La gestión carismática en nuestros centros

Revista IN, n. 252 Noviembre/ Diciembre 2016 y n.253 Enero/Febrero 2017
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El concepto gestión en valores o gestión carismática, como se definió en 2012, se refiere al modo de desarrollo y adecuación a las circunstancias y situaciones contemporáneas. Nuestra institución se expresa en valor de la Hospitalidad y se organiza en la misión compartida entre Hermanos y colaboradores llevando a cabo una gestión carismática, es decir, haciendo las cosas bien, con sentido, y siguiendo los principios que justifican la razón de ser de la Orden.

Seguramente debemos empezar con una pregunta: ¿por qué hablamos de gestión carismática? Aparentemente la respuesta es muy obvia. Se trata de gestionar - dirigir, organizar, proyectar, liderar…- cada Centro, de manera que sus contenidos y su estilo, sean acordes al “carisma” (identidad) de la Orden de San Juan de Dios.

Sin embargo, cuando empezamos a aterrizar en el enunciado se inicia una interesante complejidad. La primera es ya acerca de la palabra “gestión”. A veces no somos conscientes de que todos realizamos actividades de “gestión”. Con más o menos impacto, con mayor o menor dedicación específica, en nuestra actividad laboral todos gestionamos algo. No son sólo los directivos o los mandos quienes gestionan. Es cierto que para ellos es su principal actividad y dedicación pero también las personas de atención directa, por ejemplo, gestionan programas de atención, otros pequeños o grandes equipos de profesionales, recursos materiales, etc.  En este sentido, cuando hablamos de gestión, no nos referimos exclusivamente a las competencias del Gerente o del Director. Nos referimos también a una competencia de liderazgo que cada vez es más transversal y que se hace más necesaria en más puestos de trabajo. La evolución del rol directivo y la de los estilos de ejercer la autoridad ha dado y sigue dando un rumbo distinto al de antaño, que debe seguir avanzando, y  demanda esta capacidad gestora a la mayoría de cada uno de nosotros, como personas implicadas en el mundo asistencial, sea sanitario o social.

La promoción de la persona, la confianza en ella, el respeto a su trabajo y la potenciación de su autonomía, el abandono de los sistemas de control por los de acompañamiento, etc. son algunos rasgos de los principios que caracterizan hoy el funcionamiento de muchas instituciones y que comportan tanto la necesidad de un concepto amplio y compartido de la gestión como el de tener identificado un estilo concreto de la misma. La Orden, en coherencia con sus planteamientos de centralidad y promoción de las personas, encuentra en este marco una vía de desarrollo y crecimiento de modelos de gestión que se guíen por esta línea carismática.

Una segunda apreciación tiene que ver sobre lo que entendemos por carismático. Ello nos remite rápidamente a la “misión” del centro y a sus valores. La identidad de una institución nos la da la referencia a unos principios básicos que asumimos como propios y con los que nos identificamos. Por tanto, seguramente sólo podremos gestionar carismáticamente, si de una manera más o menos consciente, realizamos un acto voluntario de “adhesión” a unos valores y por tanto a un estilo determinado. Todos sabemos que los temas relacionados con los valores tienen un importante componente vivencial. Por tanto, se hace necesario introyectarlos y hacer experiencia de ellos, para que haya una apropiación e identificación lo máximo posible. Ello es lo que  permite avanzar en la pretendida confluencia de valores personales e institucionales. Se trata de un proceso en continuo desarrollo que tiende hacia un ideal de valores que previamente hemos identificado.

Sin desmerecer la importancia y la necesidad de los enunciados, un tema crucial radica sobre todo en cómo los vivimos y los trasladamos a la realidad. Como expresan algunos expertos en el tema, hoy todos hablamos de misión, de valores, los tenemos escritos y trabajados, sin embargo el gran tema sigue siendo cómo los transmitimos, cómo hacer para que sean percibidos y cómo los desarrollamos de manera coherente y armonizada en el conjunto de las organizaciones. 

