"Ahora ya somos una mezcla, nos confundimos"

Rachida Lichoui

Llegué a Sant Vicenç dels Horts la Navidad de 1972. Veníamos de Ksar el-Kebir (Marruecos). Tenía 16 años y mi madre y yo fuimos las primeras mujeres marroquís en el pueblo. He vivido más años aquí que en Marruecos. Teresa llegó poco después. Cuando llegaron visitaron a todas las familias marroquíes. Hicimos una fiesta en el sótano de su casa. Reímos, cantamos, bailamos, nos lo pasamos muy bien. Ella venía con Antonia a nuestras casas. Nos visitaban. Vio nacer a mis hijos. Mis hijos iban al Bayt a aprender, a las colonias. Si necesitamos alguna cosa, allí estaba Teresa. Era nuestra familia.

Hemos podido trabajar y hacer la vida aquí. Antes íbamos a visitar a la familia pero desde que murieron nuestros mayores, ya no vamos porque toda nuestra familia está aquí. Antes no había nada para los marroquíes. Ahora hay de todo. Se vive igual aquí que allí.

Al llegar lo más difícil fue no saber el idioma. Todos hablan pero tú no entiendes y, entonces, se ve todo negro. Cuando aprendes, todo cambia, es diferente. Es mucho mejor. Fue muy importante que Teresa estuviera allí. La hemos querido mucho y nos ha querido mucho. La hemos querido todos y nos ha querido a todos. Y lo más bonito: ha querido a nuestros hijos. Un año antes de morir ella, mi hijo tuvo un problema y ella le ayudó. Hasta el último día ha estado allí. Siempre ha estado cuando hemos tenido un problema. Cada vez que llega el 25 de agosto…

Ahora ya somos una mezcla, nos confundimos. Lo que hemos hecho con Teresa es para escribir un libro. Han sido emociones, risas, amor, tristezas… de todo, como la vida. Las Hermanas de Sant Vicenç dels Horts han sido muy buenas. Falta Teresa y parece que nos falta una mano. Falta “la madre de San Vicente”. La gente sigue diciendo: “voy al colegio de Teresa”, “voy a la casa de Teresa”. Para nosotros, Teresa no está muerta. Está difunta, sí, pero para nosotros en nuestros corazones nunca morirá. Jamás morirá. Somos personas, católicos, musulmanes, pero ante todo personas: respiramos igual, vestimos diferente pero somos igual, hechos de carne y hueso. La casa de Teresa sigue abierta para todos. Yo jamás supe todos los estudios que tenía Teresa hasta que se murió: podría haber sido rica y ha sido pobre con nosotros. Ha sido humilde con nosotros, ¿por qué?... Dios dirá. Ella eligió ser pobre con nosotros. Eligió el amor de Dios no el amor del dinero: eso es lo que se ha llevado con ella. El día que murió yo le hablaba y parecía que escuchaba. ¡Y lo guapa que se fue! Jamás he visto tantos españoles y marroquís juntos como el día que ella murió. Ella eligió Bayt al-Thaqafa y se quedó en Bayt al-Thaqafa. ¡Era un ángel. Tenemos que saber, hablar y explicar lo buena persona que era. ¡¡Cómo la tendrá Dios!! Para nosotros ha sido nuestra madre. San Vicenç se ha quedado vacío. La recordamos. Son ya tres años. La recuerdo cada día. Mi padre la quería mucho: no dejaba que nadie hablara mal de ella. Ella estuvo en el entierro de mi madre y de mi padre, consolándonos. Estuvo en nuestras bodas, en nuestros bautizos, en nuestras muertes. Hemos ido al médico y nos ha acompañado, han nacido niños y ha estado allí, con las mujeres. ¡¡Lo que quería ella a los árabes…!! Ha estado hasta el último día. Hasta el momento de salir. No nos ha dejado y después de muerta, sigue estando. Su nombre no se ha ido… “a casa de Teresa”. Hace tres años que no está con nosotros pero su espíritu está con nosotros y no morirá nunca.

Fundació Bayt-al-Thaqafa