La espiritualidad del voluntariado en la Pastoral de la salud

Labor Hospitalaria n.323 (2019)
Autoría

El autor expone un resumen de experiencias personales como Delegado Episcopal de Pastoral de la Salud durante los 31 años en los que realizó este cometido y, más en concreto, las vividas a partir de sus encuentros sucesivos con diversos tipos de voluntarios pastorales. 

Jesús Conde parte del convencimiento de que la trayectoria evolutiva del universo entero y de la humanidad confluyen en una historia que, sin dejar de ser simultáneamente cósmica, terrena, humana y personal, es asimismo Historia de Salud-Salvación, siendo Dios el originario y primer voluntario asistencial. Lo cual implica que las mencionadas experiencias personales se convierten en momentos y espacios potencialmente aptos para el mejor aprendizaje en la espiritualidad apropiada a los voluntarios asistenciales de la Pastoral de la Salud. Estas experiencias también reflejan que nadie da lo que no tiene ni es capaz de ofrecer vivir lo que uno mismo no vive, sobre todo en el terreno de las realidades espirituales. Tal convicción llevó al autor a hacer el camino que iba a proponer a los voluntarios, ejercitándose de modo permanente en lo que la teología y la pastoral católica, así como la dirección espiritual tradicional denominan el discernimiento de espíritus. 

Palabras clave: Espiritualidad, voluntario, pastoral, experiencia.

 

I. Preámbulo. Antes de echar a andar

1. VEN, ESPÍRITU DIVINO. Voy a comenzar mi ponencia con la plegaria de la secuencia eucarística de la Pascua de Pentecostés, como preparación idónea para abordar el tema que se me ha encomendado, pues en esa oración está contenido cuanto pudiera decirse, e infinitamente más, al respecto.

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetras las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno
. Amén.

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