No hablamos de una cuestión estática ni que la podamos dar por concluida una vez definida. Los valores y por tanto también la gestión a partir de ellos debe enriquecerse con las aportaciones de las personas, las que ya forman parte de los Centros y las que se incorporan, y debe adecuarse a cada contexto y situación para poder tomar formas y expresiones válidas y adecuadas.

Como dice la profesora Adela Cortina, los valores “necesitan siempre de un sujeto que los capte como tales” y ello es lo que hace que no se trate de algo  relativo pero si relacional.

Desde esta perspectiva, la gestión carismática, a mi entender, no es tanto un tratado o un manual a seguir sino más bien un propósito a desarrollar. No es el cumplimiento de unas pautas sino el estar referenciado a unos principios y unos valores que de verdad hagan de guía, que orienten en un sentido determinado y que marquen un estilo de atender a las personas, de gestionar los recursos, de diseñar la organización, etc., ya que la gestión carismática debe visualizarse de manera transversal en todas las realidades del Centro.

En estos temas es importante la definición pero no lo es menos la metodología, es decir, la acción o la manera de llevar a cabo este propósito. Las acciones cotidianas, asistenciales y organizativas, las tomas de decisiones, la manera de resolver los conflictos, las prioridades que establecemos, la selección de un determinado perfil de personas, el reconocimiento de unos gestos u otros, etc. es lo que desvela la verdadera identidad de un Centro, lo que expresa cuál es en realidad su cultura institucional.

Lo que denominamos “cultura de empresa” o institucional, no es más que la expresión de una manera de hacer, un estilo y unas convicciones, que nos integra alrededor de unos valores que compartimos y de un carisma, la Hospitalidad.

La Hospitalidad tiene una connotación clara de integrar, de universalidad y sobre todo de excelencia. Ello nos permite apuntar que la gestión carismática, es también la gestión que persigue la excelencia. No es una referencia al perfeccionismo, ni a la competitividad, ni a establecer comparaciones, sino a centrarse en hacer todo de la mejor manera posible y con la intencionalidad de buscar el mayor bien al “otro”. Este “otro” es la persona que atendemos pero lo son también sus familiares y acompañantes, los compañeros de trabajo, etc.

La gestión carismática, de esta forma, promueve una cultura determinada y ello es un elemento esencial para favorecer la correcta integración de los valores de la Orden en las personas. Los temas culturales se fraguan a partir del clima que creamos, de las vivencias que propiciamos, de los contenidos que ofrecemos y sobre todo de la ejemplaridad de cada uno. Como todos sabemos, aprendemos más de lo que vemos hacer que de lo que oímos decir.

Hace ya unos años se introdujo en la Orden el concepto de Gestión Carismática. Ello partía del deseo y del convencimiento de que cada Institución tiene unas particularidades que la definen y que le confieren identidad. Esta evidencia marca, y debería marcar, todas las dimensiones de la Institución, una de ellas y nada intrascendente, es la gestión. Como anotábamos al inicio, entendamos el concepto de “gestión” como algo que afecta a toda la organización. Se trata de liderar, dirigir, desarrollar, optimizar, unos equipos de personas y unos recursos, para poder alcanzar el cumplimiento de una misión.

No podemos hablar de la gestión carismática sin referenciarla a la misión. La misión se hace necesaria de tal modo que algunos afirman que sin misión no es posible un proyecto de gestión. Recordemos lo que señala la Carta de Identidad sobre la misión global de la Orden:

“Evangelizar el mundo del dolor y sufrimiento a través de la promoción de obras y organizaciones sanitarias y/o sociales, que presten una asistencia integral a la persona humana” (C.I,-OHSJD)

Para nosotros evangelizar es intentar ser portadores del mensaje misericordioso del Jesús del Evangelio que pasó haciendo el bien y curando a las personas, liberándoles de ataduras, prejuicios y fardos pesados… se trata de hacer presente, a través de nuestras obras, programas y acciones, esta dimensión que intenta visualizar la mano de Dios que se acerca con ternura, comprensión y amor, a las personas que por diversos motivos se encuentran en una mayor fragilidad o vulnerabilidad.

