Acercarse a la dimensión espiritual de las personas en situación de exclusión social

Proyecto de investigación. Pastoral Provincial.

En el año 2012 la Pastoral de la Provincia de Aragón - San Rafael de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, apoyó un proyecto de investigación liderado por el Hno. Ricardo Dasi cuyo objetivo era profundizar en las necesidades espirituales de las personas que vivían en situación de exclusión social. El proyecto fue coordinado por la Dra. Anna Ramió con la participación de los tres albergues de la provincia, Fundación Jesús Abandonado, SJD Serveis Socials València, SJD Serveis Socials Barcelona y Curia Provincial

Acabada la fase de entrevistas y transcripción, se ha procedido al análisis del contenido bajo la coordinación de la Pastoral Provincial con el deseo de seguir profundizando en el conocimiento de la dimensión espiritual de las personas de nuestros centros y proyectos. Partimos de la idea de que, como afirma el Hno. Dasi, por incapacidad de gestionar su espiritualidad, y las necesidades que de ella se derivan, las personas entran en conflicto consigo mismas, con las demás. Además, si no tienen capacidad para gestionar las causas de este conflicto, se van desplazando y rompiendo vínculos, primero consigo misma, al perder su guion existencial y la estructura de valores, y luego poco a poco rompen con su entorno llegando a esas situaciones de exclusión que tratamos.

De los resultados obtenidos ha surgido un nuevo objetivo: crear una herramienta que pueda ayudar a los profesionales a poner en valor la dimensión espiritual de la persona a la que atendemos para poder ofrecer un seguimiento adecuado. Esta herramienta, que hemos llamado Dirección Vital, recoge las cinco categorías más significativas que nos ha ofrecido el análisis. A partir de ella estamos preparando acciones formativas para los profesionales de los diversos servicios.

El equipo investigador lo formamos, Roser Díaz, responsable del SAER (Servicio de Atención Espiritual y Religiosa) de SJD Serveis Socials Barcelona; Enric Benavent, profesor de la Facultad de Educación y Trabajo Social Pere Tarrés-URL; Olga Valsells, voluntaria de SJD Serveis Socials Barcelona y Mercè Puig-Pey, coordinadora de la Pastoral de la Provincia de Aragón.

Necesidades, anhelos y capacidades espirituales

Sobre las necesidades espirituales de la persona, existen diferentes estudios y aproximaciones desde la antropología filosófica (Torralba; 2010) o relacionadas con el ámbito de la salud (Ramió, 2006, Benito, Barbero & Dones 2014) que parten de la idea de que la persona tiene, entre otras, una dimensión espiritual o trascendente. La espiritualidad como característica exclusiva del ser humano, forma parte de su vida interior y es un aspecto fundamental vinculado al sentido y a la dirección vital que todo humano anhela. 

Vivimos un resurgimiento del interés por la dimensión espiritual de la persona. La concepción tradicional de la palabra espiritualidad, que se relaciona con el sentido de la vida o la dirección vital que cada uno proyecta, ha favorecido a recuperar un concepto que durante mucho tiempo había quedado secuestrado por el ámbito religioso. En este siglo XXI nos encontramos en un escenario de concepción flexible de los conceptos espiritualidad y religión que nos permite distinguir formas más individualizadas de orientación espiritual.

Tradicionalmente todo lo espiritual estaba unívocamente ligado a lo religioso, sin embargo, actualmente podemos deshacer este vínculo. Esto nos permite establecer diversos ámbitos que relacionan ambos términos. Así pues, podemos hablar de personas más religiosas que espirituales, personas más espirituales que religiosas, personas que se consideran espirituales sin vínculo con ninguna religión, y personas que se describen como no espirituales. Algunas confesiones religiosas, atentas a este nuevo escenario, están adaptando sus propuestas hacia modelos donde la dimensión espiritual, entendida de forma abierta, tiene mayor protagonismo que antaño. 

La literatura que explora la relación entre espiritualidad y trabajo social, en los últimos veinte años, está reflejando este interés por la espiritualidad como impulso innato y universal que es previo a la religiosidad y que está vinculado con el sentido y los propósitos vitales de todas las personas. El énfasis que desde el Trabajo social se ha puesto sobre la necesidad de una atención holística de la persona, o de una intervención centrada en la persona aprovechando el bagaje que ésta pueda aportar en el proceso de intervención, son razones suficientemente importantes para comprender que la dimensión espiritual debe ser tomada en consideración. Cualquier trabajo de las profesiones asistenciales que valore y promueva humanidad, refuerce identidad y autoestima y colabore en la búsqueda de plenitud y sentido, tiene un aspecto espiritual.

Los profesionales sociales detectan como una limitación a la hora de acompañar a personas que tienen en el centro de sus vidas creencias religiosas o experiencias espirituales la falta de formación de base sobre estas cuestiones. En concreto, una de las limitaciones con las que se encuentran los profesionales que tienen sensibilidad por la dimensión espiritual de la persona es la dificultad de establecer una valoración en este ámbito ya sea en la detección de capacidades y anhelos espirituales así como de necesidades relacionadas a ellas. 

