La presencia física no es indispensable para estar juntos"

La distancia que impone la crisis sanitaria afecta, y mucho, a los enfermos ingresados en estado crítico por el COVID-19 y también a sus familiares. En la adversidad y la incertidumbre, no hay lugar para el calor ni la presencia física de las personas queridas. ¿Qué pasa si la persona muere? ¿Qué hacen los hospitales para acortar distancias y transmitir paz y confianza? Para Toni Boix, responsable del Servicio de Atención Espiritual y Religiosa (SAER) del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, la consciencia de comunión espiritual entre unos y otros marca la experiencia en la etapa de final de vida. En este entrevista explica como la Iglesia suple, en el ámbito hospitalario, las carencias que genera la situación excepcional provocada por la pandemia de coronavirus. 

San Juan de Dios tiene una larga tradición en acompañamiento espiritual a enfermos. Pero la atención a enfermos por COVID-19 implica prácticas muy específicas. ¿Cómo os habéis organizado? 

La realidad a día de hoy es muy fluctuante. El Parc Sanitari tiene dos espacios dedicados casi en exclusiva a la atención a personas con COVID-19. El Hospital General y otra unidad que se ha habilitado, con 18 pacientes más. Este unidad está en la parte del centro dedicada a salud mental y van los pacientes que son tributarios de medidas paliativas. Después el Parc Sanitari tiene otras unidades que, sin ser habitual, siguen dando atención a personas con problemas de salud mental o discapacidad intelectual. Tenemos estas dos realidades. Intentando por todos los medios que no se mezclen. Cosa que no es fácil. 

En el caso del SAER también trabajáis con equipos diferenciados: ¿los que estáis en una unidad, no visitáis la otra?

Habitualmente es así, pero ahora no. En cuanto a la atención espiritual, la estamos ofreciendo en dos modalidades: una atención a distancia, telefónica o por videollamada, y otra presencial. La atención presencial sólo la estamos haciendo en unidades con personas con COVID-19. Y la atención en el resto de unidades se hace por lllamada o videollamada. 

Por tanto, a diferencia de lo que cabría pensar, los enfermos de COVID-19 tiene garantizada esta atención presencial. ¿Estáis, físicamente, cerca de la cama del enfermo cuando solicita este servicio y hacéis de puente con las familias?

Exacto. En este nivel, hemos creado un equipo de Soporte PsicoSocial y Espiritual que integra diferentes subequipos del Parc Sanitari. El SAER forma parte como los Equipos de Atención Psicosocial (EAPS), subvencionados por La Caixa, para la atención en el final de la vida y también una profesional del departamento de Solidaridad San Juan de Dios. Con una seria de medidas de seguridad, las personas que estan haciendo presencia con pacientes con COVID-19 facilitan estas llamadas o videollamadas con la familia. A veces para que puedan hablar o, incluso, despedirse y,  a veces, si el paciente está sedado o inconsciente, para que lo puedan ver y sepan que está tranquilo y sin síntomas distresantes. Estos profesionales también hacen de enlace con los profesionales que estan en su domicilio haciendo teleasistencia. Para lo que son intervenciones más largas, el profesional enlace, que está presente en la unidad, organiza una videollamada con el profesional referente que está en casa y que está haciendo teleasistencia. 

Cuando hablas de intervenciones más largas, ¿de qué formato estás hablando?

Son atenciones de más de quince minutos, con la familia o el paciente. Las atenciones presenciales se intentan hacer en formato de cinco minutos, más breves. En la atención más religiosa, en general, sí que hay algunas posibilidades de atención breve para hacer o acompañar una oración, que se pueden hacer presencialmente, sin la videollamada. Si se ha previsto que sea más larga, y hay posibilidades, se intenta hacer a través de una videollamada. 

¿De qué depende?

Depende de si hay lugar donde colocar el dispositivo, el móvil o la tablet, para que el paciente pueda seguir toda la atención que se le está prestando, que pueda sentir lo suficiente, que no necesite tener el aparato muy cerca para poder ser atendido por esta vía. Cuando no es así, la intervención tiene que ser muy presencial y entonces se circunscribe más a poner en contacto al paciente con la familia y para que la familia pueda ver al paciente. 

A parte de superar el aislamiento y garantizar esta comunicación, ¿qué necesidades específicas tienen los enfermos de COVID-19 respecto otros enfermos a los que atendéis habitualmente o en el ámbito de los cuidados paliativos?

Las necesidades específicas tiene que ver precisamente con la cuestión de aislamiento. Después hay aspectos que tienen que ver con la incertidumbre de la evolución y con que, a veces, los pacientes empeoran bruscamente y de golpe. Por tanto, hay un plus de incertidumbre por cómo será la evolución de una persona. Sobretodo con aquellas que evolucionan desde el principio con muchas complicaciones. Este componente de incertidumbre asociado, no sólo al sufrimiento, sino a toda la realidad del final de vida, y también a la situación de aislamiento. Ahora mismo, el grueso de nuestra intervención se centra en vencer esta particularidad y excepcionalidad que genera el aislamiento

¿Qué más hacéis, además de conectar pacientes y familias por videollamada?

