"Sierra Leone se había quedado con mi corazón para siempre"

Cuando me dijeron que tenía que viajar a Sierra Leone para dar más contenido al proyecto de hermanamiento que habíamos establecido con la Escuela de Enfermeras de Mabesseneh, la verdad es que no supe qué decir. No me apetecía nada, a mí África nunca me había llamado, pero entendí que debía acudir porque era mi obligación participar en el primer acto de graduación de la Escuela, ya que desde su inicio el Campus había estado ahí.

Mis acompañantes eran una garantía que me daba seguridad, el Hermano Fernando Aguiló y Marta Millet conocían muy bien el país, el hospital, al personal del centro y a los Hermanos de la Comunidad. Escuché todos los consejos para el viaje que me dieron y me preparé con muchísimo cuidado.

Sierra Leone me recibió con su olor característico que no sé explicar pero que es una mezcla de picante, salado y dulce, que, combinado con una oleada de calor algo pegajoso, te ataca tan pronto pones el pie en la escalerilla para bajar del avión. Es una sensación como de abrazo, como de acogedora bienvenida a un mundo diferente al que estás acostumbrado.

Recuperar las maletas fue una auténtica odisea. El Hermano Fernando, desde su silla de ruedas, daba las órdenes pertinentes a los trabajadores del aeropuerto (todos le conocían, le saludaban, le tocaban, le abrazaban). Treinta minutos después, tuvimos a nuestro alrededor todos los bultos que llevábamos y para entonces estaba agotada, empapada de sudor, pero también tenía la certeza de que iba a vivir una experiencia única.

Nos recibió el Hermano Peter e iniciamos tres larguísimas horas de viaje a oscuras en un país donde la electricidad era un lujo inalcanzable, por una carretera en gran parte sin asfaltar, llena de baches, para llegar a un remanso de paz. Recorrimos el recinto del hospital hasta a la casa de los Hermanos. En el comedor encontramos al Hermano Manuel, que nos recibió con los brazos abiertos, usando con nosotros (cansados viajeros) su humor socarrón. Del mismo modo, el resto de la Comunidad de Hermanos practicaron con nosotros su Hospitalidad.

Todavía no había visto la Escuela, ni a los profesores, ni a los estudiantes, (de los que me enamoré sin remedio) pero ya desde ese primer día, antes de irme a la cama, Sierra Leone se había quedado con mi corazón para siempre.

Campus Docent Sant Joan de Déu - Barcelona