"Una asistencia de excelencia incluye una medicina basada en valores"

Entré a formar parte de la gran familia de San Juan de Dios hace poco más de un año, si bien mi historia de relación con la institución va un poco más allá.

Se me aparecen en la cabeza recuerdos de hace ya más de una década, cuando el Centro Asistencial de Almacelles inició el gran reto de acoger a personas con problemas de salud mental. Estamos, si no recuerdo mal, en el 2004. Era un gran momento para la salud mental en Lleida, ya que se abría un nuevo centro que daba respuesta a la crónica falta de camas de subagudos y de alta dependencia psiquiátrica en las tierras de Lleida. Se trataba de unas instalaciones excelentes ubicadas en un centro asistencial con tradición en discapacidad intelectual, aunque dentro de una entidad con gran experiencia en otros lugares para atender también pacientes con problemas de salud mental.

A mí, en aquel momento, con unos años menos que ahora, me acababan de nombrar director del servicio de psiquiatría del Hospital de Santa Maria, antiguo hospital provincial, que atendía a las personas con trastornos mentales. Algunos opinarían que estaba liderando el equipo de la “competencia” y que, por tanto, no podría ver sino con recelo que otra institución asumiera recursos de salud mental.

Mi visión fue muy distinta, como podrán corroborar los “antiguos” del lugar. Se trataba de una gran oportunidad para Lleida, el poder no sólo sumar, sino multiplicar, y allá donde no llegue uno, que haya otro que pueda recoger el testigo.  Lo importante era que los pacientes tuvieran acceso a los recursos que precisaban, y que fueran bien atendidos.

No fueron tiempos fáciles: falta de experiencia, falta de psiquiatras, pero mucha ilusión por un proyecto y por intentar poner en el centro al paciente y a su familia, y no a las instituciones o a los profesionales. En este contexto se creó la comisión interdisciplinar en salud mental, y la realización de planes de tratamiento individualizado comunes.

El proyecto se va consolidando, y  por el 2006 se consensua el Plan Director de Salud Mental y Adicciones. Se plantean los recursos que ha de tener Lleida en un futuro en el ámbito de la salud mental, y claro, quién los ha de gestionar. En aquel momento se podía crear un modelo de competencia o un modelo de colaboración y de unidad. Lo fácil era lo primero, pero lo bueno para los pacientes, los profesionales y para el territorio era lo segundo. He de reconocer que fue sencillo ponernos de acuerdo, tanto a nivel de directores asistenciales, gerentes, administración sanitaria y consejería de salud, a pesar de críticas de algunos que tenían visiones reduccionistas y egoístas. Se consensua que San Juan de Dios, en un futuro, realice un nuevo hospital en Lleida, para asumir la atención en salud mental infantojuvenil, y también la parte de rehabilitación intensiva en adultos.

Viene la crisis económica y este proyecto, como otros muchos, parece caer en el cajón de las utopías. Pero de nuevo, con la ilusión, trabajo, y sobre todo, con la clara convicción de sumar y de pensar primero que todo en los pacientes, se consigue tirar adelante. En aquel tiempo estaba yo trabajando en la administración sanitaria, y recuerdo la admiración que me produjo el hecho que la Orden de San Juan de Dios se arriesgara a iniciar la construcción del nuevo hospital, sin claras garantías de que se pudieran concertar más plazas a corto plazo. Ahora bien, cuando uno lee la historia de Juan Ciudad, se da cuenta que esta visión tan atrevida y que algunos tacharían de “temeraria” o incluso de “irresponsable” ya viene de lejos.

Y ahora, en el 2017, este proyecto es una realidad, en la que tengo el honor de poder participar, ahora ya desde dentro. Y cuando uno entra, es como si de repente se abriera una nueva dimensión, donde aquellos valores que uno estaba acostumbrando a leer, de repente toman sentido. No se trata como la misión, visión y valores en otras entidades, que en algunos casos parecen servir sólo para rellenar las memorias y cumplir los estándares de calidad. El valor de la Hospitalidad, la calidad, el respeto, la responsabilidad y la espiritualidad están impregnados en el ambiente y se cuida y se forma a los profesionales para que los vayan integrando. La consecuencia es que los pacientes y sus familias lo perciben. Recuerdo, por ejemplo, el agradecimiento de una madre ante la atención que recibió su hijo y también el orgullo con el que participaron dos pacientes en el acto inaugural del nuevo hospital. Y también la agradable sorpresa del montón de profesionales de otras instituciones que se interesan por la posibilidad de poder incorporarse a este proyecto y salir de su zona de confort.

Conocimientos y habilidades, pero sobretodo actitudes y valores profesionales. Este es nuestro sentido. Una asistencia de excelencia incluye no sólo la medicina basada en la evidencia, sino una medicina basada en valores. Per molts anys!

Sant Joan de Déu Terres de Lleida - Hospital de Lleida