“Por curioso” soy Hermano de San Juan de Dios"

El Hno. Agustín lleva casi toda su profesión religiosa en el Hospital Maternoinfantil, en el que descubrió su otra vocación, la rehabilitación. En el hospital se hizo cargo del servicio hasta llegar a gerente del centro, el último gerente religioso. Nos habla también de sus otras pasiones, la jardinería y la música. Gracias a la música y a otros compañeros del Hospital, crea la coral Sant Joan de Déu, y gracias al Hno. Matías de Mina, se interesó por los árboles, de ahí que se hiciera cargo en reconvertir el terreno de la casa de Sant Antoni de Vilamajor en el jardín de ahora.

¿Qué te llevó a ser Hermano de San Juan de Dios?
Vinieron a buscarme primero del seminario de Zaragoza, después los mercedarios y por último los salesianos. Ya tenía todo preparado para hacer el bachillerato con los salesianos en Andorra, cuando vino de paso un familiar de Alcorisa y hablaron con mis padres que tenían un sobrino en la escolanía San Juan de Dios de Calafell. Conocía a ciertos hermanos de Zaragoza porque atendían a los mineros de mi pueblo y llevaban buena fama, pero no sabía quién era San Juan de Dios. Me propusieron ir con él a Calafell. Escribimos al Hermano Ángel Ramírez y el día 7 de noviembre de 1956 ingresaba en la escolanía. Pasé por las escolanías de Calafell, Pamplona, Barcelona, Calafell, y vuelta a Pamplona con 15 años. Estando en Pamplona con mis 15 años, fue cuando, creo, empezó a surgir la llamada juandediana.

Yo suelo afirmar, “por curioso” soy Hermano de San Juan de Dios. Me explico: me llamaba mucho la atención un grupo de Hermanos jóvenes de la clínica de Pamplona. Trabajaban de sol a sol y siempre los veía alegres y felices, jugaban a frontón con ahínco pasional, lo mismo que al futbol (ya con pantalón bombacho)… y siempre felices y contentos. Y yo siempre me preguntaba: ¿qué tienen estos Hermanos que los veo siempre tan felices? Creo que ésta era la pregunta que tenía que responder.

Sí, señor, creo que “por curioso” soy hermano de San Juan de Dios.

Siempre he querido sentirme libre por dentro y feliz. Por eso, me veía en ellos… probé y me quedé.

¿Cómo fueron tus inicios en la Orden?
Excepto en el aspirantado, fue todo muy ilusionante. Pasé dos años y medio en Calafell. Una época muy feliz y con una fuerte ilusión de ser Hermano. Al final del neoprofesorado, me llevaron a Sant Boi para hacer el escolasticado, estudiando y trabajando durante un año en “finales” de la saleta de San Isidro; otro año en San Luís con un grupo de niños y otro, finalmente, en enfermería. Tiempo que me ayudó a fortalecer mi decisión.

Se me propone ir junto con otros dos Hermanos (Rey e Izurdiaga) a Salamanca a estudiar para sacerdocio. Yo no me veía sacerdote. De niño ya me vinieron a buscar para ser sacerdote y no lo acepté. Por este motivo me enviaron a la escolanía de Zaragoza, como Hermano formador. Daba cuatro asignaturas diarias y era responsable de la parte deportiva del colegio. Creo que fueron los momentos más felices y agradables por la comunión con el resto de los Hermanos. Fui destinado de nuevo a Barcelona para ser votado por la comunidad para la profesión solemne. Entre tanto, me destinaron al laboratorio mientras hacía el A.T.S. de empresa y técnico nacional en seguridad e higiene en el trabajo. Mientras, veía que el servicio de rehabilitación se iba desmoronando poco a poco. No había médico, la fisioterapeuta se fue a Holanda, con un título no homologado alemán teníamos un “fisio” acompañado de un auxiliar y un “peón”. Pedí cambio para ir a rehabilitación. Estudié fisioterapia sacando el título en Ramón y Cajal, y me hice cargo del servicio. Hemos de hacer constar que en esos momentos había tres servicios de ortopedia en el Hospital. Más tarde hice estudios de dirección y gestión de servicios, sacando el título de director de enfermería en la Universidad Carlos III de Madrid.

Participé en trabajos de dirección en junta de gobierno durante unos años, terminando como gerente hasta que fue nombrado un gerente seglar, el Sr. Claramonte. Me considero el último gerente religioso del Hospital.

