Valores de la Orden: su evolución y vivencia

Revista IN, nº 246 (2015)
Autoría
Gabino Gorostieta

Juan de Dios recreó la Hospitalidad haciéndola praxis de su vida con la gente más excluida y teniendo como fundamento el evangelio de la  misericordia.

Juan de Dios no entendía mucho de conceptos y de valores, pero los intuía y los vivía con intensidad, sobre todo desde que oyó hablar al Maestro Juan de Ávila el día de San Sebastián, en la ermita de los Mártires de Granada sobre las Bienaventuranzas de Lucas. El impacto que recibió fue tal que quedó transformado radicalmente, incluso en sus manifestaciones externas no inteligibles para sus contemporáneos; tanto fue así que lo internaron por un tiempo en el Hospital Real tenido por loco. Aquí experimentó y vivió un trato casi inhumano, lo mismo que los demás pacientes, aprendiendo cómo no deben ser tratados los enfermos. Una vez que le dan de alta, lo primero que hizo fue interiorizar lo que le pasó en el hospital y dedicar un tiempo a su preparación en Guadalupe, para entregarse después con entrañas y corazón, al servicio de los enfermos y necesitados. Así comienza su andadura hospitalaria siempre revestida de compasión y misericordia y revalorizada en grado máximo, porque todo lo que hacía a los enfermos lo hacía al mismo Cristo. Juan de Dios recreó la Hospitalidad haciéndola praxis de su vida con la gente más excluida y teniendo como fundamento el evangelio de la misericordia.

Cuando hice mi profesión religiosa en la Orden el día de San Juan de Dios de 1955 con 18 años, tenía conciencia que comenzaba un camino con muchas posibilidades de evolución y crecimiento, pero siempre siguiendo el carisma y los valores de nuestro Fundador.

El ejercicio de la Hospitalidad ha tenido a lo largo de la historia de la Orden y de mi vida personal múltiples manifestaciones e implicaciones según necesidades de tiempos y lugares, pero salvaguardando siempre sus valores: acogida del extraño, cercanía, respeto, profesionalidad, espiritualidad y atención integral, entre otros.

Cuando profesé, la asistencia a los enfermos la realizaban, casi en su totalidad, los Hermanos. La Hospitalidad procuraba ser cercana, exquisita, familiar. El hecho de no contar casi con personal laico posiblemente empobrecía nuestra misión. Pero en el fondo, creo que los valores que se desprenden de ella se vivían por los Hermanos con mucho interés y entrega. Todavía no se les daba nombre como ahora, pero siempre han sido el distintivo de la Orden. Todos los Hermanos estábamos entregados sin horarios a la atención de los enfermos.

En el tiempo que llevo como Hermano, la sanidad ha dado un cambio radical tanto cuantitativa  como cualitativamente y además me tocó vivirlo muy de cerca, primero como Hermano sin responsabilidades especiales y después muy involucrado en la dirección de la Provincia e incluso de la Orden como Consejero, Provincial y Vicario General. Eran los años de 1972 a 1988. Fueron tiempos interesantes; recientes estaban las aventuras del famoso mayo del 68, la transición política en España, los inicios de la informática, el impacto del Vaticano II y como consecuencia, la esperanza y casi la utopía.

En esta época fueron madurando y llevando a la práctica los cambios en nuestros centros, tanto en  su orientación y modernización, como en la gestión y dirección. Hasta el final de la década de los 70 del siglo pasado las direcciones y los mandos intermedios eran competencia casi exclusiva de los Hermanos. En la Provincia se abordó este tema con interés y con mucha participación, llegándose a consensos y toma de decisiones importantes y en plazos  relativamente cortos, que afectaron a las direcciones, profesionalizándolas, a la ampliación y remodelación de los centros y a nivel de Curia Provincial asumiendo técnicos especializados en las diversas materias.

Pienso que a nivel de la  Provincia desde los años 70 se ha trabajado bien, con mucho consenso y  también con acierto y serenidad y que este tiempo “ recio” en expresión de Santa Teresa, se ha vivido por parte de los Hermanos, con ciertas nostalgias como es lógico, pero con mucho interés. 

Y, concretamente, he vivido esta época con gozo, con satisfacción y con esperanza, porque el carisma de Juan de Dios hecho Hospitalidad, abarca en nuestra Provincia cada vez a más personas necesitadas y  es llevado a la práctica de diversas formas por muchos más seguidores de San Juan de Dios que nos dice a todos: “Hermanos haceos bien a vosotros mismos, haciéndolo a los demás”.

En la Provincia somos actualmente 77 Hermanos y alrededor de 5.000 colaboradores y voluntarios. Tal vez pueda parecer por la diferencia sustancial entre unos y otros, que la entidad de la Orden casi desaparece o que sus valores ya no cuentan y como consecuencia la presencia de Juan de Dios, visible en sus seguidores, los Hermanos consagrados por el voto de Hospitalidad, deje de ser una realidad palpable en nuestros centros. La experiencia de estos últimos años nos dice, según mi entender, que no es así. La Hospitalidad con sus connotaciones de acogida, respeto, profesionalidad, solidaridad y espiritualidad sigue siendo por parte de la mayoría de nuestros profesionales una nota destacable. En esto ha influido muy positivamente la formación de nuestros directivos y del personal en general. Así se va haciendo realidad lo que tantas veces me decía el Superior General, Hno. Pierluigi Marchesi, con el que colaboré seis años: “Los valores de la Orden seguirán siendo patrimonio de nuestros centros, con presencia de Hermanos o sin ella, si sabemos inculcarlos en nuestros colaboradores”. Creo que tenía razón.

Hospital San Juan de Dios - Pamplona