión a favor de los enfermos mentales. Llamada, pues, a ser testigo de que el Cristo compasivo y misericordioso del Evangelio permanece vivo entre los hombres”. 

Me van a permitir  que les hable de San Benito Menni, nuestro Fundador, por la importancia que tuvo para la psiquiatría en España, por su grandeza como persona y, sobre todo, porque estamos celebrando el Centenario de su muerte.

Nace en Milán en 1841. La llamada de Dios la siguió pronto. Altruista ante el que sufre, se ofreció a ayudar al traslado de los soldados heridos que llegaban de la batalla de Magenta, cerca de Milán. Admirado de la entrega que entonces descubrió en los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, a los 19 años pidió el ingreso en la Orden Hospitalaria.

España, cuna de la Hospitalidad, vivía momentos convulsos y prácticamente estaba extinguida la Orden, necesitaba un impulso renovador y Benito Menni será la persona providencial para su realización. Destinado a España en 1867, llevó a cabo sus dos grandes obras: la restauración de la Orden de San Juan de Dios y la fundación de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús. Fundación a la que se resistió bastante pero, al no encontrar una Congregación que atendiera a las enfermas mentales, tuvo que admitir que era él el llamado a poner los cimientos del nuevo edificio, de la nueva obra. Su espíritu grande, su capacidad creativa, su disposición sin fronteras, le ayudaron a superar muchas dificultades y tomar grandes iniciativas de especial consideración en favor de los enfermos y su asistencia integral. 

Era él un hombre de fuerte voluntad, espíritu decidido,  fe  profunda y de una fuerza apostólica desbordante, amigo de Dios y emprendedor poseía la fuerza de la caridad hospitalaria y una concepción integral del hombre que tenía algo de profética en el ambiente de su época, estuvo siempre en función del hombre enfermo mental.

Su labor dentro de la Psiquiatría española fue muy importante, comprendió que los hospitales Psiquiátricos debían ser centros especializados, puesto que sería más fácil ofrecer una asistencia de calidad en una rama médica concreta, sin olvidar que la Psiquiatría debía estar incorporada al conjunto de las Ciencias Médicas.

Menni apostó decididamente por la aplicación de los principios terapéuticos más avanzados para su tiempo, entre los que destacan el empleo de la Terapia Ocupacional. Optó por “la conversión del asilo de locos en hospital de enfermos”, “la sustitución de los llamados medios físicos de contención por los tratamientos morales”. Él nos decía que “la ciencia y la caridad deben ir unidas” y estos han sido  nuestros objetivos o consignas, ya que desde los orígenes la Orden Hospitalaria que él restauró y la Congregación de Hermanas Hospitalarias que fundó han tenido una especial atención hacía el enfermo mental, dedicando toda clase de recursos: humanos, económicos, organizativos,  estructurales, espirituales.

Fue testigo de la Hospitalidad, con tacto, olfato, con mirada.  

Hablando de los enfermos mentales, decirles que  mi trayectoria hospitalaria por ellos y para ellos ha sido larga, en todos los sitios son iguales, necesitan cuidados ya que la persona tiene muchas dimensiones a satisfacer, pero sobre todo son personas necesitadas de humanidad, esa es nuestra labor preferentemente, desarrollar ternura, compasión, acogida, disponibilidad, entrega, generosidad, ellos son el centro de nuestra misión y cuidados. Cada tiempo y lugar tiene su peculiaridad, todo cambia, evoluciona, las necesidades humanas básicas de las personas, la sociedad, los contextos económico, cultural, social, ambiental, religioso…van generando otras formas de enfermar a las ya existentes. Hoy podemos hablar de enfermedades mentales en los niños que desde pequeños maduran una enfermedad mental psíquica por falta de afecto; de  adolescentes víctimas de las adicciones, familias desequilibradas afectiva y socialmente, de violencias, de carencia de hondura, de profundidad, superficialidad, lo que está creando personas amorfas, insensibles, sin valores. Éstas son las enfermedades que piden atención humana, sanitaria, psicológica, social, pastoral. Importa mucho tener en cuenta estas transformaciones de las necesidades humanas, porque estas son nuestras nuevas miradas, con corazón, por supuesto. Con nuestra vida Dios sigue preocupándose de cada hombre necesitado, vivimos para intentar ser “Hospitalidad” en nuestro mundo.  “Sed para ellas como verdaderas madres”, nos decía Mª Josefa Recio, nuestra Fundadora. Nos toca seguir humanizando, dignificando al enfermo. Tener la fuerza, el intento de sacar lo mejor de cada uno. Estar convencidos que es posible.

Hoy deseamos, necesitamos, muchas cosas, porque vemos, tenemos, nos ofrecen y hay que saber encauzar todo eso, tener talante para aceptar, ser conscientes de nuestras limitaciones y logros. Aprender a equilibrar la frustración y el éxito cómo forma de vivir en armonía.

La Pastoral de  la salud está integrada en el derecho que tiene la persona a una asistencia integral. Sabemos que el hombre es cuerpo y espíritu. La OMS ya incorpora a su definición de Salud no solo aspectos físicos y orgánicos, sino también la dimensión psíquica/mental/emocional, la social/las relaciones interpersonales/ambientales y la espiritual/religiosa de la persona , ya que todo está conectado y la alteración de cualquiera de estas partes, inhibe y frustra  nuestro equilibrio, estabilidad, perfeccionamiento, nuestro orden. Por eso definimos la salud como el estado de bienestar bio-psico-social y espiritual del organismo.

