La Espiritualidad: dimensión fundamental del ser humano

Revista IN nº 272-273 (2020)
Autoría
Hno. Eladi Freixa

Cuando más profunda sea la experiencia, mucho más grande será la misericordia.

Esta dimensión es tan importante como la corporeidad, la sociabilidad, la subjetividad, la historicidad, ya que pertenece al sustrato más profundo del ser humano.

En nuestra sociedad “espiritualidad” es una palabra deteriorada, pues ha sido víctima del pensamiento dualista, que contraponía espíritu y materia, alma y cuerpo y se ha reducido a la religión. Consecuencia de ello ha habido un rechazo más o menos generalizado.

Los grandes cambios que a todos los niveles se están dando nos obligan a vivir la espiritualidad dentro de un nuevo paradigma. Nuestras formas y estilos la gente joven no los entiende ni los valora.

Constatamos en nuestro entorno que hay un declive de la religión institucional y a la vez un resurgir de la espiritualidad. Espiritualidad como interioridad y profundidad. También integradora. Espiritualidad supone mirar hacia dentro, ya que desconectados vegetamos.

La espiritualidad no es un conjunto de prácticas sino una forma de vivir y de ser que tiene sabor de plenitud, serenidad y ecuanimidad y se expresa desde la compasión, la bondad y la fraternidad.

El camino de la interioridad se fundamenta como decían los místicos de la Edad Media a la oración sin objeto; que apunta hacia el corazón y vivir despiertos a la realidad. Ello nos abre a la interconfesionalidad y sobre todo a un respeto profundo a todas las personas y creencias.

Tenemos una llamada a cultivarnos continuamente y a cultivar la bondad que nos llevará a tomar la decisión moral correcta en cualquier situación.

“No es el camino que hace grandes a los hombres; son los humanos que hacen grande el camino” (Confucio – Analectas).

Wiliguis Jäger habla a menudo de espiritualidad transconfesional (espiritualidad sin confesión o religiosidad postconfesional).

Las religiones del futuro se distinguirán no por sus credos o diferentes confesiones sino por su espiritualidad esotérica que tiene como meta la experiencia.

Jesús y todos los sabios de la antigüedad relativizaron toda confesión establecida ya que a menudo la confesión supone un obstáculo para la experiencia.

Cuando más profunda sea la experiencia, mucho más grande será la misericordia. El conocimiento de la unidad nos lleva a vivir un amor incondicional; Amor que significa estar en armonía con todos. La armonía es la gran ley cósmica.

Hospitalia