"La vida y la salud son el mejor regalo"

Hablamos con el Hno. Agramunt de su vida como Hermano de San Juan de Dios. Él la define como todo don y  todo gracia.  Agradecido de dar un paseo por el sendero de su vida en la que la figura de San Francisco de Asís fue su punto de partida hacia su vocación.  Nos ha contado que su vida hospitalaria es como un sobre sorpresa que Dios le tenía reservado desde antes de nacer. Una vida en la nunca se ha sentido solo.

¿En qué momento entras en contacto con la Orden Hospitalaria?
El 22 de agosto de 1966 hice una visita al Sanatorio Marítimo de Calafell, ese fue mi primer contacto, me impresionó y pensé que ese podría ser mi destino.

A primeros de septiembre de 1966 escribí una carta al Hospital Les Corts de Barcelona pidiendo información y la posibilidad de hacer una experiencia.

El 12 de septiembre del año 1966 el Hno. Ricardo Botifoll, Secretario Provincial,  me contesta a vuelta de correo diciéndome que podía ir a Sant Boi cuando quisiera, pues tenían información de la Parroquia de mi pueblo.

Ingresé el 8 de octubre de este mismo año en el Postulantado. Pero mi vocación ya daba señales antes de cumplir con el Servicio Militar (la Mili) al cumplir los 18 años. Tenía 23  cuando ingresé en la Orden.

¿Cómo inicias tu camino en la Hospitalidad; hacia dónde te lleva?
Inicio el camino  siguiendo los procesos normales del Postulantado en Sant Boi, el Noviciado en Calafell y el Escolasticado en la Fundación Instituto San José en Carabanchel. Periodos  esencialmente de discernimiento y formación; porque yo no salía de mi asombro que el Señor me llamara a su servicio y me concediera el don de la vocación. Después de la Profesión Solemne (en Octubre del 74), con luces y sombras empiezo a sentirme Hermano de San Juan de Dios. Nos dijeron que teníamos que “ser sacerdotes de la Hospitalidad”. Hice los estudios de  Bachiller elemental, A.T.S, trabajo, oración y servicio con los más pequeños. Considero esta época (18 años) como muy hermosa y positiva.

¿Qué ha tenido el Centro de Almacelles de especial que te ha enganchado casi de por vida?
En un principio representó un reto para mí por ser una clase de Hospitalidad diferente  a la que había hecho antes, siempre con niños en Madrid y San Vicente (Alicante). Me encontré con una Comunidad nueva, con unos enfermos adultos y un panorama diverso. Aquí tuve que hacer de todo: organizar el servicio de Pastoral y llevar a cabo el servicio de enfermería, es decir, desde  una paraliturgia a practicar una mortaja! Enfermería y Pastoral como plato fuerte.

Almacelles ha sido para mí el lugar donde he templado mi espíritu,  he encontrado mi sitio y me he sentido siempre querido. Tuve una breve experiencia en el Albergue de Valencia, pero me di cuenta que lo mío era Almacellas.

¿De toda tu vida hospitalaria, que momento elegirías  para ser recordado?
Me pones en un aprieto. No sé. La verdad es que en cada casa donde he estado me he caracterizado con alguna de mis facetas. En Carabanchel me recodarán como el Hno. “Agra” Scout, con los niños y las acampadas en el pinar y las fiestas que hacíamos a menudo.

En San Vicente algo por el estilo. Estancia corta, experiencia comunitaria muy feliz y enriquecedora y labor satisfactoria, con muchas anécdotas.

En Valencia por la animación, formación de un coro y aprendiz de cocina.

En Almacelles, es probable que se acuerden del Hermano por las paellas que hacemos a menudo entre los grupos y por la animación de la banda de tambores y cornetas. Y en el pueblo por la labor catequética con los niños de primera Comunión.

Creo que tengo motivos, más que de sobra, para dar gracias a Dios por el don de la vocación hospitalaria y por todo lo que me ha permitido realizar. La vida y la salud son el mejor regalo y el compartir mi vida con los Hermanos, los enfermos y cuantas personas se cruzan en mi camino.

 

Sant Joan de Déu Terres de Lleida - Almacelles