Cuando hablo de mi experiencia en Pastoral de la Salud me gusta apoyarme en el texto de  Lucas  24,32 porque ahí podemos deducir los elementos para hacer Pastoral. ¿No ardía nuestro corazón? Iban caminando, conversando. Dos personas decepcionadas, alejándose del lugar, llenas de sufrimiento, frustración,  lo bueno es que van juntos, hablando de su dolor, dificultades, desilusión, fracaso, vaya chasco que nos hemos pegado, nosotros esperábamos… otra cosa, ¿verdad? Pero lo que les espera al final va a ser fantástico,  más impresionante, ¡menuda sorpresa se van a llevar!

La evangelización acontece en la medida en que se comparte camino y se percibe la presencia de Jesús;  cuando dialogamos y somos capaces de trasmitir a Dios. El sufrimiento les ha producido decepción; Jesús era todo para ellos. No pueden aceptar lo que les está pasando.  El momento de la enfermedad, la dificultad es duro: familia, amigos, trabajo… Todo un vuelco, todo un cambio.  Es preciso profundizar en el diálogo, la escucha, el conocimiento, cuidar la comunión, robustecer la fe, la cercanía, la comunicación, la participación responsable, dejarnos acompañar por Jesús, creyendo firmemente que también en nuestras debilidades, dificultades, encrucijadas se hace más presente. El enfermo nos evangeliza nos hace mirar la vida desde otros niveles, posibilidades.

La interpretación de la Escritura por parte de Jesús es lo que enciende el corazón de los discípulos, tenemos que orar, escuchar, encontrar en la Palabra el gran tesoro y la luz para descubrir y seguir a Jesús. No damos lo que no tenemos.

Los discípulos destinatarios del diálogo con Jesús toman ahora la iniciativa e invitan al desconocido a compartir pan, techo: “quédate con nosotros”; todos conocemos  el texto …partió el pan, y bueno, ¡fue  la certeza! ¡el colofón! ¡el impulso! ¡la seguridad!.

La evangelización no se completa hasta que el evangelizado se vuelve apóstol, enviado:  “levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén”. La experiencia del encuentro con Jesús no es para ser guardada, hay que transmitirla; tras el encuentro con Jesús  los discípulos se convierten en agentes de pastoral, que comunican y anuncian que Jesús vive y comunica vida. Y esa es nuestra labor como Agentes de Pastoral.  Nuestros modelos de identificación podían ser: Jesús de Nazaret “pasó curando” (Lucas 10, 29-37). Juan de Dios “Tened siempre caridad porque donde hay caridad hay Dios, aunque Dios en todo lugar está”. San Benito Menni “Tratadlos como a niños, respetadlos como a hombres”

Nuestro servicio de Pastoral trata de acompañar a los enfermos a  ir redescubriendo esta dimensión espiritual y religiosa que habita en lo profundo de la persona.

Realizamos talleres de biblia y oración. Con ésta actividad, que parte de la lectura de un pasaje bíblico, el evangelio del día, se pretende analizar, reflexionar, estimular, compartir, poner en práctica las actitudes de Jesús para que las vayan haciendo suyas. De aquí surgen momentos de oración, de comprensión y respeto mutuo, de posibilitar el encuentro con uno mismo y su realidad, promover vivencias religiosas sanas, aceptando a Dios como Padre bueno que está con nosotros. 

Catequesis: Para esta actividad tenemos grupos ya establecidos según niveles de conocimiento y capacidad; se fomenta el autoconocimiento, las relaciones interpersonales, la  proyección social y la vivencia de la fe. 

Celebraciones litúrgicas y preparación para las fiestas. Consiste en estimular, potenciar la participación haciéndoles protagonistas en los actos litúrgicos, de experimentar los sacramentos como encuentros que sanan.  

Se administran los Sacramentos. Todo ello acomodado, integrado  a las posibilidades  de cada persona.  

Sobre todo hacemos acompañamiento personal y diálogo.

Con el personal asistencial. Tenemos  un equipo que es el que más directamente trabaja estas acciones. Este año la formación específica del grupo se está centrando en el estudio del libro  “Pastoral en el mundo del sufrimiento psíquico”. La formación en pastoral está abierta a todo el personal, ya que el objetivo es atender las necesidades espirituales y religiosas de las personas asistidas, recreando los gestos y actitudes de Jesús de Nazaret con las personas enfermas y vulnerables, contribuyendo a la misión evangelizadora del Centro. Todos estamos llamados y enviados, desde nuestra propia vocación, a vivir la Hospitalidad impulsando el sentido de pertenencia, promoviendo los valores hospitalarios y asegurando llevar a cabo la misión con calidad profesional, creatividad y humanización.

En el Centro. La pastoral está inserta en el Plan de Gestión y en los Programas Individualizados de Rehabilitación y Reinserción (PIRR). Estamos llamados a estar alerta, a dejarnos sorprender, a aprender, a dar fruto, a ayudar. Que María nos dé ese corazón de madre que tanto necesitan nuestros enfermos.