Todos estos planteamientos tienen, gracias a una orientación de gestión carismática, una traducción en el plano operativo que se concreta en la cotidianidad. Así,

  • Cuando se promueve el tema de la gestión de valores y su transmisión
  • Cuando se exploran nuevos sistemas de liderazgo y de dirección de personas en base a considerar su centralidad, respeto y dignidad.
  • Cuando somos capaces de articular un proyecto que da sentido a nuestra vida profesional, personal, etc.
  • Cuando favorecemos los comportamientos éticos en toda la organización no sólo en la práctica asistencial (bioética) y consideramos como elemento importante la ética de la vida cotidiana
  • Cuando nos esforzamos por impulsar políticas de gestión de las personas  lo más coherentes posible con las actitudes hospitalarias y valores de la Orden.
  • Cuando nos movemos en una dinámica de mejora continua en nuestra praxis asistencial, garantizando calidad y seguridad a las personas que atendemos
  • Cuando planteamos y favorecemos modelos de intervención (sanitarios, sociales,…) que incluyen a las personas, las  respetan y promueven  su participación y autonomía
  • Cuando hacemos todo esto y más iniciativas que seguramente podríamos ir recopilando, seguramente, estamos acercándonos a los planteamientos que por identidad institucional ofrecen un marco que, bien entendido y bien gestionado, puede ser enriquecedor a nivel profesional, a nivel personal y a su vez promueven ofrecer un servicio de excelencia a las personas que se atienden. Y ésta es la concreción de la misión y lo que justifica el interés por promover una gestión carismática.

Dicen que hay tres “H” que posibilitan el llevar a cabo una gestión de una manera responsable: la Humildad, la Humanidad y el Humor. Seguramente  que estas actitudes nos pueden acompañar para seguir avanzando en el desarrollo de nuestro propósito: desarrollar cada día una gestión carismática, aprendiendo unos de otros, considerando la centralidad de las personas y teniendo madurez para acoger, comprender e intentar superar las limitaciones.

Acogerse a una dinámica de gestión carismática es ponerse en disposición de apostar por la excelencia que es lo que queremos ofrecer a todas las personas que se atienden en nuestros centros y las que entran en contacto, por la razón que sea, con la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

[entrevista Manuel Lecha]

  • La misión de la Orden Hospitalaria nos une

  • Hay un alto compromiso con el hospital

  • Llevamos a cabo la atención diaria de una forma singular, cercana e identificativa del estilo de San Juan de Dios

  • Asumimos una visión profunda de respeto hacia el ser humano

  • Trabajar en valores es para nosotros un reto continuo

  • Fomentamos la transparencia y realizamos una gestión responsable

  • La Calidad es la base esencial de nuestro trabajo

  • Plasmamos la Hospitalidad en cada uno de nuestros actos

  • Anteponemos la dignidad de la persona por encima de todo

  • Incorporamos en determinados espacios a las personas atendidas para que formen parte de la vivencia consciente de los valores institucionales

  • Tenemos que trabajar para fomentar la esperanza, ya que las personas que atendemos llegan a nosotros muy rotas

  • Situamos a la persona atendida en el centro de nuestras reflexiones y valoraciones, y obramos en consecuencia

  • Formamos parte de un proyecto común del cual nos sentimos responsables, todos, Hermanos y colaboradores

  • Vivienda para que se transforme en hogar y comunidad

  • Trabajamos para crecer profesionalmente en una entidad que acepte a todos

  • Creemos que el empleo digno  es uno de los caminos más cortos para fortalecer la dignidad humana

  • Construyendo familia con los mayores

  • Nuestra misión es seguir siendo sostenibles para continuar ofreciendo oportunidades laborales para personas con discapacidad

  • Es en el día a día donde se transmiten dichos valores

  • Ese “sentirse bien” de los profesionales se traslada a las personas atendidas.