"La Orden de San Juan de Dios ha sido capaz de promover una gran acción por el bien de la Hospitalidad"

Pascual Piles
El Hno. Pascual Piles nació en Benifaiò (Valencia) el 8 de septiembre de 1944 y entró en la Orden Hospitalaria a los 21 años. Después de la formación propia de la Orden, estudió en la Universidad Pontificia de Salamanca, Filosofía, Teología y Psicología, además de Enfermería en la Escuela de San Juan de Dios de Barcelona. Ha sido formador de Hermanos durante 9 años, Provincial de la Provincia de Aragón durante 13 años, Primer Consejero General durante 6 años y Superior General durante 12 años. Profundo conocedor de la figura de San Juan de Dios y de la Orden; buen transmisor de sus valores; carismático, reflexivo, acogedor, de sonrisa serena.  Según sus propias palabras: “Lo mejor que me ha podido pasar en mi vida es que Dios me llamase en su día a ser Hermano de San Juan de Dios”.

Más de 40 años han pasado desde que llegó como postulante a Sant Boi y desde entonces, una trayectoria ejemplar. Qué balance hace al respecto.

En mi casa, mis padres tuvieron un grupo de hijos, relativamente, grande: cuatro hijos y la última una hija. De niño ya me sentí llamado a estudiar el catecismo y participé, como otros niños y niñas, en la plaza y en la Iglesia parroquial de Benifaiò, con los catequistas y profesores que nos prepararon para la primera comunión que celebramos en la capilla del Colegio de Cristo Rey de Benifaiò.

Desde muy pequeño me sentí llamado a estudiar. Hice el ingreso de bachiller. Estudié el bachiller elemental con maestros y profes del pueblo. Habiéndolo superado, pasé al bachiller superior y, finalmente, hice el preuniversitario. Pero sentía dentro de mí una llamada a ser Hermano de San Juan de Dios. Inicié los pasos previos y los estudios universitarios.

Tuve la brillantez que Dios me dio. Estudié filosofía y teología. En la Orden Hospitalaria sentí el aprecio que se me tenía, hice los pasos adecuados. El último año estuve en el hospital Infantil de Barcelona y me ordené al final como sacerdote en la capilla del hospital. Sigo dando gracias a Dios, cada día, por todo lo que han supuesto los pasos que me han permitido que hiciera.

Tengo muchas personas conocidas llamadas por Dios al cielo. Trataré de seguir viviendo con fidelidad y, espero, que cuando Dios me llame, pueda reencontrar a cuantos van caminando cada día, con la mirada puesta en el cielo.

¿Cómo vive su vocación hospitalaria desde entonces?

Yo me siento muy feliz. Es verdad que tienes que salir al paso de muchas cosas, pero disfrutas mucho, por el bien que podemos hacernos unos a otros. La vocación hospitalaria te hace sentir muy cercano al enfermo. Intentar ayudarle para que mejore, profundizar las dificultades que pueda tener, gozar cuando captas que la enfermedad va mejorando y en muchas ocasiones has tenido la oportunidad de ayudarle a sanar del todo.

Es verdad que no siempre es así, que a veces no se puede, que queriendo no siempre llegas, pero también es cierto que se puede hacer mucho bien al paciente y a sus familiares, en la medida que mejora, vas viendo la fuerza que va adquiriendo, estás muy cercano en la medida que lo desea y le acompañas en el proceso de la mejora de su enfermedad. También en la sensibilidad que puedes tener acompañándolo y cuando se pone peor estás con él sosteniéndolo.

Es verdad que hay procesos en los que se empeora pero también es cierto que lo mucho que se puede conseguir no lo tenemos que perder nunca. Y de hecho tienes una gran satisfacción cuando los acompañas en la mejora o estás a su lado en la medida que lo necesita con el servicio de enfermeros y enfermeras y les ayudas a vivir o a morir…

Todos luchamos por la salud pero también lo es acompañar al enfermo aunque no se le pueda sanar y tenemos que aceptar que aun no pudiendo sanar, podemos traer la satisfacción de la amistad, la pena interior que tenemos sin poder curar lo que quisiéramos y la sorpresa cuando en ocasiones parece que lo que nos iba a costar mucho va mejorando, poco a poco,  e incluso le puedes ofrecer el espacio de sanación.

Este bagaje le confiere una visión de la Orden Hospitalaria muy globalizada, ¿cómo ve la Institución hoy?

Nosotros podemos trabajar con hospitales que son del Estado. Hay servicios que nosotros hemos creado y nos hemos integrado en los servicios que, poco a poco y desde la fuerza vital de nuestros profesionales realizan de forma concreta conjuntamente. Nos ayudan las clínicas y los médicos, enfermeras,.. y además asumiendo, todos los roles que están llamados a realizar. Como estudiante, como hermano, con una preparación de enfermería, pero también como sacerdote hospitalario, creo que me he sentido muy hábil en las acciones que he tenido que tener siempre presente, que he tenido que realizar en el servicio a los enfermos cuando me ha integrado, estando también muy atento a las necesidades que los acompañantes solicitan, los enfermeros/as realizan en las diversas acciones o servicios a realizar.

Para nosotros es muy satisfactorio el tener un servicio para los pacientes y sus familiares. Dicho servicio ha ido creciendo según los profesionales, Ha habido muchos profesionales que nos conocen, que nos valoran, que los mismos profesionales nos buscan en aspectos que nosotros hemos ido conociendo y transformaciones que se han ido realizando por el bien de los pacientes y de las personas que como personas hospitalarias han creado, han estimulado y nosotros desde nuestras posibilidades hemos impulsado en el día de hoy.

¿Cuál es el secreto por el que la Orden, con más de 500 años de historia, sigue dando respuesta a los más vulnerables?

Nuestra Orden ha realizado un gran desarrollo en los distintos lugares donde se encuentra por el bien de las personas enfermas o necesitadas, que hemos realizado con mucha satisfacción. La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios ha sido capaz de promover una gran acción por el bien de la Hospitalidad.

La figura que todos conocéis a nosotros nos honra. La Orden ha sido capaz de promover y de seguir las huellas de San Juan de Dios por el bien de las personas necesitadas. Hemos sido llamados a continuar su obra hasta el día de hoy.

Hemos tenido 500 años de historia en los que nos hemos dedicado a las personas más vulnerables, ha tenido un gran desarrollo y nos da una gran satisfacción... Hemos tenido la satisfacción de iniciar de la nada una acción hospitalaria por el bien de los demás y hemos llegado a los lugares que hemos considerado que eran más vulnerables.

En ello estamos y en ello queremos seguir. Estamos en los cinco continentes del mundo, nos hemos entregado a los que están más necesitados. Hemos llegado a lugares muy necesitados y hemos actuado tratando de transformar nuestra Hospitalidad sabiendo que, como Cristo, como Juan de Dios, son los que más lo necesitan. Quisiéramos continuar nuestra acción por el bien del mundo, por el bien de los recónditos y por seguir mejorando. Muchos lugares del mundo siguen sufriendo, siguen siendo marginados, siguen necesitando de las atenciones sencillas, pero llenas de afecto de experiencias de amor y de entrega a los demás.

Como hizo Juan de Dios en su día, que nosotros vivamos nuestra vocación con la misma sencillez, como lo hizo él para los muchos que le necesitaban. En sus manos nos ponemos y queremos ser sus continuadores.

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