Allí se sufre con los que sufren y nos alegramos con sus alegrías"

Hno. Gregorio Martín

Creo que el premio lo tenemos bien merecido pero no solo por los que han muerto sino por todos los que hemos trabajado desde hace más de 500 años. Soy religioso desde los 17 años cuando llegué al entonces llamado, manicomio de Sant Boi. Limpiar, cuidar y rezar eran las máximas cuando empecé mi vida consagrada. Soy enfermero pero estudié 3 años de medicina tropical y a los 39 años me voy de misionero a África. He estado en Sierra Leona, Ghana, Camerún y Senegal.

África ha sido la alegría de mi vida. Trabajando todo el día y cuando te vas a dormir satisfecho, aún te queda una brizna de recelo por no haberlo dado todo. África es inexplicable: nunca es suficiente, por mucho que explique, todo el trabajo que hacemos allí. Hace 20 años estaba en Sierra Leona con una epidemia de cólera. Teníamos a los enfermos en el suelo. Íbamos descalzos y sólo teníamos una palangana con agua y desinfectante para lavarnos los pies. Jamás piensas en caer enfermo o en contagiarte. Estás para ayudar al que sufre. He pasado más miedo por los ladrones que por contraer una enfermedad.

Allí se sufre con los que sufren y nos alegramos con sus alegrías. He tenido la suerte de poder compartir misión y trabajo con el Hno. Miguel Pajares y con el Hno. Manuel García Viejo, al que ayudaba en el quirófano, y os puedo asegurar que hemos sacado partido de nuestra Hospitalidad gracias a la fe. Siempre digo que el fruto de la espiritualidad es para la Hospitalidad.  Si regamos la espiritualidad, somos más fuertes y libres para llevar a cabo nuestra labor hospitalaria. No tengo apegos materiales porque estoy enganchando a Dios para poder darme a los demás. Ahora, en estos momentos de añoranza por África debido a la edad y a la enfermedad, rezo mucho porque rezar me da fuerzas. Estoy convencido que si somos generosos con Dios, Él también lo será con nosotros. Por eso estoy muy contento con este premio tan importante que nos han dado.