Las circunstancias dolorosas y desafiantes vividas han catalizado gestos de apoyo mutuo y vínculos de gran profundidad"

Nos ha parecido interesante destacar esta charla entre dos profesionales del Parc Sanitari SJD sobre la experiencia vivida durante la pandemia de la COVID-19, lo que ha supuesto esta crisis en sus respectivas ocupaciones y como haciendo equipo se llega a más. 

JA: Hola, Bernat. Nos piden que expliquemos cómo ha modificado el COVID-19 nuestra manera de trabajar. ¿Qué desearías decir?

B: La verdad es que me siento agradecido por poder escribir estas líneas y a la vez con la responsabilidad de narrar tantas cosas en tan poco espacio. Llegué a esta casa hace relativamente poco y ahora apenas puedo concebir trabajar en otro lugar. Imagino que debe de sucederte algo parecido también a ti, Toni.

JA: Cierto. A pesar de que ya llevo algo más de cinco años en el Parc Sanitari, todavía me siento un recién llegado a la gran familia hospitalaria. Además, en mi caso, la entrada en la institución supuso cerrar una etapa de 22 años como enfermero para abrir otra totalmente nueva dedicada a la atención espiritual como parte de la atención integral. Todo un reto.

B: Si, la vida está llena de ellos. En estos años yo había contribuido a extender la mirada paliativista en diferentes centros y equipos y actualmente me encontraba volcado en la docencia de nuestros inestimables PIR como tutor de residentes, cuando la pandemia, como a todo el mundo, nos cogió por sorpresa. Acostumbrados como estábamos a acompañar a nuestros pacientes al final de su vida, de pronto nos topamos con que las medidas para evitar el contagio impedían que pudiéramos hacer nuestro trabajo. ¿Cómo podíamos ayudar a un paciente a afrontar sus últimos pasos, si apenas podíamos entrar unos minutos en la habitación? Habíamos aprendido a trabajar con sosiego, a ajustar la conversación a las necesidades de quien teníamos delante, a acompasar nuestro discurso leyendo entre líneas, siempre cerca del paciente, siempre en contacto con él, siempre destinando todo el tiempo y calidez que nuestro trabajo requería. Sin embargo, eso ya no era posible.

JA: ¿Te resultó desconcertante toda esta situación? 

B: El primer día en que fallecieron pacientes que no pudieron ser acompañados elaboramos un procedimiento junto con nuestros compañeros de Infecciosas, que nos permitió entrar en las habitaciones para realizar intervenciones breves, así como realizar asistencia psicológica mediante dispositivos electrónicos cuando la intervención requería de mayor extensión. Pocos días después, estos mismos dispositivos nos sirvieron para iniciar videollamadas con las que posibilitamos que los familiares pudieran despedirse de los pacientes. Aun así, nuestros pacientes seguían muriendo solos y fuimos un paso más allá logrando redactar y presentar un procedimiento normalizado de trabajo que, tras ser aprobado, nos permitió comenzar a abrir la puerta a los familiares de nuestros pacientes.

JA: ¿Fue ahí cuando nos incorporamos nosotros desde el SAER, verdad?

B: Sí, es verdad; nuestro equipo se fue transformando. De una manera natural y casi como si estuviéramos destinados a ello, unimos esfuerzos el SAER, el departamento de Solidaridad y nosotros, el EAPS. De pronto, formábamos parte de algo mayor, de algo único. Se nos unieron también residentes de psicología clínica y psicólogos de la Unitat de Recerca. Cada uno aportando su pericia, cada uno sintiendo que abandonaba parte de su individualidad para fundirse en un todo. Juntos remábamos de manera inequívoca hacia el mismo lugar. Juntos remábamos hacia la humanización del final de la vida.

JA: Tienes razón. Y no se trataba sólo de nuestros equipos. A medida que la casuística asociada a la pandemia iba impactando en nuestra voluntad de hospitalidad, en todas las unidades y en todos los estamentos profesionales iba aumentando la conciencia de que, preservando las debidas medidas de seguridad, era necesario un equilibrio entre el discurso de los vectores de contagio y un nuevo discurso profundamente juandediano, el de los vectores de humanización. No debíamos dejar de ser lo que somos por opción, ¿verdad? 

B: Sí, y desde entonces no ha habido un solo día igual al anterior. Desconozco que nos depararán las próximas semanas, y posiblemente el día en que estas líneas se publiquen, ya estaremos haciendo algo totalmente distinto. De las pocas cosas sobre las que tengo certeza es que en estos días se han tejido relaciones que jamás hubieran podido ser tejidas con tanta intensidad

JA: Supongo que hemos vivido en propia carne la paradoja de las situaciones límite, donde circunstancias dolorosas y desafiantes catalizan gestos de apoyo mutuo y vínculos de gran profundidad. Son experiencias que no se olvidan.

B: Hay algo sobre lo que tengo certeza y sobre lo que me siento afortunado de ser testigo: como un sonido armonioso que emerge y destaca frente al ruido, siento que en cada despedida, en cada familia, en cada paciente, en cada situación, lo que destaca por encima de todo es el amor, la belleza y el profundo agradecimiento. Y acabo estas líneas del mismo modo. Dando las gracias a todos con los que nos hemos cruzado estos días y a todos los que desde el anonimato remáis en la misma dirección. Gracias en especial a mis compañeras Inma, Paola, Bárbara, Itziar, Laura; a ti, Toni; a Blanca, Ramón, Mati, Alberto, Eva, María, Ana, Susana y Paula. También a nuestros jefes por posibilitarlo y hacérnoslo fácil: Cristina, Inma, Isabel i Ignasi.

JA: Gracias por mencionarme, Bernat. Suscribo además cada uno de los nombres que enumeras. Y, sabiendo que en ese anonimato al que aludes, de gente remando en la misma dirección, están especialmente incluidas todos los compañeras y compañeros del Hospital General, quiero nombrar también al resto de profesionales del Parc, quienes con un esfuerzo denodado han conseguido lo imposible, que un virus invisible no sortease su atención vigilante y, de esta manera, que apenas rozase a las unidades de más allá del Hospital General. Apenas podemos concebir trabajar en otro lugar porque es aquí donde trabaja nuestra gente.

Parc Sanitari Sant Joan de Déu - Sant Boi de Llobregat (Barcelona)