Es necesario desarrollar un marco competencial que facilite a los profesionales saber identificar cuando la religión o la espiritualidad es relevante para la persona atendida. El profesor estadounidense David Hodge (2013) propone dos niveles de valoración de la espiritualidad de la persona, una implícita, que debería incorporarse en los actos rutinarios de evaluación o valoración inicial y otra explícita reservada a casos en los que la evaluación implícita pueda mostrar que la espiritualidad es un tema central para la persona atendida. 

En cualquier caso, los autores que exploran la relación entre espiritualidad y Trabajo social afirman que para empezar es preciso que los profesionales tomen conciencia de sus propios valores y experiencias espirituales. Más allá de su posicionamiento personal sobre estos temas los profesionales deben poder apreciar qué papel juega la espiritualidad en la vida de las personas atendidas, y aprovechar las fortalezas que de ella se derivan así como poder responder a sus necesidades religiosas o espirituales cuando se presenten.

Una aproximación a la dimensión espiritual de la persona solamente desde el concepto de necesidad aporta una mirada negativa o de ausencia. La necesidad está vinculada a la satisfacción. El filósofo Josep Mª Esquirol (2018) plantea el término anhelo como el más apropiado para referirse a las cuestiones de sentido. La necesidad genera una dinámica de satisfacción que no puede alargarse indefinidamente, por otra parte, satisfacer un anhelo es un dinamismo que implica a todo el individuo de forma permanente a lo largo de su vida.

En el presente estudio hemos puesto la mirada en las capacidades espirituales que tiene la persona para satisfacer sus anhelos de plenitud y sentido. Partimos del convencimiento de que estos anhelos forman parte de la vida de todas las personas, que algunas los viven de forma más religiosa y otras los viven de forma más espiritual. También consideramos que ninguna persona que llega a nuestros servicios parte de cero en el camino de plantearse el sentido de la vida y de vivir la vida con la máxima plenitud. 

Metodología

El estudio se basa en una metodología cualitativa, a partir del método fenomenológico- hermenéutico. Se utiliza la técnica de entrevistas en profundidad de carácter autobiográfico con el objetivo de aprehender experiencias destacadas de la vida de una persona y las definiciones que esta persona aplica a tales experiencias.

Han participado 17 personas procedentes de los centros de Servicios Sociales de San Juan de Dios de Barcelona (n=5), Valencia (n=5) y Murcia (n=7). Todos son usuarios de los albergues y se han seleccionado atendiendo dos criterios:

  1. Que tengan capacidad de captar la demanda y de expresar sus vivencias
  2. Que se sientan integrados en el funcionamiento del albergue y lo que se ofrece dentro del mismo.

Los entrevistados presentan el siguiente perfil socio-demográfico: 3 mujeres mayores de 40 años, una extranjera y dos españolas, 14 varones 5 de ellos menores de 40 años, 5 extranjeros. 

Los entrevistadores son trabajadores y voluntarios que participan en la atención y el cuidado de los usuarios. La participación en el proyecto de investigación es libre y voluntaria, se informa a los usuarios de los objetivos y se firma un consentimiento informado.

Las entrevistas transcritas han sido analizadas por un equipo de cuatro investigadores. El análisis de contenido de las entrevistas desemboca en un conjunto de 90 conceptos clave que, con posteriores discusiones y análisis, se transforman en cinco categorías de las que dependen nueve códigos y 61 subcódigos. Se introducen todos los resultados al programa Atlas TI 8.0 para el análisis de los datos.

Criterios éticos

Se ha tomado especial cuidado en preservar el anonimato de los participantes en estas entrevistas para asegurar que la repercusión de los resultados sea positiva.

Antes de proceder a las entrevistas en profundidad se ha pedido a los participantes el consentimiento informado, informando de los objetivos de la investigación y de la libertad para abandonar la investigación en cualquier momento, y al personal investigador el compromiso explícito de velar sobre la protección de datos.

El proyecto de investigación se envió al CEIC de la OHSJD para que realicen una evaluación independiente.

Resultados

El proceso de análisis de las entrevistas ha llevado a concretar cinco categorías relacionadas con la dimensión espiritual de la persona. A partir de éstas se detectan tanto fortalezas espirituales, es decir puntos de apoyo que la persona tiene y con los que podemos contar, como fragilidades espirituales o temas en los que hay que trabajar.

Entendemos la dimensión espiritual de la persona como el ámbito de la interioridad relacionado con el sentido vital. Partiendo de esta mirada observamos que aparece un tipo de expresiones en las respuestas a las entrevistas que englobamos bajo el título de “Dirección vital”. Hemos constatado que la dirección vital engloba y acoge los otros ámbitos de respuestas que posteriormente presentaremos. En dirección vital hemos incluido todas las respuestas relacionadas con las ilusiones o las esperanzas, con los sueños o el futuro. También entendemos que cuidarse o hacer lo que a uno le gusta son ejemplos de vida con sentido. Así mismo, la dirección vital de las personas está marcada por la capacidad de tomar decisiones y de rehacer la propia vida. Por ello, las circunstancias adversas, las pocas ganas de vivir y el vacío existencial experimentado también son elementos relacionados con la dirección vital.

