El valor de la Hospitalidad en un modelo de atención centrado en la persona

Revista IN, nº 261 (2018)
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Nuestro modelo vincula a la persona formada con la atención de las necesidades de la persona dependiente.

La Fundación de Atención a la Dependencia (FAD-SJD) cuenta con una experiencia de más de 5 años de desarrollo, aunque somos conscientes que aún existen profesionales de SJD, que no conocen bien su funcionamiento.

Su misión se centra en el servicio hacia dos grupos de personas vulnerables:

  • Atención domiciliaria a personas con pérdida de autonomía, dependencia i/o discapacidad
  • Formación e Inserción Laboral de personas en situación o riesgo de exclusión social

El servicio a estos dos colectivos se orienta desde un Modelo Centrado en la Persona donde se vincula a la persona formada con la atención de las necesidades de la persona dependiente. De esta forma la individualidad de las personas de los dos colectivos es el epicentro de las actuaciones del equipo que compone nuestra entidad.

La FAD inicia su actividad con la atención, mayoritariamente telefónica, a las personas que piden información sobre nuestros servicios. La comunicación que se establece es un acto que requiere empatizar con la situación y necesidad de la persona y su familia, requiere escuchar de forma activa y buscar alternativas y posibilidades, siendo conscientes que las personas que no reciben ninguna prestación pública como apoyo a su pérdida de autonomía, tienen dificultades para cubrirlas.

Hace unos meses atendimos la solicitud de un servicio de atención domiciliaria. El contexto del servicio era para Marta, una joven de 22 años con una discapacidad física congénita que le limitaba su movilidad, desplazándose de forma autónoma en silla de ruedas. Marta ha estudiado Relaciones Públicas y estaba realizando prácticas en una empresa como creativa de slogans publicitarios. Su demanda y la de su madre, era encontrar una asistente personal. Su madre es una persona implicada y miembro de la organización ACCEDE, entidad comprometida con la defensa de los derechos de las personas con discapacidad,

Hay historias personales, que te impactan  más que otras, Marta fue una de ellas. Estamos acostumbrados a atender llamadas de personas mayores que presentan dificultades para discernir y tomar decisiones. Marta en cambio era una persona con plena capacidad de autodeterminación.

El mensaje de Marta fue muy claro: ella determinaría el nivel de apoyo de las actividades de carácter personal, de su entorno y también de ayuda en el desplazamiento fuera del mismo y  a la vez decidir sobre el tipo de persona cuidadora que encajara con ella. Su objetivo era conseguir al máximo, el desarrollo de una vida autónoma e independiente.

La búsqueda de una persona adecuada que actuara como asistente personal significaba  acercarse a entender y respetar,  colocar a la persona en el centro de nuestra atención y hacerlo de una forma respetuosa, próxima, responsable, personalizada y discreta. Era necesario conocer bien la biografía de Marta, sus preferencias, carácter e inquietudes como elementos imprescindibles para encontrar a la persona cuidadora que cubriera sus necesidades, teniendo presente su historia personal.

El proceso de búsqueda y selección era objetivo de la FAD y también de la propia familia a través de su entorno de amigos y conocidos. 

Tuvimos varios encuentros con profesionales que estaban interesadas en el puesto aunque sabíamos que la decisión sería de Marta. Esta situación está muy presente en la atención domiciliara, sabemos que las personas ingresadas en un centro no deciden sobre los profesionales que las atienden, pero en el domicilio, las personas quieren y pueden decidir con quién convivir.

En la búsqueda de profesionales hicimos varias presentaciones a Marta. Elisabeth, una estudiante de 4º de Psicología que quería compaginar sus estudios trabajando paralelamente. Se conocieron y hubo “feeling” tenían edades parecidas, intereses comunes y experiencias por compartir. Presentamos también a Nuria, Auxiliar de enfermería, un encuentro que fue muy positivo, pero paralelamente la familia nos anunció que había contactado con una persona de la cual tenían referencias personales.

Tras varios encuentros con profesionales Marta y su familia tomaron la decisión de contratar una persona que habían conocido a través de su entorno. Fuimos conocedores que a Marta le había costado mucho decidirse, estaba angustiada por si la elección seria la correcta.

Creemos que el proceso siguió los pasos precisos que exige un Modelo de Atención Centrado en la Persona donde el objetivo no es establecer un contrato, sino ofrecer un servicio. Este proceso se cubrió desde el primer momento en un marco de valores y humanización.

Valoramos con posterioridad la situación de los cuidados que recibía Marta y supimos que estaba muy satisfecha con la profesionalidad y el perfil de la persona escogida. La familia nos mostró un gran agradecimiento.