En nuestro servicio también hay un equipo que se está dedicando a llamar a todas las familias que han perdido ya algún familiar de COVID-19. Se está haciendo esta llamada personalizada a cada uno, dándole el pésame, haciendo una primera atención al duelo y ofreciéndoles suporte grupal a posteriori, cuando pase el estado de alarma, y también la posibilidad de participar en una celebración religiosa general que se haría en el Parc Sanitari en memoria de estas personas. Esto tiene que ver con el hecho de los familiares no pueden hacerse presentes al lado de sus difuntos. Estamos intentando atender todas estas imposibilidades por la presencia cercana y física, con las llamadas y con los profesionales enlace que facilitan esas videollamadas. 

¿Alguna anécdota destacable que te haya marcado especialmente estos días?

Os plantearé dos. Una tiene que ver con un caso que la persona enferma estaba en situación de final de vida. El médico había llamado a la familia para comunicar cómo estaban las cosas y la familia había reaccionado con mucha frustación, con mucho dolor y mucha queja. Horas después, el profesional del equipo de soporte psicosocial y espiritual habló con ellos y pudo entrar en la habitación, con una tablet, que les permitió ver cómo estaba su padre y vieron que estaba en paz. Aquella familia se sintió muy confortada y muy consolada, y pudo cambiar y resignificar del todo la vivencia de aquella situación.  Esto no es en clave de atención religiosa, sino en clave de atención espiritual, de acompañamiento de la experiencia humana profunda, y hace mucho bien. 

Y en clave de atención religiosa, hace unos días, una familia de tradición cristiana evangélica pudo celebrar una oración todos juntos, por videollamada, con la persona que estaba a punto de morir. Todos juntos significa que había hijos, nietos que estaban en la otra punta del mundo, y otros tantos repartidos por media Catalunya. Y cada uno, desde su lugar, a través de esa videollamada, a través de la comunión con el espíritu, se estaban haciendo presentes al lado del padre, del abuelo... Fue una experiencia que permitió sentir y experimentar de una manera clara y profunda que la presencia física no es indispensable para estar juntos. 

Aislamiento a parte, hay cuestiones fundamentales, dudas universales que afrontan todos los enfermos y también los familiares. Antes decías que no te gustaba hablar sólo de sufrimiento respecto al final de vida. ¿Dónde ponéis el acento? ¿Qué es lo más importante de trasladar ante la muerte? También desde el punto de vista religioso. 

La pregunta es compleja. Ahora mismo visualizo dos vías que són importantes de transitar. Una es precisamente ésta: en realidad no morimos solos, no vivimos solos, estamos en red y hay una comunión espiritual entre todos nosotros que es muy manifiesta, pero de la que somos poco conscientes. Parte del trabajo tiene que ver con que todos y un determinado colectivo familiar tomen conciencia de esta comunión espiritual, de esta comunión del corazón. Y desde aquí poder vencer la sensación de no estar físicamente presentes. Poder tener esta mirada más amplia, más interior, que permita tomar conciencia que nunca estamos solos y que siempre estamos en comunión. Esto es fundamental para que estas experiencias de final de vida sean vividas desde una comprensión profunfa, pacificadora y no traumática. 

En el final de vida, la cuestión de fondo es lo que llevamos cuando cruzamos el umbral de la muerte. En situaciones normales, se visibiliza alrededor de la cama de la persona. Pero ahora mismo, cuando esto no se puede visibilizar, no deja de ser más cierto. En el fondo, lo que llevamos con nosotros cuando cruzamos este umbral, es lo que cabe en nuestro corazón. El trabajo va por aquí y también en relación a entender que estamos cruzando un umbral, que iniciamos otra etapa en nuestro viaje y dejarnos llevar a través de este umbral con esta confianza. No es nada más, ni nada menos que esto: el objetivo último de nuestros servicios siempre es que la persona esté conectada a esta experiencia de confianza básica vital, confianza en la vida, confianza en que la vida tiene sentido y vale la pena. A pesar de todo. Y a pesar de todas las circunstancias. Y a partir de aquí, en este momento de traspaso, en este momento de máxima incertidumbre, de máximos interrogantes, intentamos que la persona no abandone la confianza que ha presidido su vida o que la pueda reconquistar si en algún momento la ha perdido. Y esto tiene mucho que ver, precisamente, con esta comunión del corazón. En este hacer experiencia del sentido de la vida a través de los afectos que nos configuran y nos definen. 

Esto días habéis vivido un incremento de decesos. Más allá de los protocolos de trabajo, desde la dimensión más humana, a los profesionales y a los voluntarios, ¿qué os ayuda a hacer vuestro trabajo y hacerlo bien?

