Atendíamos a la idea de acercar nuestro carisma a las necesidades de la gente más desfavorecida"

Hermano Gabino Gorostieta nació en Larumbe (Navarra) en 1937. Ingresó en la Escuela apostólica de Barcelona en el  año 1950. En 1955 hizo la primera profesión religiosa. Realizó sus estudios de Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y el 11 de julio de 1965 fue ordenado sacerdote en Salamanca. En la Orden Hospitalaria ha ejercido los cargos de capellán del Hospital de Barcelona, secretario y Consejero Provincial. En el Capítulo Provincial de julio de 1977 fue elegido Provincial, misión que llevó a cabo hasta 1982, año en el que es elegido primer Consejero General. En Roma estuvo hasta 1988. Actualmente es Superior de la casa de Pamplona.

¿Qué recuerda de sus tiempos de Provincial?
Recuerdo haber vivido un tiempo muy interesante. Fueron años de encuentros, de renovación de las comunidades, de apertura, momentos en los que trabajamos especialmente sobre el concepto de Hospitalidad. Estaba como Superior General de la Orden, el Hno. Pierluigi Marchesi, un hombre muy dinámico que comenzó a transformar las Provincias y nos pedía unidad, aproximar nuestro carisma de Hospitalidad a las necesidades de la gente, transformación…

Y así fue, comienza entonces la renovación y la restructuración interna de nuestros Hospitales: Zaragoza, Carabanchel, Mallorca (que entonces era un pequeño hospital de cuarenta camas que pasó a tener cien y se construyó prácticamente entero…). Recuerdo que estaba recién inaugurado el Hospital de Barcelona. En esos años también se desligaron de nuestra Provincia de Aragón, los territorios de México y Cuba, que hicieron Provincia propia, y seguíamos manteniendo como propios, los hospitales africanos de Sierra Leona y Senegal.

Eramos unos 260 hermanos en la Provincia que, al dejar los países latinos, quedamos en 210. Castilla tenía alguno más y Andalucía, alguno menos…

Fue la etapa en la que comenzaron a incorporarse laicos a nuestra Obra y en la que también varió el perfil de nuestros pacientes: la polio estaba superada, seguimos ocupándonos de la psiquiatría -tan marcada en el carisma de San Juan de Dios-, de los discapacitados, y nos íbamos adaptando a las necesidades de salud de cada momento y cada lugar.

Podríamos decir que en su gobierno, la Provincia empezó su andadura en el ámbito social. No en vano, en 1979, se hicieron cargo de la gestión del albergue de la calle Cardenal Casañas en Barcelona, del que, por cierto, se cumplen 40 años.
Sí, atendíamos a la idea de “salir fuera”, de acercar nuestro carisma a las necesidades de la gente más desfavorecida. Se compró un local para transformarlo y pronto el Ayuntamiento de Barcelona, era alcalde Narcís Serra, colaboró con nosotros para intentar reducir el peso de la marginación y proporcionar a aquellas personas la posibilidad de una vida digna, libre e independiente. Para nosotros aquel proyecto era apertura, sensibilidad, materializar que el carisma de San Juan de Dios se acercaba a cualquier persona necesitada, más allá de la atención que ofrecíamos en nuestros hospitales.

¿Cómo ve la transición de las tres Provincias a una sola?
Se hace necesaria. Los Hermanos somos pocos y las obras son las mismas. Es un paso que había que dar. Seguramente las sensibilidades de todos, la de los Hermanos y también la del personal laico, puedan ser distintas pero hay que confluir.