Hoy más que nunca, estamos trabajando en equipo y somos uno"

¿Cómo estoy viviendo este confinamiento al que un virus nos ha sometido? ¿Y quién soy yo para responder esta pregunta? En fin, nos armaremos de valor y humildemente me atreveré a decir que soy José Antonio Porras, pediatra de la unidad de atención al niño crónico complejo y necesidades paliativas del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona. Me gusta mi trabajo y creo que es una suerte y una responsabilidad acompañar a estos niños y familias en una situación tan frágil en la que se encuentran.

Frágiles como nosotros y como la humanidad entera. Hoy más que nunca, estoy convencido que somos susceptibles de ser heridos. Si hay alguna cosa que nos ha demostrado el coronavirus es que la humanidad también es frágil y de un día a otro, toda nuestra vida se puede desmoronar y nos tenemos que reinventar y adaptar a la nueva situación. Las noticias son escalofriantes: ingresos, muertes, curvas, repuntes… y en todo esto, mantener la esperanza y confianza y seguir atendiendo a nuestros niños con amor.  Por suerte, el coronavirus no está afectando de manera tan grave como lo está haciendo en los adultos. No se está ensañando en estos niños en los que viajan pendientes de un pequeño hilo de vida.

Pero sí que, como equipo, nos hemos tenido replantear nuestro trabajo. Hoy más que nunca, estamos trabajando en equipo y somos uno. Formamos un equipo y con un objetivo muy claro: seguir cuidando a nuestros niños y sus familias. Y la disponibilidad, el servicio y el buen hacer de nuestro equipo se ha visto incrementado. Y esto es entusiasmarte y emocionante a la vez. Un ejemplo, todos los pediatras que formamos nuestro equipo nos ofrecimos voluntarios para atender adultos. Dejar nuestra seguridad para atender aquello desconocido, pero que ahora era el mayor grito de sufrimiento de nuestra sociedad. Una vez más queríamos paliar tanto sufrimiento humano, no en niños como estamos acostumbrados, sino en un adulto.

El coronavirus también nos está invitando a pasar del yo al nosotros. Pasar de esta sociedad tan individualista a la cooperación y la solidaridad. Si sobrevivimos es porque nos estamos cuidando los unos a los otros quedándonos en casa y paliándonos los unos a los otros. Hoy más que nunca, mi salud depende de cómo se comportan los otros.  Y los aplausos de cada día son un claro ritual de agradecimiento. Cosa poco valorada en nuestra sociedad, hasta ahora. Esperemos que las cosas cambien.

Y a nivel personal, estoy convencido que lo único que podemos cambiar es la perspectiva desde donde miramos la realidad y la vida está donde pisan nuestros pies. Yo sí que puedo generar esta confianza y esperanza que la sociedad reclama con mis compañeros de piso, con mi familia, amigos y compañeros de trabajo. Creo firmemente que lo que me está ayudando es llevar una vida ordenada, con horarios y rutinas y poder teletrabajar duramente o ir al hospital, pero también disfrutar de mis compañeros de piso haciendo deporte todos juntos, rezando unidos o compartiendo en torno a una mesa. Eso es crucial.

Otra pregunta que me hago durante este confinamiento: ¿cuál es mi centro?, ¿qué me da la vida? Y ahí lo tengo muy claro: mi confianza está en el Dios misericordioso que nos presentó Jesucristo y Él es mi roca y mi salvación…. Con Él a mi lado, ¿A quién temeré?

Y para acabar una cosa que estoy leyendo muchas veces en redes sociales es que la gente tiene ganas de ser libre. Yo ya me siento libre, confinado, pero libre. Solemos confundir el libre albedrio con la libertad. Pienso que la libertad es la capacidad del ser humano para escoger y construir su propia vida. Yo escojo ser el constructor de mi propia vida, para bien y para mal. La capacidad de crear mi presente y en cierta manera, el futuro. Y nadie ni nada me podrá quitar mi libertad. Y tú que me lees y que tienes la vida en tus manos ¿cómo quieres vivir tu confinamiento?

Hospital Sant Joan de Déu Barcelona