Fue una época muy dura debido a la “reconversión” que sufrió el Hospital. Dejé todo lo referente a gestión y empecé a trabajar como fisioterapeuta de rehabilitación. Fui un año al Vall d’Hebron a especializarme en respiratoria infantil y puse en práctica lo que podría trabajar con neonatos, UCI y plantas. Ya que no había libros, tenía que hacerlo como experiencia de lo que realizaba. Una vez instalado, empecé a montar toda la respiratoria tanto en UCI como en neonatos. Con el tiempo me pusieron como ayuda un profesional que hacía el resto del Hospital, ya que en seis horas tratábamos los niños del ambulatorio y los hospitalizados (de 35 a 40 niños al día).

Instalé las técnicas para los post-operados de corazón en neonatología y la UCI con la aceptación del Dr. Rovirosa y Dr. Caffarena, post-operados de columna, FQ, ECMO (pioneros en Barcelona), pero como en esta vida todo llega, terminé con la jubilación y me destinaron a Serveis Sociosanitari de Esplugues. Soy voluntario de lunes a viernes por las mañanas, donde después de diez años sigo trabajando. Me siento uno más con ellos y la verdad es que estoy muy a gusto y me siento querido.

¿Qué pasos te encaminaron a dedicarte a la rehabilitación infantil?
Más o menos creo que he respondido en la anterior pregunta. Estando en el laboratorio observaba la caída de la rehabilitación. Se empobrecía. Cuando me hice cargo, hablé con el Dr. Esteve, Dr. Terri y Dr. Martínez, jefes de los tres servicios de ortopedia. Realizamos el proyecto del Servicio de Rehabilitación del nuevo Hospital y quedé como responsable del mismo, pasando a depender del director médico como servicio central.

En poco tiempo conseguí tener médico rehabilitador, fisioterapeutas titulados y auxiliares de rehabilitación, preparados por nosotros. Todos formaban un buen equipo. Creamos varias unidades diagnósticas, llevadas por los propios fisioterapeutas. Se crearon cursos de formación tanto para los fisioterapeutas como para los auxiliares. Se crearon convenios con diferentes escuelas de fisioterapia en Barcelona logrando que los fisioterapeutas tuvieran la venia docenti dada por la Universidad de Barcelona…

Durante más de 20 años trabajé con gran ilusión y creo que fue donde más me identifiqué como Hermano de San Juan de Dios. Haciendo tratamientos a niños neonatos y de la UCI, llegué a tener momentos más profundos de oración que en la propia capilla.

¿Y qué me dices de esas otras vocaciones tuyas como son la coral y la jardinería?
Esto de la música, quizá me venga por parte de la familia de mi madre. Luego lo desarrollé en la escolanía con los Hermanos Torre y Mendioroz y terminé dando a conocer las notas del pentagrama a los escolares de Zaragoza. Ya en Barcelona vi las posibilidades de crear una coral y los intentos de una tuna hospitalaria, que no fue posible por falta de bandurrias, la formación de un grupo musical, con pocos años de duración, y la creación de la coral que actualmente lleva unos veinte años en plena actividad. Hemos actuado en el Vaticano, Santa María di Trastevere, Isola Tiberina, los Jerónimos de Lisboa, el Monasterio de Silos, las Huelgas reales, Granada (Basílica de San Juan de Dios, Hospital Antiguo SJD y la Alhambra), Monasterio de Poblet…

Con respeto a la jardinería, mi padre, aunque no éramos de campo, me enseñó a amar el huerto, sus productos y la vida de la naturaleza. Estando en Zaragoza, aprendí por parte del Padre Matías de Mina del mundo del árbol frutal: tipos de árboles, clases de frutos y a podar.

Estando en Barcelona ocurría que íbamos de ejercicios a San Antonio y, como estaban todo el año cerradas la casa y la finca, no se podía andar descalzo ni alrededor de la piscina. Pedí permiso para arreglar un poco la casa y alrededores y el Hermano Esteve me dio el permiso para empezar. Labramos alrededor de la casa y de la piscina. Con la ayuda de los Hermanos de Barcelona, de David, Albert, Mercè, Ángel… allanamos el terreno sacando malas hierbas y planté varios tipos de árboles regalados por Icona, como las moreras, los abetos, los cedros, las palmeras y césped por todo el alrededor de la casa y piscina para poder andar mejor. Doy gracias a todos los que aportaron su granito de arena en San Antonio.

Hospital Sant Joan de Déu Barcelona