Debemos salir al encuentro de las personas, de las que sufren, y acogerlas con ternura, tratarlas con generosidad y profesionalidad

¿Cómo fue tu primer contacto con la Orden Hospitalaria?

De los 10 a los 16 años veraneaba en San Salvador cerca de Calafell; todos los veranos hacíamos funciones teatrales, sorteos, recolecta de juguetes y luego se lo llevábamos a los niños del Sanatorio de San Juan de Dios. Recuerdo todos los detalles, sobre todo las miradas llenas de vida de los niños, la mayoría encamados, por su patología del aparato locomotor.

Vivíamos en el Paseo de Cuellar, muy cerca del Hospital, por el que pasaba por delante con mucha frecuencia; a veces me acercaba con curiosidad y veía a los Hermanos todos con hábito y alguno con bata encima. Hablo de finales de los años 60.

En 1.980, ya médico, yo tenía mis miras puestas en el Hospital Miguel Servet, donde colaboraba en Radioterapia Oncológica desde hacía seis años y me sentía muy a gusto ayudando a este tipo de enfermos.

Mi novia era la hija del Director Médico del Hospital San Juan de Dios, el Dr. Pastor Franco, un gran médico y humanista, con la Hospitalidad muy integrada y del que aprendí mucho. Se empezaba un nuevo proyecto en el Centro y nos propusieron formar parte del proceso de selección; al final nos quedamos la Dra. Marco, el Dr. Del Rio, q.e.p.d., y yo, Y así tuvo lugar mi integración en la Orden.

¿Se puede decir que tu vida está ligada a la Institución?

Si, toda mi vida profesional la he desarrollado dentro de la Orden y mi identificación ha ido creciendo con los años.
 
Siempre se ha comentado las muchas formas de vincularse a la Orden. En mi caso, podría decir que es muy grande, pues ha supuesto mi crecimiento en formación humana, religiosa y profesional, y poder crear una familia y un proyecto personal (eso también cuenta). De ahí mi profundo agradecimiento y mi incondicionalidad hacia la Institución.Has puesto muchos esfuerzos, pero ha sido muy fácil desde el convencimiento de que estás recibiendo mucho más.

¿Qué factor ha sido determinante para tu dilatada relación con La Institución?

La total identificación con el carisma de la Hospitalidad, el sentirte parte del mismo, la posibilidad de aportar a su actualización y puesta en práctica. Es muy importante que el máximo número de profesionales y voluntarios de nuestros Centros se sientan así.
 
He ido viviendo con gran satisfacción personal, como ha ido cambiando la relación entre Hermanos y colaboradores a lo largo de los años, con personas, reflexiones y documentos, que sería ahora muy largo comentar, y que han supuesto, desde una visión anticipadora, el pasar de una relación laboral y algo distante por las circunstancias de la época, a contar con los laicos, primero para contarnos, luego para caminar juntos y al final a que haya centros exclusivamente llevado por nosotros. En este sentido, creo que la Orden ha ejercido un papel muy importante dentro de la Iglesia, y que la generosidad de los Hermanos y la receptividad y respuesta a la invitación, de los profesionales y voluntarios, ha sido muy grande. El camino no fue fácil, sobre todo al principio. Ahora, como siempre, pero mucho más complejo por el mundo tan cambiante en el que vivimos, debemos saber leer el Carisma de la Hospitalidad en clave de futuro. Lo que ocurre que ahora “futuro” es un espacio de tiempo, mucho más corto.
 
Nunca ha pasado por mi imaginación, a pesar de haber tenido opciones, dejar la Institución, hasta el punto en que se hizo notorio que yo no me iba del Hospital, y dejaron de hacerme ofertas; siempre he estado convencido de que era mi lugar y de que era un afortunado por encontrarlo en mi camino.
 
Para que llegues a este grado de convencimiento, como hemos hecho muchos, tienes que pasar por un proceso y la formación que vas recibiendo ayuda (la Orden te ofrece muchas oportunidades en este sentido); vas viendo que vas creciendo en otras facetas de tu vida y que poco a poco, con las muchas debilidades humanas, lógicas, la Orden y su Carisma, forman parte inseparable de tu vida.
Además, en mi caso me atrajo profundamente la espiritualidad de la Orden y dentro de ésta, la religiosidad. En un periodo de mi vida que yo buscaba…, encontré en la manera de vivirla los Hermanos, sencillez, naturalidad y la creencia en un Dios Padre Misericordioso, comprensivo, protector de los que más sufren y de los más débiles (me educaron en la existencia de un Dios castigador). Paralelamente, me identifiqué mucho con que en la Orden, Institución de la Iglesia Católica, se acoja a todos, creyentes y no creyentes, en todas las estructuras de su organización; me parece de coherencia evangélica, a la vez que muy enriquecedor para el Carisma y su puesta en práctica.

¿Qué momentos te han marcado durante tu trayectoria?

Muchos, cada cambio, cada logro, cada nueva etapa…sobre todo lo relacionado con nuestros atendidos, con las personas que te han conmovido o que les has podido ayudar desde un puesto u otro. Las muchas personas que has conocido y te han dejado huella; Hermanos, profesionales y voluntarios; con muchos mantengo una relación muy especial. Por otra parte, he tenido también alguna decepción, es normal, pero siempre me ha gustado el espíritu autocritico de la Institución; siempre he podido decir lo que pensaba con total libertad. Eso es muy sano y no lo podemos perder.

¿Cómo defines personalmente el Carisma de la Hospitalidad? 

