"Teresa acogió como sólo saben hacerlo aquellos que se han sentido acogidos"

Teresa vivió y murió rodeada de personas a las que amó mucho y que la quisimos mucho. Personas que todavía hoy notamos profundamente la fuerza de su presencia y el abismo de su ausencia. Vivirla fue un privilegio. Abrió puertas, tendió puentes, abrazó, dio la mano a personas, a culturas y a religiones diversas. Acogió como sólo saben hacerlo aquellos que se han sentido acogidos. Su mirada nos ofreció un lugar de dignidad y de reconocimiento en el que todos estamos generosamente convocados. Fue una mujer de Dios, que desde su fe católica abierta, profunda y amplia sintió una especial predilección por el Islam y por los musulmanes con los que compartió su vida sin reservas. Fue una mujer de esperanza que nos ayudó a perder el miedo, cómo lo hacen los millones de personas que cada día se ven obligados a dejar su hogar para buscar legítimamente un futuro mejor para los suyos.

Fundació Bayt-al-Thaqafa