Vivir la Hospitalidad desde el acompañamiento

Monica Dones

Inicié mi relación con la Orden en Marzo de 2004. Desde el primer momento  me sentí totalmente acogida y tenía la sensación de estar en un ambiente muy "humano", había oído hablar de la Hospitalidad pero todavía era un concepto más bien teórico. A nivel personal he crecido en un ambiente cristiano y los valores del evangelio son un referente crucial en mi vida. Poder aunar estos valores en el ámbito profesional, desde el principio, me pareció un regalo. El mensaje de autenticidad que se nos revela a través de la figura de Jesús sigue vigente hoy, incluso puede parecer  novedoso cuando algún personaje relevante de nuestra actualidad hace referencia a  alguno de estos valores.

Ese ambiente "humano" que había percibido al principio empezó a ser algo más. Poco a poco ese concepto antes teórico de la Hospitalidad fue tomando forma y adquiriendo la especial  importancia que hoy en día tiene para mí. Aunque sé que me queda mucho por aprender, cada día me sigo sorprendiendo de la fuerza que tiene la Hospitalidad, esa acogida incondicional que sana por dentro a las personas.

El encuentro con la persona que sufre es un espacio sagrado donde la frontera entre "el que sabe" y "el que necesita" se va diluyendo; sin olvidar el rol profesional como fuente de recursos para el acompañamiento, pero siendo consciente de que el otro ser humano, que ahora se presenta frágil, también tiene su riqueza interior. Cuando empiezas a conocer un poco la espiritualidad de la Orden te das cuenta de que  todo esto se hace vida en el día a día. 

En mi ámbito profesional de los cuidados paliativos no puedo decir que las personas  se curan, pero sí veo personas que cierran sus vidas con una historia, con una biografía sanada. La Hospitalidad envuelve también a las familias para que puedan  acompañar con serenidad a sus seres queridos en esta etapa final de sus vidas. He podido vivir la Hospitalidad como vínculo de unión entre creyentes y no creyentes, este carisma nos trasciende a todos y nos hace hablar un lenguaje común, incluso cuando las palabras ya no sirven demasiado. Para que todo esto se pueda dar es imprescindible el compromiso de los profesionales que formamos parte de los equipos para poner en valor este carisma  que nos viene dado por estar en el ámbito de la Orden.

El acompañar a las personas que pasan por una experiencia de sufrimiento puede resultar difícil en el día a día, es entonces cuando surge ese respirar hondo y sentirte instrumento. Ser instrumento con la responsabilidad de prepararte bien a nivel profesional pero también de cuidarte por dentro, de poder cultivar nuestra propia espiritualidad.

Fundación Instituto San José - Madrid