Diferentes idiomas, diferentes contextos, diferentes sensibilidades y todos nosotros unidos en torno al espíritu de San Juan de Dios"

He participado en el último LXIX Capítulo General de la Orden Hospitalaria como vocal al mismo elegido por los Hermanos de la Provincia. Era mi primera experiencia en este contexto; no así en Capítulos Provinciales a los que he asistido en repetidas ocasiones.

Han sido veintitrés días seguidos de reuniones en Roma, en un clima invernal. Nos ha llovido todos los días menos dos, aun cuando no lo haya hecho durante todo el día. En un centro anejo a la Curia General de los Padres Dehonianos, el centro Villa Aurelia. Setenta y ocho Hermanos con derecho a voto en un primer momento –setenta y nueve una vez incorporado uno de los nuevos Consejeros Generales, y no poder hacerlo otro de los elegidos-, un Hermano presentado y admitido como Secretario oficial del Capítulo, tres Hermanos más invitados especiales en la primera parte capitular, un grupo de veintitrés colaboradores laicos procedentes de las diversas Provincias durante cinco días, un equipo humano dedicado a las tareas tanto de Secretaría como de traducción… Todo un “ejército” convocados en torno a la Hospitalidad juandediana.

Indudablemente, una de la sensación que personalmente viví con mayor intensidad fue la universalidad. Una especie de Asamblea General de las Naciones Unidas. Cuando se señalan los grupos de trabajo se indican: Grupo América Latina, Grupo España, Grupo Asia-Pacífico, Grupo África, Grupo Europa Sur y Occidental, Grupo Europa Central, Grupo Inglés. Nunca mejor dicho que todo un mundo allí representado. Diferentes idiomas, diferentes contextos, diferentes sensibilidades y todos nosotros unidos en torno al espíritu de un hombre que, con un bastón y una capacha, inició su obra en la Granada del siglo XVI.

Otra de las sensaciones que a mí también me afectan es la acción del Espíritu. Estoy plenamente convencido de su presencia real y activa en nuestro Capítulo. Como si fuera un nuevo Pentecostés, su presencia es capaz de favorecer el entendimiento y la comprensión, de guiarnos hacia la unidad en lo fundamental. Desde un primer momento, con la jornada de reflexión que nos brindó el P. John Dardis, Consejero General de la Compañía de Jesús, fuimos invitados a situarnos en clave de discernimiento. Se trata de preguntarnos no qué es lo que nosotros queremos sino de intuir lo que el Señor quiere hoy para nuestra Orden. Todo ello se volvió a reiterar con la preparación espiritual de otro día previo a las elecciones que nos guió el P. Juan Carlos Martos, religioso claretiano.

Pero todo ello, entroncado con la “pasta humana” de todos cuantos allí nos encontrábamos. Y esa pasta lleva, como todo lo humano, una parte de elementos positivos, de búsqueda limpia de la verdad y lo bueno y, cómo no, otra parte en donde fácilmente se vislumbran los intereses personales o grupales, los gustos, la defensa de los respectivos status, los “egos”… La diferencia de idiomas no suele ser habitualmente lo que más nos distancia; hay otros “idiomas”, casualmente comunes, pero que son los que más nos dificultan el encuentro.  Algo de ello dejaba caer el Hermano Jesús Etayo en la Eucaristía inicial del Capítulo cuando, comentando el Evangelio del día, nos alertaba sobre los “diferentes demonios” que a los hombres siempre nos acechan a todos y cada uno de los participantes. Demonios sin cuernos, pero peligrosos.

Un Capítulo es esa “coctelera humana” en la que todo ello, Espíritu y materia, se entremezclan. Junto a la traducción que el equipo destinado a ello eficazmente nos brinda, cada Hermano nos sentimos llamados a traducir en clave de fe, lo que en esos momentos se está discutiendo, proponiendo, votando… Y no siempre es fácil.

Momento especial constituyó para mí la visita al Papa, al Sucesor de Pedro. Un viernes, también lluvioso cómo no, fuimos recibidos por Francisco en la Sala Clementina. Parecía algo cansado según comentaban algunos; yo lo percibí normal. Motivos tendría para estarlo pues hacía dos días que había regresado de la Jornada Mundial de la Juventud que se había celebrado en Panamá. Nos saludó personalmente a cado uno de los asistentes, y a todos nos miró sonriente a la cara… Poco antes, en su discurso, nos había señalado: “El discernimiento se trata de una actitud fundamental en la vida de la Iglesia y en la vida consagrada…”. Por si lo habíamos olvidado…