Pascua del Enfermo 2018: “Acompañar a la familia en la enfermedad”

06/05/2018

Las familias de los enfermos han sido el objetivo este año para la Jornada Mundial del Enfermo y, por extensión, para la Iglesia española que el próximo domingo, 6 de mayo, celebra la Pascua del Enfermo. 

Este año se pretende, entre otros fines, reclamar la atención sobre el importante papel que la familia tiene en la atención al enfermo, y dar a conocer las necesidades que le surgen en la situación de enfermedad. Además de promover la ayuda a las familias, en las parroquias y hospitales, a fin de que puedan desempeñar ese papel insustituible en la atención al enfermo. 

La Iglesia española ha estado – está – atenta a esta realidad. Según nos cuenta, el Hno. José Luis Redrado, no es la primera vez que los delegados diocesanos de Pastoral de la salud piensan y reflexionan sobre el tema; ya el año 1989 fue año dedicado a la familia, “La familia también cuenta”, y como material de entonces y actual son las catequesis sobre el tema, publicadas por la Conferencia Episcopal Española en un libro titulado “Los 10 años del enfermo en la Iglesia española” (1994). En esa misma ocasión también reflexionaron los delegados diocesanos sobre el tema y dichas conferencias fueron recogidas por nuestra revista Labor Hospitalaria, nº211.1989. Un material abundante y actual a pesar de la distancia de años que nos separan. Si lo ofreciéramos sin fecha diríamos que están escritos hoy.

Curar, aliviar, consolar. ¿Cuántas veces lo hemos dicho del enfermo? ¿Cuántas veces hemos “estimulado” a los profesionales a este ejercicio? Muchas, muchísimas. Pero no es suficiente el ejercicio del profesional de la salud, es necesario integrar un aliado y no cualquiera, este aliado es la familia. Prepararla e integrarla en el proceso de cuidar, curar y aliviar. Los profesionales de un centro sanitario deben tener presente esto: la familia no es un ente ajeno, la familia sufre, se altera, “enferma” con su enfermo. Qué bien lo supo definir la Pastoral sanitaria en España cuando reflexionó en 1989 con el eslogan “La familia también cuenta” y decía “que la enfermedad provoca una crisis en la familia que puede destruirla o ayudarla a crecer en unidad y solidaridad. El enfermo no puede ser bien entendido ni atendido prescindiendo de la familia, cuyo papel es insustituible… Es preciso prepararlas y apoyarlas para que puedan superar la prueba cuando se presente”. 

La familia enferma con el familiar enfermo, se altera, sufre, y debe ser cuidada y curada para que sepa estar, para que sea medicina y alivio, curación y sanación.

El nuevo Dicasterio para la Promoción Humana Integral de la Persona ha sugerido el texto del Evangelio de San Juan 19,27 (cf. 23-30): «“Ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa», y pretende que sea el que ilumine el tema de este añoSe enmarca el texto en el final de la Pasión de Jesucristo. En él, el moribundo Jesús, está atento a su familia y amigos que le acompañan en una hora tan dramática. Es verdad que no están todos los que quisiera ver en aquel instante, pero si están los más importantes: su madre, las mujeres, Magdalena y el discípulo amado.

Desde el departamento de Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal y en palabras de su anterior director, Jesús Martínez Carracedo, se ha propuesto para esta Campaña 2018 el tema: “Acompañar a la familia en la enfermedad”, pues vemos el interés de Jesús en no dejar sola a su madre, ni al discípulo amado; que ambos se cuiden mutuamente, se acompañen y se consuelen. Esta es, también, la pretensión a la luz de Cristo: seguir haciendo que los familiares de quien sufre no queden en la soledad ni el desamparo.

Es verdad que el texto es muy expresivo y actual. También hoy vemos al lado de nuestros enfermos a tantas mujeres, siempre mayor en número que los varones (como en tiempos de Jesús); también hoy encontramos a familiares que siguen repartiendo las “ropas” de nuestros enfermos aún en su presencia (como en su tiempo hicieron los soldados); pero también hoy seguimos encontrando personas que responden a las necesidades del que sufre (“tengo sed”).

El tema puede ser muy cercano ya que todos vivimos  en el interior de una familia y todos hemos tenido experiencia de enfermar o de que uno de nuestros seres queridos haya tenido que vivir ese momento, por lo que no nos es ajeno. Desde esta experiencia podemos ser de gran ayuda.

Es también un motivo de profunda alegría observar cómo al lado de cada enfermo siempre se encuentra una familia acompañándole y cuidándole. Sea en el hospital o en su casa, el enfermo cuenta con ‘el hospital más cercano’ en su familia (con palabras del Papa Francisco). Se trata de una red de apoyo, ayuda y acompañamiento insustituible. ¡Cuánto debemos agradecer y valorar el inmenso servicio que las familias brindan a sus seres queridos cuando pasan por el momento del dolor y el sufrimiento!

También queremos valorar el papel de las instituciones eclesiales o sociales cuando se convierten en verdadera familia para aquellos que carecen de ella, o -en algunas ocasiones- han sido abandonados. Es ésta una respuesta de caridad evangélica que debemos vivir siempre, pues el hombre –cuando enferma- se convierte en el más pobre de los pobres, especialmente si no tiene quien le acompañe. Y ya nos recordaba San Pablo: «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26).

Que las palabras de Jesús en la cruz inspiren nuestra acción pastoral para acoger a María en nuestra casa, y así ella se vuelva la madre cuidadora de cada familia y su enfermo, mientras nosotros como hermanos y familia de fe, cuidamos y acogemos a cada familia y a cada enfermo como miembro sufriente de la misma.

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