¿Cómo garantizar la confidencialidad e intimidad de la persona atendida?

Revista IN nº253 (2017)
Autoría

El pilar básico de todos los sistemas de atención a la persona es la confianza en el profesional y colaborador, que implica el reconocimiento de su experiencia y la convicción de que trabaja en la búsqueda del máximo beneficio, la autonomía y la protección de la intimidad de la persona atendida.

El pilar básico de todos los sistemas de atención a la persona es la confianza en el profesional y colaborador, que implica el reconocimiento de su experiencia y la convicción de que trabaja en la búsqueda del máximo beneficio, la autonomía y la protección de la intimidad de la persona atendida. Por ello, debemos ser especialmente sensibles a la hora de proteger la información que se nos da desde esta confianza, y más aún en la atención a colectivos vulnerables.

  1. El derecho a la privacidad, confidencialidad e intimidad de la persona atendida está perfectamente reconocido y protegido por ley.
  2. La legislación sobre Protección de datos es transversal y afecta a todos los profesionales, colaboradores y a todos los centros.
  3. Los datos de salud y sociales merecen una especial protección y se consideran del nivel más elevado de confidencialidad.
  4. Todo profesional y colaborador que accede a datos de las personas atendidas en ejercicio de sus funciones debe guardar las normas de confidencialidad de dicha información.
  5. Asegurarse que todos los medios (especialmente mensajería instantánea) que se utilizan para la transmisión de información de las personas atendidas cumplen la normativa vigente en materia de confidencialidad.
  6. No se debe acceder a la información de compañeros, familiares o personas atendidas si no se está autorizado para ello.
  7. No se debe capturar imágenes de personas atendidas con ningún tipo de dispositivo ni publicarlas sin su consentimiento.
  8. La persona atendida es siempre la titular de la información y, además de derecho a recibirla en primera persona, decide si la quiere compartir y con quién. Puede renunciar a este derecho, delegarlo y determinar qué otra persona quiere que sea su representante ante el profesional, salvo las excepciones que marque la legislación.
  9. Preservar el acceso a la información y tener conciencia del deber de confidencialidad se convierte en fundamental cuando la información está contenida o guardada en soportes tecnológicos diversos (papel, soporte informático, grabaciones o registros de voz o de imagen).
  10. Cuando se trata de acceder a registros, la persona atendida debe dar su consentimiento escrito a la finalidad y a los usos concretos de esta información, el objeto de la cual ha de ser protegido y tratado como datos personales.
  11. Garantizar que la intimidad de la persona atendida está salvaguardada durante todo el proceso asistencial, social o académico en el propio centro y fuera de él.
  12. Evitar realizar comentarios sobre la persona atendida fuera de las áreas pertinentes, como pasillos, cafetería, ascensores...
  13. La clave de acceso al ordenador es siempre personal e intransferible. Debe bloquearse cuando se esté trabajando con los informes de la persona atendida y se tenga que salir del despacho.
  14. No proporcionar información telefónica sobre la persona atendida a terceros ni a ningún medio de comunicación. Ésta será facilitada sólo por personas autorizadas y previo consentimiento de la persona atendida o representante legal.
  15. Todos aquellos documentos en los que puedan aparecer datos personales de la persona atendida deberán quedar fuera del alcance de terceras personas.
  16. Sólo podemos acceder al historial los profesionales que estamos autorizados para ello y esta información será utilizada únicamente en el desempeño de nuestro trabajo.
  17. Excluir comentarios que hagan referencia a aspectos íntimos de la persona y que carezcan de relación con su proceso terapéutico, social o académico.