Los profesionales no dejamos de ser personas. Y el ser humano, esté en el momento de maduración espiritual que esté, o de conciencia, es muy sensible a cualquier gesto que desprenda solidaridad, a cualquier gesto que desprenda fraternidad. El ser los unos con los otros, el apoyarnos, los gestos de solidaridad que recibimos, estas cosas que explican los medios de comunicación, que son tan sencillas y a la vez tan preciosas. ¡Pizzeries que envian pizzas al hospital! Todos estos detalles visibilizan que estemos interrelacionados, que estemos en comunión, que somos la misma cosa. Son hechos que revelan esta verdad tan sencilla y tan profunda, y que resulta tan obvia que no valoramos. Esto es lo que ayuda a volverse a levantar. Y, por suerte, a nivel ciudadano de las distintas comunidades, esto se está agudizando estos días: todo el mundo está siendo muy creativo y, a la vez, muy hermano de los demás, y esto facilita que los profesionales puedan hacer su trabajo. Por ejemplo, la cuestión de los aplausos de la tarde: es otro gesto que manifiesta esta comunión entre todos  los que conformamos esta comunidad humana. Para los servicios esenciales, sentir el afecto, el agradecimiento y la solidaridad del resto de ciudadanos es suficiente. E incluso diria que es sobreabundante. Esta sobreabundancia de la gracia en situaciones de precariedad, de dificultad, de sufrimiento y de mal. Creo que también estamos viviendo esta sobreabundancia de la grácia a través de muchos pequeños gestos y esto nutre, permite seguir adelante. 

Hablas en términos de comunidad humana. ¿Vuestro servicio acompaña con los mismos criterios cualquier persona que tenga una necesidad de acompañamiento espiritual o religiosos, venga de la religión que venga?

Sí, como el propio nombre del servicio indica, como un servicio de atención espritual y religiosa, no nos circunscribimos sólo al ámbito de atención religiosa católica, e incluso no sólo al ámbito de la atención religiosa. Por tradición, en nuestra identidad hospitalaria tenemos esta atención y acogida a todos, provengan del contexto cultural y del marco de referencia religioso que provengan, y de atenderlo desde sus claves de comprensión del mundo. No puede ser de otra manera. Por ejemplo, en el Parc Sanitari hay un servicio de atención del migrante, a nivel de salud mental. Atendemos personas que provienen de tradiciones cristianas distintas de la católica, de hermanos ortodoxos, personas musulmanas... Y ahora no deja de ser así. Como servicio estamos organizados para valorar las peticiones que puedan llegar en este sentido. Hay una persona referente encargada de ver si las puede atender ella misma o si cabe una derivación a algún referente de la tradición religiosa a la que pertenece aquella persona. 

Miramos el caso de la tradición católica y el ejercicio de los sacramentos de extrema unción. ¿Hay curas disponibles en el hospital, con qué situaciones os encontráis, se está llevando a cabo esta práctica, son los laicos quienes administran este sacramento?

Ahora mismo, contemplamos diversas posibilidades porque tenemos diversos escenarios. En las unidades del Parc Sanitari, que son muchas, donde no se está atendiendo a personas enfermas de COVID-19, se sigue ofreciendo la unción presencial si se da una situación de final de vida que lo requieran. Para las unidades dond sí que hay personas con COVID-19, seguimos las orientaciones de la Iglesia universal: el profesional enlace que tenemos en las unidades posibilita la celebración de una oración, una plegaria, que sirva para encomendarse a Dios en esta situación de final de vida. La Iglesia suple las carencias que esta situación de excepcionalidad y de alarma está generando: con la indulgencia plenaria de dio el Papa, y la conciencia que tenemos todos los católicos que hay circunstancias que impiden el acceso al sacramento, pero no nos impide una adhesión particular e íntima desde el corazón de la acción sacramental. Hoy en día, se celebran todo tipo de eucaristías por Instragram o Facebook: nos adherimos desde la comunión con el espíritu. 

Y en cuanto a la atención sacramental en el final de vida, en estas unidades con personas con COVID-19, donde el presbítero no puede acceder, intentamos hacer este trabajo de mediadores entre el profesional enlace que puede, en un momento dado, oficiar una pequeña plegaria, y el sacerdote que está al otro lado de la videollamada, acompañando desde esta comunión de Iglesia. La Iglesia suple i se confia en el votum sacramenti, y Dios hace más que nosotros. Vivmos desde esta confianza y en esto creemos, firmemente. Ahora son situaciones que nos piden respuestas también excepcionales, que nos remiten a que el Espíritu hace más que nosotros y que estamos en un tiempo también de sobreabundancia de gracia. 

Laura Mor. Catalunya Religió
[entrevista original en catalán]
Parc Sanitari Sant Joan de Déu - Sant Boi de Llobregat (Barcelona)