En estrecha relación con la dirección vital y acompañando todos los procesos de sentido de la persona encontramos cuatro categorías que vamos a describir a continuación: 

  1. La identidad. Las personas entrevistadas a menudo hacen referencia a quienes son, a como se ven, y también a quienes no son y de qué imagen se quieren alejar. La identidad normalmente va relacionada con la familia, que en todos los casos está lejana o ausente. En otras ocasiones de definen en función de un grupo de pertenencia, ya sea de amigos de compañeros de trabajo o un grupo religioso. Aparecen numerosas expresiones de identidad relacionadas con los valores, es decir con aquellos ideales que rigen la propia vida. Hay un anhelo manifiesto de preservar la propia identidad y la dignidad como persona.
  2. El arraigo o desarraigo. Las personas entrevistadas manifiestan una constante preocupación por sus vínculos ya sean familiares o de amistad. El sentido de pertenencia a una comunidad, de sentirse amados, de ser alguien para alguien se expresa a menudo en relación con la necesidad de perdonar o de ser perdonado. Todos los entrevistados han pasado por situaciones de ruptura, de soledad, de desamparo que desearían revertir. También el desarraigo se muestra por situaciones de duelo de personas queridas o incluso de duelo por situaciones vitales perdidas.
  3. La capacidad de valorar y analizar la realidad. Las personas entrevistadas muestran buenas capacidades de reflexión y valoración de la realidad. Saben reconocer las situaciones valiosas y las aportaciones que otros han hecho en sus vidas. Están acostumbradas a poner en orden las cosas en situaciones complicadas y a priorizar. Delante de situaciones dolorosas muestran capacidad de comprender, de situar en contexto las vivencias, de perdonar y de perdonarse. En muchos casos muestran el anhelo de superar errores y sentimientos negativos de rabia o de culpa
  4. Trascendencia. En esta categoría contemplamos las referencias a sus creencias religiosas, al papel de los símbolos y rituales. Para algunos la pertenencia a una comunidad de fe ha sido fundamental, para otros las referencias a creencias de infancia o juventud les fija elementos identitarios. También tratamos como elementos de trascendencia la voluntad de descentrarse, de contribuir al bien común, a hacer bien a los demás y al mundo.

Conclusiones

El estudio ha abierto una perspectiva interesante que nos acerca a la realidad de las personas que sufren exclusión social desde una mirada respetuosa con sus capacidades espirituales y con la toma de decisiones que de ellas se derivan. El análisis nos muestra la variedad de experiencias y la diversidad de factores que intervienen en el proceso de búsqueda de sentido. Vemos, por ejemplo, la importancia del modo de ser de cada uno, la capacidad de crear y romper vínculos, los valores heredados y la capacidad de reflexión para juzgar el mundo desde perspectivas concretas, las creencias y la relación particular con lo trascendente, lo absoluto en sus vidas, etc. Todos estos elementos se conjugan alrededor de la dirección vital que marca y da una forma particular y personal al camino de cada uno.

Este esquema de aproximación a los anhelos y capacidades espirituales facilitará la toma de conciencia de los profesionales sobre estas cuestiones. La propuesta de categorías que presentamos habla de aspectos muy cotidianos que toda persona ha experimentado, con un lenguaje cercano y comprensible. Todos los profesionales sean religiosos, espirituales o no, pueden identificar bien los términos utilizados.

Más allá de etiquetar las experiencias como religiosas o espirituales, se trata de acercarse a lo que está pasando en la vida de las personas atendidas, a poner nombre a sus capacidades y a sus anhelos y aprovechar las fortalezas que les son implícitas así como trabajar en sus fragilidades para salir adelante. La dimensión espiritual de la persona es la que se pone en juego a la hora de dar sentido a la vida. Lo más esencial de esta dimensión es la capacidad de tomar decisiones, de guiar la propia vida, de buscar la plenitud, la coherencia y la paz interior. Es el ámbito de los valores fundamentales desde donde cada uno intenta dibujar su dirección vital.

La dirección vital, que cada persona diseña con el ejercicio de su libertad última, está alimentada por su identidad, por la dinámica de los vínculos que ha tenido a lo largo de su vida, por la capacidad de analizar y valorar la realidad y por la presencia o no de una visión trascendente de su existencia.

Bibliografía
Benito, E., Barbero, J. & Dones, M. (Eds) (2014) Espiritualidad en clínica. Una propuesta de evaluación y acompañamiento espiritual en cuidados paliativos. Madrid: SECPAL
Esquirol, J. M. (2018) La penúltima bondat. Barcelona: Quaderns crema
Hodge, D. R. (2013) Implicit spiritual assessment: an alternative aprproach for ssessing client spirituality. Social Work, 58 (3), 223–230.
Ramió, A. (2009) Necesidades espirituales. Boadilla del Monte: PPC.
Torralba, F. (2010) Inteligencia espiritual. Barcelona: Plataforma Editorial.

Proyecto de investigación
Pastoral Provincial