Las personas que atendíamos cada vez demandaban una atención más específica y a la vez integral

Llegué al Albergue de Valencia en 1998, después de haber estado en el de Barcelona durante unos años y de una experiencia importante para mí intentando ayudar a personas sin techo, que necesitaban orientación y apoyo para salir adelante. Esta experiencia de acoger a la persona necesitada y vulnerable que llega dio un giro importante a mi vida en todos los sentidos, incluso desde la fe.

En el Albergue también aprendí muchas cosas, bien interesantes para vivir cada día. Siempre he tenido claro, que mi proyecto y el proyecto de la Orden Hospitalaria es acoger, apoyar y atender a las personas más necesitadas, en la medida de nuestras posibilidades, y me fui a Valencia a seguir haciéndolo. Aunque similar al de Barcelona era un Proyecto Nuevo en otro contexto social, pero para mí igual de interesante, pues seguía preocupado por el futuro de estas personas sin hogar, con problemas de alcohol, de drogas...etc.

Y el Albergue de Valencia era también lugar para acompañar a este colectivo. Cuando llegué a Valencia, el centro como espacio físico era una realidad nueva, muy moderna, el edificio se había terminado de remodelar entonces, pues hacía poco tiempo que habíamos pasado allí desde el legendario Hospital de la Malvarrosa y tenía una dinámica asistencial muy buena que realizaban los Hermanos y los colaboradores que estaban allí. Llegué con ilusión y me integré en aquella realidad iniciada ya, pero con los ojos y el corazón bien abiertos a la realidad social y a las necesidades de las personas que llegaban al Albergue y al cabo de algún tiempo empecé a ver que la sociedad valenciana tenía necesidades concretas y que las personas que estábamos atendiendo cada vez nos demandaban una atención más específica y a la vez integral. Mi idea era que aunque lo que se estaba haciendo estaba bien, no era suficiente.

Yo pensaba que teníamos que caminar hacia una pequeña red de servicios o programas especializados con el fin de dar una acogida a las necesidades concretas de cada persona y una respuesta adecuada.

Todo esto lo compartimos entre los profesionales que estábamos allí y con el apoyo de la Curia Provincial comenzamos a hacer pequeñas grandes cosas:
Consideramos crear un proyecto más singular para apoyar a transeúntes con problemas de alcohol que estuvieran dispuesto a abordar la deshabituación y surgió el Programa Fent Camí que se fue desarrollando con esfuerzo, con ilusión y dando la posibilidad a un grupo pequeño de personas, ya que en el espacio generalizado del Albergue no se veía posible. Se acogía en el Albergue a un grupito de jóvenes que querían comenzar el Programa Proyecto Hombre. En ése tiempo había dificultad para acceder a una plaza de vivienda protegida para comenzar con más intensidad su proceso de deshabituación de las drogas y comenzamos más de cerca con esta Institución, con la apertura de algunas viviendas de acogida para las diferentes fases del programa. Iniciamos un programa de inserción y seguimiento laboral, ayudándoles incluso en el alquiler de la vivienda en los primeros meses, con un seguimiento pautado por parte de su trabajador social de referencia. Entre estas y otras cosas que fuimos haciendo, lo interesante es que en aquellos momentos iniciamos un cambio significativo, pues siendo importante la higiene, llevar la ropa limpia y planchada, comer, dormir... no nos podíamos quedar sólo en esto, había que pasar del Albergue a un conjunto de Servicios Sociales con programas concretos según las necesidades de las personas.

También destacar que a raíz de todos estos cambios que se fueron produciendo a nivel de programas asistenciales, y que complementaban la atención en el Centro, se comenzaba a darle una estructura distinta, por lo que se consideró el cambio de nombre de Albergue San Juan de Dios a Sant Joan de Déu Serveis Socials València. Yo estoy muy agradecido por todo el tiempo que tuve la oportunidad de vivir y trabajar en los servicios sociales de Barcelona y de Valéncia, porque aunque fue duro por la realidad social y personal de las personas que llegan, cada uno con su situación concreta y con sus problemas específicos, fue bonito e ilusionante y visto desde la perspectiva que da el tiempo dices “cuanto viví y cuantas cosas buena recibí”.