Nuestros valores en la acogida de personas refugiadas

Revista IN, nº 260 (2018)
Autoría
Francisco Gea

La pericia existe aunque no es una garantía de poder acoger bien y poder cimentar una futura integración.

Con la puesta en marcha del nuevo proyecto de protección internacional para la atención de personas refugiadas en Manresa, surge un nuevo reto para la Fundació Germà Tomàs Canet: tener la capacidad de poder transmitir los valores que nos caracterizan en las acciones de nuestra intervención diaria en un campo de actuación en el que no tenemos experiencia.

Nos encontramos con la acogida de personas que han tenido que abandonar sus hogares de manera forzada debido a situaciones de guerra o inseguridad ciudadana y que, por lo tanto, han visto como los sueños e ilusiones en los que habían basado sus proyectos de vida, de un día a otro se truncaron. Personas que han estado en campos de refugiados viviendo en condiciones muy difíciles esperando que desde la Europa del estado del bienestar pudiéramos ayudarles, y llegan a nuestros países y se encuentran con los problemas burocráticos para regularizar sus situaciones y con los problemas que también tienen los ciudadanos de las sociedades de acogida para la obtención de un trabajo, de una vivienda, para recomponer sus redes sociales… Pero con una diferencia sustancial, ellos no lo han elegido.

Estamos preparados para abordar profesionalmente la intervención orientada a la integración de las personas acogidas en nuestra sociedad: tenemos un equipo multidisciplinar con psicóloga, docentes, abogados, educadores y trabajadores sociales, integradores, enfermera… La pericia por lo tanto existe, pero eso no es una garantía de poder acoger bien y poder cimentar una futura integración que sea sentida con especial cariño y calidez por nuestros huéspedes.

Aquí es donde nuestros valores nos han de servir para aportarles ese sentir especial que si conseguimos transmitir en la acogida puede marcar, como hacen las primeras impresiones, su relación con nosotros, con nuestra sociedad.

Desde el primer día nuestra Hospitalidad se muestra de manera firme ante situaciones que pueden parecer de exigencia o de desagradecimiento pero que tenemos que entender como reflejo de un malestar interior que arrastran desde tiempo atrás ante la injusticia que cualquier persona sentiría en una situación similar. Hay que estar apoyando a nuestros colaboradores que, en un primer momento, trabajando con mucha ilusión y con la emoción de realmente poder ayudar a paliar estas situaciones, se encuentran con actitudes adversas. Les recordamos que esta adversidad no es atribuible a su acción pero que son ellos los más cercanos y por lo tanto los que reciben esta transferencia.

Tenemos que trabajar con calidad, pensando que ésta es la manera de objetivar nuestra intervención y que el tiempo nos ayudará a ir demostrando que nuestro camino es el correcto. De nada nos servirá ser cercanos, ser cálidos y acompañar con nuestra presencia, si esto no va unido a una gestión excelente de todas las necesidades de las familias a todos los niveles: ropa, alimentación, higiene, escolarización, salud, trabajo, documentación…

No hemos de olvidar que estas personas, estas familias, vienen de otro país por situaciones de conflicto, y no por ser personas con problemáticas sociales o de salud. Su problema, su vulnerabilidad ha llegado desde fuera y esto les ha provocado múltiples pérdidas que pueden haber originado otras problemáticas posteriores. Esto nos lleva a poner en juego nuestro valor del respeto: no debemos decidir por ellos cual va a ser su camino en su integración. Debemos potenciar sus capacidades desde el primer momento y ofrecerles todas las opciones posibles siempre que existan y explicarles las consecuencias de sus elecciones, y por último, que elijan de manera libre. Una vez hecha esta elección, nuestro apoyo ha de ser firme de nuevo aunque no sea la opción que consideráramos más oportuna.

Debemos transmitir a todos nuestros nuevos colaboradores la responsabilidad compartida que supone este nuevo reto y por lo tanto la necesidad de que todas nuestras acciones sean suficientemente reflexionadas y tengan en cuenta sus posibles consecuencias. Ser responsables con la gestión de los recursos que administramos para las personas refugiadas, con la eficiencia de los suministros, de los diferentes fungibles necesarios

Y como algo primordial en este proyecto, la espiritualidad: debemos acompañar a todas las personas para poder ayudarles a volver a encontrar el sentido de sus vidas, ese sentido que han perdido o que está escondido en algún rincón de su existencia. Esto será la base de la verdadera integración.

Fundació Germà Tomàs Canet - Sant Boi de Llobregat (Barcelona)