Es nuestra alma, lo que debe identificarnos. Nuestro Fundador lo intuyó, inspirado en el Amor de Dios, tras ver el rostro de los que estaban abandonados por las calles de Granada, y no tenían nada ni a nadie. En clave actual, se trata de salir al encuentro de todas las personas, de forma muy especial de los más frágiles, de los que sufren, acogiéndolos con ternura y tratando además de resolver con generosidad y profesionalidad sus necesidades desde un punto de vista integral. La invitación a aplicarlo y a recibirlo es a TODOS.

¿Alguna anécdota que jamás olvidarías?

Muchísimas, pero voy a contar tres. A mí siempre me gusta contar que el no saber francés cambió mi vida. Cuando empecé en el Hospital pedían voluntarios para Senegal, mi esposa y yo nos ofrecimos muy entusiasmados; tuvimos una entrevista con el Hermano Jesús Torre, q.e.p.d., cuando todo parecía arreglado, salió el tema del idioma, yo no tenía ni idea de francés y nos descartaron. Nuestra frustración fue muy grande.
 
Cuando se reabrió el Hospital en 1986 como Hospital pionero de Media y Larga Estancia, las cosas no eran fáciles: había cantidades pendientes de pago a los profesionales, quedaba mucha hipoteca de la remodelación anterior, una actividad completamente nueva…Yo empezaba como Director Médico con 29 años…cuando salimos de la reunión en la que se firmó el Concierto con el Ministerio de Sanidad, el Hno. Alfonso Mendioroz (en aquella época presidente del Secretariado Permanente Interprovincial) me dijo: “bueno ahora depende ti”. Me sentí como en el chiste: sí, sí, claro… pero, ¿hay alguien más? Sí, que había más gente, un entusiasta Hno. Campos y un grupo de profesionales que con espíritu fundacional sacamos el proyecto adelante; pero en ese momento me sentí muy agobiado. Seguro, querido Alfonso, que en aquella época todavía sabía yo muy poco de la Institución en la que me había metido y de sus audacias.

Cuando el cincuenta aniversario del Hospital, organizamos muchas actos durante todo el año (2003-2004) cara al público todo salió fenomenal, pero desde dentro vivimos nuestros nervios. El día 8 de marzo inauguramos la plaza de detrás del Centro; se trataba de que en el momento que se descubriera la escultura de San Juan de Dios, se ponía en marcha la fuente y un tenor, Don Pascual Banzo, desde una ventana del Hospital cantaba el Himno de San Juan de Dios en cuanto viera que los chorros de la fuente aparecían. Hacia un día buenísimo, había mucha gente y muchos medios de comunicación. El Hno. Pascual Piles, General entonces de la Orden, y Marcelino Iglesias, presidente de Aragón, descubrieron la placa conmemorativa, se desprendió la cobertura dejando ver la escultura del Santo y….la fuente, por un fallo técnico no se puso en marcha; mis esfuerzos, a una distancia considerable para decirle al tenor que empezara a cantar, fueron tan grandes que resultaron efectivos, el mal rato pasado, no se te olvida nunca.

Has conocido otros Centros de la Orden en otras partes del mundo, ¿qué tal la experiencia?

He conocido muchos y en varios países. En todos se nota “algo”, eso que nos define y nos diferencia, quizás la centralidad del enfermo, la decoración más funcional y más amable, la gran labor a pesar, a veces, de las enormes dificultades. Destaco también el sentirte como en casa y es una lástima que no tengamos el mismo logo en todo el mundo, sé que es muy complejo y costoso. Yo siempre cuento que cuando voy a Madrid, donde viven mis tres hermanos, y paso por la calle Serrano, esquina Concha Espina, y leo Hospital de San Rafael, Hermanos de San Juan de Dios, siento mucho orgullo y pienso “estos son los míos”, e igualmente me pasa con cualquier otro centro.

¿Qué significó para ti recibir la Carta de Hermandad?

El día que recibí la Carta de Hermandad fue para mí un día muy feliz, porque sentí que más allá de la relación laboral, algo me unía todavía más a La Orden, con un vínculo, quizás sobre todo espiritual, pero que me enriquece, a la vez que me responsabiliza y me abre nuevas posibilidades de compartir con los Hermanos.

¿Qué futuro le deseas a la Institución? ¿Cuál sería tu escenario ideal para ella? 

Le deseo que seamos, en un mundo tan complejo, capaces de renovar y seguir transmitiendo y aplicando el Carisma de San Juan de Dios, a su legítimo destinatario, la sociedad. Esta, cada vez tiene más desigualdades: los ancianos, los enfermos terminales, los discapacitados, los emigrantes, los excluidos…El espacio es muy grande, pero yo añadiría que en cualquier tipo de centro, sanitario o social, tiene un gran campo de misión nuestra Institución. Para ello, hay que seguir “enganchando” a personas en el proyecto; cada uno que colabore desde su puesto, desde sus habilidades y virtudes, desde sus creencias, desde su disposición personal…pero siempre respetando los Valores del carisma; los Hermanos además te invitan a participar activamente en su actualización.

¿Algún agradecimiento especial?

A mí me gusta mucho agradecer, es como perdonar, esto más difícil  pero es muy sano y te deja tan buenas sensaciones… Mi lista de agradecimientos sería interminable: todos los que han confiado en mí, todos los que me han ayudado en el trabajo de mi responsabilidad…Pero en este momento de mi vida, en que llevo un año con una grave enfermedad y en que el sufrimiento no ha sido poco, quería comentar que mi fe, mi familia y muchos Hermanos y colaboradores, y la Institución en sí misma a través de sus actuales responsables, me han mantenido aceptador de mi realidad primero y luego luchador cuando se abrió el camino de la esperanza. A todos ellos dirijo mi agradecimiento más sincero. Si Dios quiere, espero recuperarme e incorporarme de nuevo a la labor Institucional que se me proponga y con energía renovada.
 
 
Pablo Obis
HSJD Zaragoza